ARTÍCULO: El traje de baño

Corría el año 1890 cuando aparece el primer bañador del que se tiene noticia fehaciente, un traje de tres piezas para no dejar a la vista nada de piel, con gorro a juego, vestido talar de tela oscura para evitar transparencias y pantalón a juego hasta los tobillos; cara, pies y manos eran las únicas partes visibles de aquella pieza pionera para los baños de mar. Parece que fue diez años después, con el cambio de siglo, cuando apareció una versión de aquel primer modelo, esta vez en cuatro piezas: gorro, vestido oscuro y pantalones cortos del mismo color, cuarta de pierna a la vista por encima de la rodilla y media cuarta por debajo. Brazos desnudos aunque con manga corta, medias para cubrir pies y piernas casi hasta la rodilla. El caso era que, una vez en el agua, las bañistas trataban de moverse con agilidad y garbo con un peso aproximado de tres kilos sobre su cuerpo.
En los albores del siglo XX, a medida que se imponía, lenta pero indefectiblemente, lo de tomar baños de mar, las rígidas reglas sociales obligaban a las bañistas a lanzarse al agua ante la vista de todos con notable incomodidad. La seda, el raso, el tafetán y el surá, tejidos opacos y pesados, constituían la materia prima utilizada para la confección. Los modelos resultaban tan poco funcionales que aquellas primeras ondinas emergían de las aguas como globos humanos debido al aire abundante que retenían en su interior.
En los años cercanos a la Primera Guerra Mundial, la marca Speedo lanzaba lo que podría considerarse el primer maillot, un bañador de una sola pieza elástica que se ceñía al cuerpo y llevaba tirantes con lo que rostro, brazos, pies y piernas quedaban al aire, estas desde una cuarta aproximada por encima de las rodillas. Confeccionados en tonalidades oscuras, seda, lana y algodón eran los materiales de aquellos nuevos bañadores que se veían en las playas cosmopolitas de la Costa Azul y de las más afamadas del norte de España.
Aunque por aquellas fechas ya se había instaurado en amplias zonas de Occidente la práctica deportiva de la natación, no resulta extraño pensar en los sesudos gobernantes que, azuzados agriamente por los defensores de la bíblica decencia y de las buenas costumbres, se veían obligados a dictar normas y preceptos, elaborar reglamentos y disponer guardias del decoro y de la moral em las playas.
El avance de la prenda femenina para el baño era inexorable sin embargo. Así, en 1930 aparecía el primer bañador parecido al actual, más corto y ajustado al cuerpo, soportado por tirantes y dejando al descubierto cuello, piernas y brazos en su totalidad. A partir de este cambio sería el cine americano quien se encargaría de popularizar el uso del bañador; quien de mediana, o provecta edad, no recuerda hoy algunas de aquellas escena de baño, elegantes, tórridas, sugerentes y atrevidas, que alimentaron en su día sus recuerdos y ensoñaciones.
A partir de esa época tres son los años de referencia, 1946 con la aparición del primer bikini, 1958 con la llegada de la lycra y 1964, con los inicios del topless, antecedente este último del tanga de Carlos Ficcardi (1974), del tankini(1990), del microkini, del skirtini o del bikini triangular, aparecidos todos ellos a partir del año 2000.
El bikini hizo su presentación de la mano del diseñador francés Louis Reard. Micheline Bernardini era una desconocida bailarina del Casino de París hasta que tuvo el honor de ser elegida para vestir el primer modelo de bikini en su presentación oficial, en la piscina Molitor, situada en la ribera del Sena, luciendo un bikini sobre el que se habían estampado recortes de periódicos con noticias de la actualidad. Aquel minúsculo bañador confeccionado en dos piezas que dejaban el vientre al aire conmovió los cimientos de la opinión pública y provocó enconadas reacciones, desde amenazas a sanciones, hasta que el paso del tiempo y la costumbre, (como le ocurriría años más tarde al fenómeno de la minifalda), provocarían a la vez el triunfo de la nueva prenda y el temor de los adversarios al prever el siguiente paso, probablemente más drástico, que podría aparecer.
En 1958 apareció la lycra, una de las cincuenta mil patentes que la firma Dupont ha registrado durante sus dos siglos de existencia, una fibra artificial que permitía a los bañadores estrecharse y extenderse sin deformarse, extenderse o perder su forma original. Pocos años más tarde Lycra copaba el 90% del mercado mundial de tejidos elásticos permitiendo que diversas prendas se ajustaran al cuerpo(ropa íntima, ropa deportiva, pañales, vendas o tirantes), especialmente tras combinarla con otras fibras naturales o sintéticas.
En 1974 comenzaron a verse los primeros tangas en las costas norteamericanas procedentes de las playas de Río de Janeiro. Una prenda diminuta que dejaba el cuerpo al descubierto y cubría solamente la zona perineal con la parte trasera en T. La tendencia nudista que el tanga representaba parecía abocar al bañador de toda la vida a su desaparición, pero la realidad no ha sido tal; una cosa es desnudarse y otra vestir moda en la playa, más sofisticada si cabe, pero más revitalizada en los baños de hoy.

A la historia de bañador le cumple lo que un día escribió Cioran, el filósofo y pensador:“Cuanto más progresamos en edad, mejor nos damos cuenta de que nos creemos liberados de todo y de que, en realidad, no lo estamos de nada”.
¡Feliz verano a todas las bañistas que pueblan nuestras playas!

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ARTÍCULO: Aproximación a Sigmund Freud. (Segunda parte).

(En la Primera Parte, artículo anterior, se exponían los dos primeros puntos de la Aproximación a Sigmund Freud. Podría ser interesante volver a releer esa parte primera (post del 25/4) antes de abordar la presente continuación).

El tercer punto acerca del pensamiento freudiano en relación con el mundo de los deseos, el Yo y la individualidad, es el que el médico vienés recoge magistralmente en su obra Totem y Tabú. En ella trata de establecer la relación del hombre con las primeras comunidades en la historia de la humanidad. En pura esencia el asunto podría recogerse en la frase siguiente: Las propias fuerzas de la ley universal contra el incesto y el parricidio (ambos crímenes son universalmente castigados por todas las sociedades humanas), son la mejor demostración de que tales deseos existen.
Freud recurre en su obra a la hipótesis de Ch. Darwin según la cual existió en la protohistoria una horda primitiva (en la que el padre expulsa y mata a sus hijos para tener el monopolio de las hembras). Como el padre es odiado, pero también amado, los hijos se rebelan contra él, lo matan y lo devoran. Los hijos entonces, convertidos en nuevos padres y atemorizados por la culpa tras el parricidio cometido, dictan prohibiciones y leyes para impedir que tales sucesos vuelvan a repetirse. Es así como la prohibición del incesto y del homicidio en la tribu, primeras leyes humanas, son el origen de las primeras comunidades de individuos de la historia. La negación de los deseos incestuosos hacia la madre y de los de liquidar al padre, se convierte así en uno de los procesos constitutivos de la psicología del ser humano.
Del mismo modo que el Complejo de Edipo consistía en establecer las diferencias entre sexos y entre generaciones, origen mismo de la sociedad, la institución del tabú del incesto será lo que origina el paso del ser animal al ser humano.
El ser humano, según Freud, está condenado a la escisión del deseo. La cultura consiste en la represión de los deseos universales, el precio que hay que pagar para vivir en sociedad. De ese sentimiento universal reprimido proviene la idea freudiana del malestar en la cultura, una inquietud a la que el hombre está inexorablemente condenado.
El Yo pasa así a ser una instancia defensiva formada en la relación con el mundo exterior cuando aparece el principio de realidad para reprimir los deseos. Pero ese Yo ha de estar continuamente sobre aviso, porque lo reprimido trata de aflorar constantemente y la represión tiende a fallar una y otra vez. En esa acción de aviso continuo está, de una parte, el origen del autocontrol personal, y de otra también la dificultad o la imposibilidad de llegar a controlarse.
¿Y qué tienen que ver los sueños en este cuerpo teórico descrito sucintamente en las líneas anteriores de este post y del anterior ( el inconsciente, el yo, las normas, la compasión, la culpa primitiva, los deseos edípicos o la represión): El sueño, explicará el médico vienés, es una realización ficticia y disfrazada de los deseos reprimidos; como el sujeto no es capaz de aceptar el deseo como tal, aparece reprimido. Y tras la represión vendrán el resto de las ideas expuestas sobre el autocontrol, el yo, el inconsciente, las normas y lo demás.
Así volvemos a la idea inicial, expuesta en el artículo anteriormente publicado en este blog, de la importancia del judaísmo en el pensamiento freudiano: No hay que olvidar que fue un judío, José, esclavo por voluntad de sus hermanos, quien inventó la interpretación de los sueños. El doctor Sigmund Freud se referirá a su propia obra publicada bajo ese título como “ese libro egipcio de sueños”.
Quizá fuera esa la razón por la que el doctor Freud afirma, en carta a su amigo Stefan Zweig, “haber leído realmente más arqueología e historia que psicología”.

( Si utilizas este contenido se ruega que menciones la procedencia. Pincha en Me gusta si de verdad te agradó la exposición).

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Artículo: Ferias de libros, ferias de las vanidades.

Aunque editores, autores y lectores tengan sobradas razones para lamentarse de la situación actual del LIBRO, el ambiente es festivo y placentero cuando reaparecen cada año las Ferias de Libros. Sesiones públicas, conferencias de autores de reconocido prestigio, presentaciones de las grandes editoriales, cócteles de representación, colas de compradores en las casetas más publicitadas y una masiva aparición de anuncios y novedades en los medios de comunicación, contribuyen a ensalzar el acontecimiento aplicando toques cosméticos a la situación real.
Las Ferias del Libro recorren la geografía nacional como uno de esos acontecimientos que ninguna Concejalía de Cultura osaría cuestionar. Tampoco nadie  se tomará la molestia de analizar, siquiera sea mínimamente, la conveniencia de su organización, al menos en su formato actual. Forma parte del programa anual, el colectivo editorial lo reclama y los libreros   hallan una manera de salir a la calle dado que “ Mahoma ya no viene a la montaña”.
Las ferias del libro se han convertido  en un espacio de recreo.Interminables filas de puestos, en una disposición que alumbra el deseo de mostrar la cantidad más que la calidad de una buena selección o de  un enfoque decidido hacia el verdadero lector. Es el mismo efecto que nos produce un museo cuando exalta el número de obras que alberga en vez de su adecuada exposición. La de Madrid,por ejemplo. Más de 400 casetas, kilómetros de estanterías, cientos de miles de visitantes, millones de euros de facturación… Mezcla de mercado ambulante, feria de muestras o de las vanidades. Miles de rostros desfilan cada día entre los puestos: los que van a pasear, los ojeadores, los que desfilan de un puesto a otro recogiendo sin recato los marcadores y separadores que se exponen a su alcance en el frontal de las casetas y los que pasan en busca de algún rostro conocido.Están también los que se detienen y  observan las portadas, alargan la mano , le dan la vuelta a un libro, leen la contraportada y lo dejan en el mostrador. Sobre todo al ver el precio.
De repente se arma un revuelo. La gente apresura el paso y se acerca corriendo. En un par de minutos se forma una larga  cola   si quien firma pertenece al famoseo o es escritor con oficio.  Hay también en ese acto un mucho de caza de autógrafos y de coleccionismo. No llegan al uno por ciento quienes se aproximan en plan lector, preguntan por algún título, comprueban que es lo que buscan y lo adquieren al momento. Alguno aprovecha, incluso, la posible presencia del autor y se extiende unos minutos interesándose por el libro en cuestión o por su carrera como escritor.

    Sin embargo, si sometemos las ferias de libros a un mínimo análisis sociológico y cultural, aparecen enseguida una serie de hechos sobre los que convendría reflexionar:

*Desde el punto de vista editorial:
Mientras en los últimos años el negocio adolecía de  parecidos defectos a los observados en otros sectores económicos, el business editorial vivió en la burbuja durante demasiado tiempo sin ser capaz de reconocer su anquilosamiento ni ver que sus pies eran de barro. A la gente se le da  lo que demanda decían, y dicen, las editoriales, (el mismo argumento, por cierto, que utilizan las cadenas de televisión para defender la telebasura). Jamás piensan en que de tales polvos vendrán los lodos, que de cara al futuro han de compaginar su responsabilidad en el aspecto económico con la puesta en marcha de estrategias y tácticas que favorezcan la lectura y su futuro cultural Que de nada sirve mirar solamente la cuenta de resultados si se olvidan de cuidar la calidad del producto para el futuro lector. Merecería la pena que el sector se pusiera de acuerdo y que expertos  independientes y honestos, describieran el momento exacto en el que empezó a desaparecer el lector y apareció el consumidor circunstancial de libros, que es lo que abunda hoy.En estos días la literatura se mueve con el motor del marketing. Todo parece valer en el negocio literario. Son los expertos publicitarios de las mayores cadenas editoriales los que ponen y quitan, crean modas literarias y encumbran al cartel de más vendidos a los autores de sus “cuadras”. El problema es que el lector medio, acrítico y seguidista, acepta sin más sus propuestas sin el más mínimo análisis a la hora de elegir. ( Y si no, traducción de autores extranjeros al canto, que la traducción es barata, a menudo poco cuidada y el renombre del autor de fuera garantiza un menor desgaste en publicidad. Lo que debía ser un añadido se ha convertido para muchos editores en su principal fuente de publicación). Y no vamos a decir nada, corremos un tenue velo, sobre las irregulares prácticas de algunos de nuestros editores ( editar para acceder al cupo de la bendita subvención, no abonar a los autores sus derechos de autor o acudir a ciertos extraños modos de actuar en coedición-pago con el autor, son prácticas más repetidas de lo que sería de desear).

* Desde el punto de vista de los autores:

Observando los comportamientos de los asistentes a las ferias de libros, ¿están seguros los autores de que su profesión, su vocación o sus desvelos, no están condenados a ser engullidos por un afán de presente y un oscuro mundo de advenedizos, famosos que utilizan “negros” o escritores-basura, cuando no por un fenómeno nuevo, el reclamo promocional que suponen las celebrities,  que lo único que hacen es aprovechar el tirón de su pasajero éxito político, deportivo, periodismo rosa y otros, para colocar su nombre en un libro?
La aparición de verdaderos talentos nuevos  en las letras españolas es tan escasa en estos tiempos, está tan poco protegida, que uno se pregunta si  algunas de las novelas mejor escritas hoy en día  no estarán condenadas a dormir en un cajón el sueño eterno.Respecto a los autores  veteranos, a los ya consagrados que acuden cada año puntualmente a estas citas, debemos convenir que se merecen tanto nuestra comprensión por la porción de vanidad y orgullo que aún pueda anidar en ellos como un mucho de agradecimiento porque con su constante presencia exaltan y dignifican la función del escritor. Enhorabuena, pues, a los Mendoza, Galeano, Clara Sánchez, Reverte, Javier Marías o Zafón, entre otros. Aunque parezca desde fuera que el mundo del escritor es un sálvese quien pueda, que cada autor va a lo suyo y son casos raros los que laboran por el futuro de la profesión, lo cierto es que sin ellos y su magisterio difícilmente se sostendrían las actuales ferias de las vanidades y el actual tinglado que sustenta al sector.

*Desde el punto de vista de los patrocinadores e impulsores de las Ferias de Libros como hecho cultural:

Algo nuevo está pasando si el número de libros impresos se reduce año tras año, si más del 20% de las licencias de ISBN se atribuyen ya a contenidos digitales, si cada vez menos gente adquiere un menor número de libros y si no aumentan en España los índices de lectura. Algo tendrán que ver ellos por sus políticas culturales, su falta de innovación y su afán por transitar por los caminos trillados que pisan desde varias décadas atrás. ¿Saben los patrocinadores culturales el mal que hacen sus políticas de concesión de premios y certámenes?, ¿saben, o se preguntan,si las ferias de libros, más allá de aumentar o no las ventas, propagan la afición lectora o elevan el número de lectores?, ¿conocen de verdad las razones que impulsan a la gente a comprar o no un libro?, ¿se preguntan alguna vez por el papel que juegan ellos y los medios de comunicación en la difusión de títulos?
Podrían también preguntarse  si  la mejor disposición para una Feria del Libro es esa mezcla informe y mareante de casetas de libreros, de entidades públicas, de editoriales pequeñas, grandes y medianas, compitiendo entre ellos con las mismas armas y herramientas( grandes, medianas, pequeñas o inexistentes) de que disponen el resto del año en los medios, en las decisiones políticas y en los organismos dedicados a la cultura en general. Echarle la culpa a la crisis es salirse por la tangente. Saber para qué sirve, de verdad, el modelo actual de las ferias debería ser lo esencial.
Lo que pasa, como decía Ortega, es que no sabemos lo que nos pasa. Sin embargo, en el caso del libro, por ahí habría que empezar.

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ARTÍCULO: La percepción del cuerpo

El ideal de un cuerpo humano hermoso ha cambiado y cambiará con el tiempo. Basta haber visto un cuadro de Leonardo da Vinci, Rubens, Van Dyck o Francis Bacon, para saber que no siempre ha triunfado el mismo canon de belleza. Lo que para el Renacimiento era una figura esbelta y grácil, en especial entre las élites privilegiadas, para el Barroco era todo lo contrario, volúmenes rotundos y puestas en escena voluptuosas. Quizá por ello escribe así Quevedo en su poema A una mujer flaca:
…” Y aunque estáis tan angosta, flaca mía,
tan estrecha y tan fría,
tan mondada y enjuta y tan delgada,
tan roída, exprimida y destilada,
estrechamente os amaré con brío,
que es amor de raíz el amor mío.”

La admiración por la obesidad suele ser común en todas las sociedades subalimentadas. Mientras en la Italia de la Edad Media el popolo grosso designaba a las clases dirigentes, el popolo magro lo hacía con el resto de los mortales. En la actualidad, sin embargo, se ha distorsionado tanto el auténtico significado del cuerpo que lo reducimos a objeto de consumo, de poder o de placer. El elevado número de reclamos publicitarios sobre dietas, silicona, peelings, cremas, cirugía plástica, tatuajes, perfumes, estética, bebidas light, ejercicios aeróbicos o rímel, están ahí para confirmarlo. Fácil relacionarlo sin duda con la sociedad de consumo.
El cuidado del cuerpo no tiene nada de malo, pero cuando se vuelve obsesivo, como le ocurre ahora a mucha gente, da lugar a enfermedades nuevas o desconocidas, corporales o psicológicas, como la anorexia o la bulimia, relacionadas a menudo con la percepción del propio cuerpo y con la autoestima.
Fueron los griegos quienes propusieron los primeros cánones de belleza y las formas esculturales representadas en la Venus de Milo. Ya durante la Edad Media las flacas eran consideradas feas y los grandes pintores escogían modelos gordas para sus obras de arte. Existen pueblos indígenas que consideran bello estirarse el labio inferior con un disco de madera, o alargarse el cuello mediante anillos hasta quedar como jirafas, mientras que otros prefieren una mujer negra de labios gruesos y pechos y trasero prominentes. En 1543, en fin, Andreas Vesalio realiza los primeros dibujos anatómicos precisos sobre el cuerpo humano utilizando para ello cadáveres robados y se confirma con ello el estudio del cuerpo humano como base para un desarrollo rápido de las restantes ramas de la ciencia médica.
De ese afán por conocer el cuerpo humano, de convertir al hombre en puro material de estudio, de copiarlo fielmente y de representarlo, en visión idealizada o en su fracaso y deterioro, nacen los dibujos rupestres o las efigies de Assur y Egipto, toda la escultura griega, la Capilla Sixtina y el Hombre de Vitrubio de Leonardo, los desnudos de Goya y Velázquez, las lecciones de anatomía del Dr. Tulp de Rembrandt o la del Dr. Joan Deijman, los cuadros de Jan Van Neck y el de Adriaen Backer sobre la lección de anatomía del Dr. Federick Rysch. Son solo una pequeña muestra que se podría completar con una selección de arte moderno y contemporáneo (Rodin, Francis Bacon, Picasso, Lucien Freud, Damien Hirst, entre otros) que indagan en la fascinación estética que produce al artista mirar tanto en el exterior como en el interior del cuerpo.
En el siglo 17 aparece el espejo, importado de Venecia, objeto tan raro y caro que, mientras que en los hogares obreros apenas ocupa un pequeño sitio en el baño, para el afeitado, su tamaño es, en cambio, signo de distinción en las viviendas burguesas. La gran luna en la que uno puede contemplarse de cuerpo entero solo alcanza a los palacios y a las casas de los nobles más acomodados. El espejo es, sin embargo, un adminículo importante, puesto que señala el paso de percibir la propia imagen en la mirada del otro para pasar a ser vista y valorada por uno mismo, en la intimidad.
Y qué decir del baño, con la idea y concepto con que lo conocemos hoy. Es a partir de mediados del siglo 19 cuando hacen su aparición, en los lugares más recónditos de la casa, el retrete, la bañera, el bidet, la ducha, las pastillas de jabón, la esponja, la pasta de dientes, y otros. No es difícil aceptar que si un ciudadano del siglo 16 viajara hasta nuestros días y entrara en un baño, a buen seguro no sabría qué hacer en su interior. Es asimismo a partir del siglo XIX cuando aparece el corsé, prenda que demuestra la importancia de parecer más delgada, y cuando se establece la delgadez como modelo corporal asociado con el éxito y la aceptación social.
Todo el siglo XX estuvo orientado a ensalzar al cuerpo esbelto, aunque a principios de siglo los cuerpos curvilíneos se posicionaron como el ideal y volvieran a ser el modelo en las décadas de los 40, 50 y 60 (con íconos como Rita Hayworth, Marilyn Monroe, Sofía Loren y Raquel Welch). El resto del siglo, sin embargo, rindió culto a la figura femenina delgada y estilizada.
Hoy día vivimos en una cultura en la que nuestro cuerpo se reduce a su mera apariencia física y a ser un objeto de consumo más, una nueva era de lo que se entiende por narcisismo, una sociedad en la que una de sus señas de identidad es investir al cuerpo como un valor principal, si no el que más para muchos, de la persona.
Havelock Ellis utilizó por primera vez en 1898 el término narcisismo para describir la tendencia psicológica a estar en constante contemplación de sí mismo. La percepción de uno mismo como vacío y dueño de un estilo de vida sin razón y sin sentido, tiene mucho que ver con lo que el psicólogo Kohut ha definido como trastorno narcisista de la personalidad. Desde diversos campos de la ciencia, por otra parte, la sociología, la psicología, la ética, se afirma que la sociedad actual vive inmersa en el momento culminante de esa cultura narcisista; la personalidad del siglo XXI, se añade desde su observación, se caracteriza por el egocentrismo, la tiranía del ideal de belleza, la gran necesidad de admiración y prestigio y el amor por un yo idealizado que, al no corresponderse con el yo real, conduce a menudo al establecimiento de relaciones interpersonales superfluas e insatisfactorias. Y sucede en ocasiones que, un poco más allá, asoman la violencia, las drogas y la promiscuidad en exceso, la incomunicación y el suicidio.

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ARTÍCULO: Aproximación a Sigmund Freud (Primera Parte)

Hace no muchos días asistí a la representación de La sesión final de Freud, una obra de teatro conmovedora y llena de humor, una delicia intelectual. Está ambientada en Londres, el 3 de septiembre de 1939, en el número 20 de Maresfield Gardens, en Hampstead, donde Sigmund Freud, ya con 83 años, recibe a Clive Staples Lewis, catedrático de la Universidad de Oxford, autor de, entre otras obras, Las crónicas de Narnia y Una pena en observación,, un extraordinario ejercicio de introspección ante la muerte de su esposa, (llevada al cine en 1993 con el título de Tierras de penumbra con el protagonismo de Anthony Hopkins y Debra Winger) . El encuentro entre ambos tiene lugar el día en que Inglaterra declara la guerra a Hitler, una jornada crucial para Occidente.
Los dos genios discreparán de manera irónica, aguda y mordaz, sobre el amor, el sexo, el arte, la existencia de Dios y el sentido de la vida, veinte días antes de que Sigmund Freud se quite la vida.
El disfrute de la obra me inclinó a escribir esta Aproximación a S. Freud, artículo que publicaré en dos partes ( I y II ) y fechas diferentes debido a su dimensión.

En la Historia, hasta el presente, se han dado lo que podríamos calificar como tres grandes descentralizaciones del saber y el conocimiento: la astronómica de Copérnico, la de la evolución de las especies, de Darwin, y la de la psicología profunda de Sigmund Freud. Esta última nos ha aportado el nacimiento del Yo y de la conciencia de la Individualidad, un terreno desconocido que trata de que el hombre, levantándose frente al mundo de los deseos, ejerza un cierto control sobre su actividad. (El tiempo dirá si el resultado final de la revolución tecnológica sobre la información que actualmente vivimos se convertirá o no en una nueva descentralización).
Mantengamos en mente las dos tópicas principales elaboradas por S. Freud, dos elementos teóricos que han dominado una gran parte de nuestra comprensión del mundo durante el pasado siglo XX y lo que llevamos del actual: la referida al ello, el yo y el superyó y la segunda que nos habla del inconsciente, el preconsciente y el consciente. Son estas dos aproximaciones las que mejor ilustran la importancia del médico vienés en la historia de la humanidad. Para repasar algunos datos sobre su influencia hemos de valernos de la historia y de la ciencia antropológica, porque Freud no es solamente un hombre dueño de una vasta literatura científica sino que es en sí mismo, y al mismo tiempo, la referencia de un siglo y de casi todo lo ocurrido en él:
1. Una inicial muestra significativa de las raíces de su pensamiento es su vivencia del judaísmo y del catolicismo. Freud pasó durante su infancia por una época de identificación con el guerrero Aníbal y con la imponente figura de Moisés, dos personajes históricos que volverían a aparecer, curiosamente, en el tramo final de su vida.
El viejo Jacob Freud, comerciante de lanas, explica al pequeño Sigmund cómo habían mejorado las cosas respecto a sus años mozos al contarle que en una ocasión iba por la calle, bien vestido y con su sombrero nuevo, cuando un cristiano fue hacia él, le dio un manotazo al sombrero y le gritó ¡judío, baja de la acera! Y tú qué hiciste, le pregunta el hijo, “bajé a la calzada y recogí mi sombrero”, le contesta el padre; una actitud tan poco heroica que marcará al joven Freud durante mucho tiempo. Muchos años más tarde, en las vacaciones de 1901, el doctor Freud se topará con un grupo amenazante que se acerca a él profiriendo consignas antisemitas y Freud, convertido en Aníbal, arremete contra ellos esgrimiendo su bastón hasta que el grupo, atemorizado por su actitud, se dispersa.
“ Moisés, el hombre, y lo que yo quiero hacer de él, me persigue a todas partes”, escribe Freud en 1937. Y cuando contempla en Roma la colosal escultura de Miguel Ángel, dirá que en ella Moisés ha vencido la tentación, que en vez de estampar las Tablas de la Ley contra el suelo ante la infidelidad del pueblo, “permanece sentado y quieto en su ira helada y en su dolor mezclado con desprecio”. Miguel Ángel ha añadido algo nuevo y más que humano, “la expresión concreta de la hazaña mental más formidable de que un hombre sea capaz: vencer la propia pasión en nombre de una misión a la que se ha entregado”.
2. Un segundo elemento a destacar es el estudio que Sigmund Freud hace del Edipo Rey de Sófocles y su relación con el análisis de los deseos primitivos del ser humano. El universo de la tragedia antigua es un paisaje en el que el espectador se enfrenta con problemas morales, sociales y políticos, a los que el autor no puede darles una solución racional. Es ese aspecto lo que hace de obras como el Edipo Rey una creación inmortal. Edipo Rey, de Sófocles, es una tragedia que representa como ninguna otra la Dignidad del héroe. Incapaz de enfrentarse al fatal designio de los dioses, Edipo toma la única decisión que puede tomar: asumir su destino con dignidad elevándose incluso por encima de esos dioses vengativos y crueles que pueblan la religión y las leyendas del mundo clásico.
Aristóteles plantea en sus escritos que en la tragedia el espectador no solo se identifica con los personajes, sino que, al reconocer en su interior lo que ve en el escenario, lo supera en sí mismo, lo expía y se libera. “Pues las desgracias, cuando han superado todo límite, nos dan el sentido de lo sagrado. Parece que los dioses, cuando han aplastado totalmente a un hombre y le ven guardar su dignidad en medio del infortunio, sienten una especie de admiración”, escribe por su parte A.J.Festugiere en “La esencia de la tragedia griega”.
En el Edipo Rey se dan, (A) un proceso de identificación con las normas, (B)la compasión, entendida como sentir lo mismo que siente el otro,(C)el temor ante el castigo y (D), la catarsis de la purificación y la liberación de la culpa. (“Tu no tengas miedo a soñar con tu madre, porque infinidad de mortales han soñado que se acostaban con la suya”, dirá Yocasta a Edipo en el drama de Sófocles para calmar su culpabilidad). Ello abrirá la puerta al concepto freudiano de la superación del complejo de Edipo:Si toda persona, piensa Freud, pasa por una etapa en la que ha de reprimir los deseos edípicos y generar una superestructura en virtud de la cual las normas sociales le impedirán hacer lo que su inconsciente le empuja a realizar, es el Yo quien ha de elaborar una instancia que le defienda de los oscuros impulsos de culpabilidad generados por su inconsciente. Son esos deseos reprimidos que constituyen el inconsciente lo que constantemente emerge en el ser humano. El proceso clínico freudiano asume así que cuanto más intenso es el complejo de Edipo, más fuerte e intensa ha de ser la acción del Yo y de las normas, la base del Superyó.

(En la Segunda Parte de esta Aproximación a Sigmund Freud, trataremos un tercer punto acerca del pensamiento freudiano en relación con el mundo de los deseos, el Yo y la individualidad).

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ARTÍCULO: El reloj de pulsera, lujo en la muñeca.

No está muy clara la historia del reloj de pulsera. Se cuenta que durante muchos años se consideraba un objeto para uso femenino y parece que el primero de ellos lo realizó la empresa Patek Philippe para una condesa húngara en 1868. Sí se acepta que el reloj de pulsera para uso masculino tuvo ya cierta presencia en la muñeca de los oficiales durante la Gran Guerra de 1914. Se recuerda la escena de la célebre película Senderos de Gloria (S.Kubrick), referida a esa contienda, en la que el coronel Dax (Kirk Douglas) mira su reloj de pulsera antes de ordenar el ataque. La popularidad del reloj de pulsera como objeto masculino cobró una enorme popularidad al término de la contienda y ya en 1930 se vendían más relojes de ese tipo que de los tradicionales de bolsillo.
Una de las principales características por la que se le concede a Suiza el reconocimiento de gran potencia relojera es la de haber sabido proyectarse como el origen de algunas de las más importantes firmas de negocio de la alta relojería. No en vano ese pequeño país es la cuna de firmas tan prestigiosas como Baume Mercier, Piaget, Raymond Weil, Tag Hauer, Omega, Rolex o Longines entre otras cuantas más.
Pocas marcas de relojes, sin embargo, despiertan tanto interés como Patek Phillipe, una casa de especialistas en medir el tiempo, aunque solo fuera porque ellos lo llevan midiendo desde 1839, año de su fundación.
Solo hay que darse una vuelta por las mejores boutiques de relojería y alta joyería para comprender la pasión que levanta esta firma; la belleza clásica de sus fabricados, precisión al segundo e insuperable calidad son sus señas de identidad desde hace 175 años. Una empresa pionera en avances tales como el calendario perpetuo, el cronógrafo, el repartidor de minutos o su famoso primer reloj esqueletizado, en oro de 18 kilates y extraplano.
En 1830 un oficial de la caballería polaca, Antoni Patek, diecinueve años a la sazón, salió de su tierra hacia el exilio en Ginebra tras participar en un encuentro fracasado de sublevación. A orillas del lago Leman, bajo la esquiva sombra del Montblanc, constituyó con un paisano polaco un taller de relojería en el que un pequeño grupo de avezados operarios, grabadores, esmaltadores, diseñador y especialistas en la mecánica relojera, fabricaba bellas esferas portátiles para la medición del tiempo, piezas todas ellas de joyería de alta gama y gran calidad. Es en la Exposición Universal de París cuando Antoine Patek conoce a un artesano, Jean A. Phillippe, que presenta un reloj de bolsillo, extraplano, cuyo funcionamiento no depende de una llave, sino de un pequeño adminículo en uno de sus extremos que permite darle cuerda y mover las aspas a voluntad. Un año más tarde se constituye la nueva sociedad que a partir de enero de 1851 pasa a llamarse Patek,Philippe &Compagnie ( tras las tretas del primero para no incluir en la denominación de la empresa a su segundo impulsor). Será de nuevo en una Exposición Universal, Londres 1851, cuando la relojera Patek de el salto a la fama al obtener la medalla de oro bajo esa denominación. Su éxito es tal que la misma reina Victoria le encarga un reloj en oro y diamantes mientras el rey consorte adquiere otro, también de oro, dotado de cronómetro.
A partir de ese instante, mientras Philippe se encarga de desarrollar novedosos y llamativos sistemas para mejorar el reloj y aumentar sus prestaciones, la firma se lanza a una vertiginosa carrera internacional: Francia, Suiza, Moscú y Estados Unidos. El primer registro de Patek Phillipe & Compagnie data de 1882, con un logotipo que luce una fina voluta artística que desaparecerá años después.
Patek muere en 1877 y su socio Phillipe al finalizar el siglo; el sólido carácter emprendedor de sus hijos y sucesores aportarán también en los años siguientes un enfoque que no solo guardaba la tradición de la casa sino que magnificaba asimismo el renombre relojero heredado de sus padres. En 1887, por ejemplo, la firma registrará el logotipo que representa la Cruz de Calatrava, renovado más adelante como la Croix de Calatrava. En 1901, sin embargo, la casa experimenta una gran transformación al aumentar el número de socios: el hijo y el yerno de Phillipe continúan en la sociedad, y en sustitución de Léon, el hijo de Patek, entra el promotor y encargado de la firma en los Estados Unidos, su mercado principal. Sin embargo, el siguiente hito en su andadura, la gran crisis financiera del 29, terminará con la saga de las familias iniciales y la firma pasará a partir de entonces a manos de los hermanos Stern, proveedores hasta desde siempre de las esferas de los relojes de su fabricación.

En 1989 Henry Graves Jr fue el primer propietario del reloj más caro del mundo hasta la fecha, el calibre 89, un artificio complejísimo con sus 24 funciones que años más tarde sería subastado en Hong Kong por cerca de 12 millones de dólares hongkoneses.
Hoy en día la casa Patek Phillipe pasa por ser la empresa relojera más antigua del mundo, produce más de 1500 relojes al año y su cifra de negocios supera con creces los doscientos millones de francos suizos anuales. Uno se hace una idea de la exclusividad de un Patek cuando oye que durante los 175 años de historia de la compañía solo se han fabricado 600. 000 piezas aproximadamente, un número menor que el de la producción de Rolex en poco más de un año. Sus varios cientos de empleados, virtuosos todos ellos de la fabricación artesana, prosiguen con la tradición de perfección y fiabilidad en sus productos; sus bellas esferas lacadas en color, las cajas de oro, platino, acero o aleación, con piedras preciosas muchos de ellos, siguen recibiendo los toques finales a mano. Con un solo vistazo a la esfera se abarcan la mayor parte de sus funciones con una lectura perfecta de horas, minutos y segundos, la mejor manera de relacionarnos con el paso del tiempo en cada momento presente.Hay relojes que tienen varios cientos de piezas, todas hechas a mano, todas pulidas por algún especialista, todas colocadas con sumo cuidado en el sitio preciso, para que surja el movimiento, para que marquen el paso del tiempo con una precisión maravillosa. El que lleva en la muñeca un Patek, reza un viejo dicho, lleva algo más que una máquina que marca la hora; el que lo anilla a su brazo luce una obra de arte.
Y hablando del presente y de la actualidad: en el año 2011, la firma lanzó al mercado el primer reloj de pulsera cronógrafo de triple complicación, una hermosa combinación de diversas funciones integradas mediante componentes basados en el silicio. En el año 2013, lanzó el Sky Moon Tourbillon, el reloj más raro el mundo, en oro blanco de 18 kilates, cristal de zafiro, cuerda manual e incrustación de 55 piezas preciosas en el conjunto. Un lujo en la muñeca por no menos de un millón doscientos mil euros. Alto precio, sí, pero, a pesar de ello, muy difíciles de encontrar. Y estos días la firma está promocionando por todo el mundo su Patek Philippe Grandmaster Chime, con caja grabada, reversible en oro rosa, 1366 componentes y 20 complicaciones. El más refinado que jamás hayan producido. Un homenaje a sí mismos en sus 175 años de existencia.

Axel Munthe ( La historia de San Michele) escribió;
” _ ¿Qué tienes en la cajita de oro?, ¿Es un animal? Me ha parecido oir el latido de su corazón
_ Es el corazón del tiempo lo que has oído latir.
_ ¿Qué es el tiempo?
_ No puedo decírtelo; nadie puede decirte lo que significa el tiempo. Dicen que se compone de tres cosas distintas, lo pasado, lo presente y lo futuro.
_ ¿Lo llevas siempre contigo en esa cajita de oro?
_ Sí, no descansa nunca, no duerme nunca, no cesa nunca de repetir a mis oídos las mismas palabras.”

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ARTÍCULO: El aprender de la experiencia y la nueva barbarie


El presente artículo aparece escrito con dos tipos de letra; con la negrita arial normal con la que escribo estas palabras de introducción se presenta su contenido, con la negrita cursiva que usaré a continuación irá su esencia , frases extractadas de un artículo publicado por el filósofo y ensayista Walter Benjamin en 1933. Me permito esa licencia porque creo que su pensamiento sobre la existencia de una nueva barbarie puede hacernos reflexionar mucho a los hombres de hoy. Que así sea.
“”…En nuestros libros de cuentos está la fábula del anciano que en su lecho de muerte hace saber a sus hijos que en su viña hay un tesoro escondido. Solo tienen que cavar. Cavaron, pero ni rastro del tesoro. Sin embargo, cuando llega el otoño la viña aporta frutos como ninguna otra de la región. Entonces se dan cuenta de mque lo que les dejó su padre fue una experiencia: la bendición no está en el oro sino en la laboriosidad…
…Sabíamos muy bien lo que era experiencia: los mayores se la habían pasado siempre a los más jóvenes. En términos breves, con la autoridad de la edad, en proverbios y refranes, en historias; a veces como una narración de países extraños junto a la chimenea, ante hijos y nietos. ¿Pero dónde ha quedado todo eso?…¿Quién intentará habérselas con la juventud apoyándose en la experiencia? La cosa está clara, la cotización de la experiencia ha bajado…
…Una pobreza del todo nueva ha caído sobre el hombre al tiempo que un enorme desarrollo de la técnica. Y el reverso de esa pobreza es la sofocante riqueza de ideas que se dio entre la gente al reanimarse la astrología, el yoga, la quiromancia, el vegetarianismo, la escolástica y las nuevas religiones, la gnosis y el espiritismo…La pobreza de nuestra experiencia no es sino una parte de la gran pobreza que ha cobrado rostro de nuevo y tan exacto y perfilado como el de los mendigos…¿Para qué valen los bienes de la educación si no nos une a ellos la experiencia…Sí, confesémoslo, la pobreza de nuestra experiencia no es solo pobre en experiencias privadas, sino en las de la humanidad en general. Se trata de una especie de nueva barbarie…
…¿Adónde le lleva al bárbaro la pobreza de experiencia? Le lleva a comenzar desde el principio, a tirar adelante con poco, a construir desde abajo y sin mirar a derecha o izquierda…Incluso en el lenguaje; no se trata de renovarlo o enriquecerlo, sino de su movilización al servicio de una lucha, una idea o un trabajo, al servicio, en cualquier caso, de una modificación de la realidad, no solo de su descripción…
…Nos hemos hecho pobres. Hemos ido entregando una porción tras otra de la herencia de la humanidad por cien veces menos de su valor. La crisis económica está a las puertas y tras ella, como una sombra, alguna guerra inminente.Aguantar es hoy cosa de los pocos poderosos que, Dios lo sabe, son menos humanos que muchos; en el mayor de los casos son más bárbaros, pero no de una buena manera. Los demás, en cambio, tienen que arreglárselas partiendo de cero y con muy poco. Lo hacen a una con los hombres que, en el fondo, consideran lo nuevo como cosa suya y que fundamentan su visión en elucubraciones y renuncias…En sus explicaciones, en sus imágenes e historias la humanidad se prepara a sobrevivir, si es preciso, a la cultura…””.

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