ARTÍCULO: Sobre la corrupción ( REPETICIÓN).

CON LAS COSAS QUE OCURREN NO ME RESISTO A VOLVER A PUBLICAR, UNIDOS, DOS DE LOS ARTÍCULOS SOBRE LA CORRUPCIÓN QUE INSERTÉ EN ESTE BLOG CON FECHAS 11 Y 23 DE JUNIO DE 2013.

Le reímos las gracias al absurdo en el que se mueve nuestra sociedad, fomentamos la industria de la estupidez y vivimos bajo filosofías sectarias que parasitan nuestra razón. Los pícaros y la picaresca nos rodean por doquier: abundan entre los que mandan, en los que imparten justicia, en el mundo del trabajo, en los cuadros directivos del tejido empresarial y en todas las clases sociales, las unas por acomodadas, las otras porque quieren llegarlo a ser. El agotamiento de una fórmula, la falta de ética y de estética en las conductas, la desvergüenza amparada, la dilución de las responsabilidades, la pérdida de la conciencia y de la auto-reflexión, la ausencia de límites en los comportamientos y las loas y alabanzas a la mediocridad, son algunos de los síntomas que evidencian nuestra decadencia, como personas y como colectivo, como ciudadanos y como nación.
Más allá de su carácter global, a pesar de la incidencia de las políticas llevadas a cabo por los países líderes en la economía mundial, la crisis económica que azota a nuestro país ha venido a sacar a flote lo que no queríamos ver: una enfermedad social.
El desprestigio general de nuestras instituciones, la desafección del sistema político, la irritación y el odio a los partidos, los reyezuelos de taifas, la pérdida de valores (educación, respeto, defensa de los derechos, cumplimiento del deber, tolerancia, honradez…) y la sarta de eufemismos con los que se rebaja la importancia del daño causado y se ensalza la chabacanería y el cerrilismo mental, conforman el pobre retrato de nuestro país. Y lo peor es la corrosión del carácter que se aprecia en la población: gente que ya no cree en nada y que no confía en nadie, personas que han tirado la toalla y se unen al desinterés, imitadores de la violencia y del papanatismo reinante, corruptos corrompedores y los que se dejan corromper, el apogeo de la indiferencia, el aprendizaje de la pasividad.
Todo eso estaba ahí, delante de nuestras narices, hace tiempo, pero ni los avisos de nuestro escaso número de líderes morales, ni la continua aparición de conflictos en diversos escenarios, ni el gesto de desencanto y decepción que se adivina en el rostro de la gente, ni siquiera el aumento de las muestras de crispación social, han bastado, bastan aún, para frenar la deriva de la dolencia. Estamos tan cerca de nuestro día a día que no hemos aprendido a pronosticar y parar a tiempo nuestra enfermedad social.
El diagnóstico es certero y aparece en múltiples partes, basta con echar un vistazo a los medios de comunicación y pararse a reflexionar. Entonces, nos preguntamos, ¿para cuándo nuestra regeneración moral? Tenemos prensa y democracia, gente honrada y comprometida y una buena parte de nuestra juventud con ganas de cambiar las cosas y de que las virtudes públicas vuelven a ocupar el sitio que nunca debieron perder. La prensa debe aceptar su corresponsabilidad, la democracia hacerla todos, con nuestro comportamiento diario y una alta exigencia moral, dejar paso a la juventud pues va de ida y querrá superar el desánimo que ha invadido el tejido social. Por el bien de todos, ojalá.

Y ahora echemos un vistazo al país en que vivimos:
Los juzgados españoles investigan en la actualidad 1661 casos de corrupción política y financiera, leo en una noticia de reciente aparición. Prevaricación, blanqueo, malversación o cohecho, son, entre otros, los delitos que se le imputan a los presuntos corruptos. Casos Umbra, Poniente, Minutas, Malaya, Ere, Andratx, Fabra, Brugal, Emarsa, Pretoria, Palau, Mercurio, Clotilde, ITV, Campeón, Baltar, Pokemon, Palma Arena, Gürtel, Bárcenas, Ere fraudulentos, Nóos. ¿Sabes lo que son? Sí, seguramente has acertado, son algunos de los nombres de esos casos, entre otros, que nos asaltan cada día en los periódicos por su relevancia social.
En una lista de políticos imputados por casos de corrupción, aparecían hace un mes 62 del PP, 9 del PSOE/PSC, 3 de IU, 8 de CIU/UNIÓ, 4 de Coalición Canaria y hasta otros 20 repartidos entre ERC, BNG, UTPS, Unión Cordobesa, P,ACAI,CCN,ATC,CPM,PAL,CA,PIL,CPCI,PES,BOU, Foro Andaluz,Independientes; unos cuantos, como se ve, entre los grandes números de los partidos mayoritarios, otros aprovechando, quizá, su pequeño tamaño y su irrelevancia a nivel nacional. Así, y esto es lo que nos importa, hasta 127 sujetos- no están todos los que son pero quizá sean todos los que están. En una sola Comunidad Autónoma- digamos el pecado, no el pecador- se han registrado en los últimos 5 años hasta 140 causas relativas a la corrupción de personajes públicos, gestores y políticos.
La componente financiera, por otro lado, también colapsa los juzgados con un listado, todavía creciente, de 72 imputados en bancos y cajas de ahorros. Es una larga lista de presuntos delitos que van desde la falsedad a la administración desleal, desde la apropiación indebida a la estafa, desde las retribuciones irregulares a la prevaricación por el cobro de comisiones. Una compleja situación retratada a la perfección por el dibujante El Roto cuando en una de sus viñetas dice uno de sus identificables personajes: “Nos llevamos millones y el Estado los repuso, ¿cómo pueden decir que el sistema no funciona?
Y ahora se me ocurren unos cuantos puntos para la reflexión:
1.La falta de virtudes públicas produce el nacimiento de vicios y perversiones en el comportamiento social.
2.Es verdad que hay políticos honestos, es verdad que ser político no implica falta de honradez, pero números y nombres demuestran claramente que no estamos ante hechos puntuales sino que en ese oficio hay una línea perversa y pícara que es sencillo traspasar.
3.El efecto iceberg: si han aparecido todos esos, ¿qué, y cuántos, puede haber debajo sin llegar a aparecer.
4.¿Y qué decir de quienes, siendo honrados, han tenido al lado y han visto actuar a los corruptos y han vuelto la cabeza como si no lo quisieran ver?
5.Si la falta de moral sigue adueñándose de políticos y financieros, de empresarios y sindicatos, de jueces, artistas y catedráticos, de policías y gestores sociales, de los supuestos pivotes de la sociedad, adónde va a llegar la inmoralidad.
6. Dan vértigo los engañosos, los de la “democracia bonita”, propalando por todas partes su defensa de asuntos sociales, de la igualdad, la solidaridad y otras cosas sensibles y actuando, por otro lado, como si no fuera con ellos lo que tratan de predicar. Esos que ponen énfasis en público de su honradez y voluntad de servicio cuando dentro de sí conocen perfectamente sus ocultas corruptelas y el aprovechamiento impúdico que hacen de su gestión. Cómo pueden tener la cara dura de dedicarse a hacer eso y sorprenderse luego de nuestro escepticismo y de ser reprochados como faltos de dignidad.
7.Admira ver el progreso humano en los saberes duros y los escasos avances en los llamados saberes blandos, los más lejanos a lo técnico y más cercanos a la sabiduría y al humanismo social ( Jose Luis Sampedro, dixit).
8. España parece estar ahora en el prólogo que se vivió en el mundo hace muchos años en el inicio de las grandes depresiones, la nuestra del 98, la de EEUU en 1939, la de Alemania tras la guerra o la de Japón.
9.Y lo más terrible de todo, el efecto contagio. Qué se le puede pedir al modesto funcionario, al pensionista, al trabajador honrado, al ama de casa, al estudiante, al del pequeño comercio, al del bar o del puesto del mercado, al parado de larga duración, cuando ve lo que ve desde el desempleo o desde su puesto de trabajo: cómo se lo llevan algunos, cómo siempre son los mismos nombres los que aparecen, una, dos y hasta tres o cuatro veces, en lo alto de las empresas, en las instituciones públicas y en los consejos de administración… De ahí nace la decepción, el sentirse engañados, el pesimismo reinante, la desconfianza en el sistema o las formas más extremas de violencia y agresión. Qué les vas a pedir, ¿que se sumen al esfuerzo?, ¿Qué se necesita su concurso?, ¿Qué todos tienen que remar?, ¿Qué su compromiso es necesario para salir de la situación actual?
Si continúan los recortes mientras un día tras otro no dejan de aparecen nuevos corruptos, si, como resultado de ello, aumenta el grado de protesta, la rebelión frente a las decisiones políticas y el malestar general, una de dos, o el Estado se vuelve cada vez más policial ante el aumento de la agitación o se ahondará hasta un extremo inconcebible la descomposición social. Y llegados a ese punto, dónde están los Hombres Ejemplares que nos han de dirigir, los políticos veraces dedicados al servicio público y los prohombres con liderazgo capaces de cuidar del bienestar general.

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ARTÍCULO: Algo hay que hacer con el turismo.

Millones de turistas cruzan cada año fronteras y mares en sus viajes de descanso y placer. Antes del gran despegue de las invasiones turísticas el mundo era mucho más tranquilo, se viajaba por negocios más que por turismo, apenas existían los vuelos nocturnos y las costas y montañas no se veían saturadas de enormes construcciones, poco respetuosas, muchas de ellas, con el habitat natural. Millones de turistas creen los mensajes de los posters de las agencias de viajes, profecías del placer que solo en contadas ocasiones dejan en el viajero algo más que la consabida pátina del yo estuve allí. Tal como están las cosas pocos son los lugares del mundo en los que uno pudiera tomarse unas vacaciones en verdad descansadas y en serena tranquilidad.
Rodeados de extrañas costumbres, de idiomas incomprensibles, de olores y sabores exóticos, los turistas se trasladan en manadas, miran todo con urgencia, superficialmente, sin profundizar en nada, o se tuestan al sol en una playa tropical sin comprender que, en realidad, el paraíso de arena que les atrajo hasta allí no es otra cosa que una cloaca incipiente, llena de gente tan vulgar y sudorosa, tan hambrienta de compras, sexo fácil y garrafón como lo son ellos mismos.
La industria de los viajes turísticos lleva camino de convertirse en la de mayor importancia del mundo para cada vez más países: los unos porque se han visto obligados a cambiar su economía y costumbres; los otros, los países más ricos, porque ayudan a los otros a huir de su previsible postración. Tal es la verdadera situación. El mundo de hoy vive inmerso en dos revoluciones, la de la tecnología y la del turismo. Con sus éxitos y fracasos, la primera conecta al mundo de manera virtual; con sus ganancias y su menoscabo, la segunda da de comer cada vez a más millones de habitantes de nuestra aldea global. Si en uno de los extremos el turismo coloniza a muchas regiones del globo alejándolas de su ancestral cultura, en el otro no son pocos los países que, gracias a los viajes, han podido abandonar sus índices de pobreza y salir del subdesarrollo (el turismo de safaris al continente africano es un buen ejemplo del segundo caso, mientras que fenómenos como la polución ambiental o el turismo sexual serían una dolorosa muestra del primero que acabo de mencionar). Otra amenaza mayor al deterioro o pérdida de las verdaderas culturas locales es el advenimiento de esa nueva fórmula turística que representa la aparición de falsas culturas basadas en hoteles baratos, bares, centros comerciales, karaokes, restaurantes y alojamientos de baja calidad en casas particulares.
Desde que Thomas Cook se inventó el turismo de rebaño en los años finales del siglo XIX, las posibilidades de negocio relacionadas con el turismo se han acrecentado hasta extremos increíbles; ahí están para demostrarlo el turismo de masas, el de incentivos, el gastronómico, el rural, el enoturismo, el de la cultura gay, el de singles o el de la tercera edad. Y un último nicho, por ahora, del marketing aplicado a los viajes, el turismo de salud, un verdadero gigante que crece a un ritmo superior al 20% anual. El fenómeno creciente de los hospitales privados, balnearios, spas, centros de adelgazamiento y similares, es una clara muestra de la fuerza del turismo en nuestro actual modo de vivir. Lo único que cabe rogar a los dioses es que el futuro del sector halle la fórmula de hacer crecer la calidad, la conciencia del ser humano y la solidaridad más que las pesadillas provocadas por un turismo desregulado y desbocado en el que unos cuantos se forran los bolsillos mientras para los habitantes del lugar persisten los sueldos raquíticos y las basuras por sus calles.
El urbanismo salvaje, la destrucción de paisajes cargados de historia y de tradición, la desaparición de pueblos indígenas, tragados la mayoría de ellos por la exhibición de riqueza del viajero ocasional, son algunas de las razones por las que cada día crece el número de personas que claman que hay que acabar con el turismo antes de que el turismo acabe con nuestro planeta.
Como nadie va a impedir que aumente el turismo, que los países más prósperos sacien su curiosidad, que los viajes de vacaciones inunden calles y plazas en innúmeras ciudades en los cinco continentes, hemos de ser nosotros, los turistas y viajeros, los primeros en concienciarnos de que en buena parte está en nuestras manos la posibilidad de cuidar el planeta antes de que acabemos con él. Responsabilizarnos de ello para no caer en que llegue a ser verdad lo que pudimos leer hace poco en un irónico artículo de un experto en el turismo mundial:
“Hay que decir de una vez por todas que la única forma de ver el mundo es sentado en una butaca ante una pantalla de televisión. Los amaneceres son perfectos y también lo son las puestas de sol. Los nativos son simpáticos y no pecan de pesadez. No hay polvo ni calor, ni olores desagradables, carteristas o vendedores ambulantes que te asaltan por doquier”.

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ARTÍCULO: A propósito de África, Tanzania. (Parte 2ª)

Una inmensa llanura de 20 kilómetros de diámetro y 8.300 kilómetros cuadrados de superficie es lo que queda hoy día del cráter de un antiquísimo volcán plenamente apagado y en la que se extiende un mar de jugosos pastos y abundante agua en charcos y pequeños lagos. El lago Magadi, el más grande en dimensiones, atrae a sus aguas saladas a miles de flamencos y todo tipo de aves. El cráter de Ngorongoro, una de las mayores calderas del mundo, se halla rodeado en sus laderas montañosas por una intrincada selva de verde vegetación. La fauna que se concentra en ese paraíso comprende una representación casi completa de la que puede contemplarse en el resto de África. Gacelas, antílopes (kuru), impalas, jabalí verrugoso(ngiri), alcéfalos(kongoni), elands(pofu), jirafas, cebras, babuinos, hienas, elefantes(tembo), hipopótamos(kiboko), rinoceronte blanco(faru), grandes manadas de búfalos, leones(simba), avestruces(mbuni), el pájaro secretario, grullas coronadas(korongo), garzas(heroe)…Y los omnipresentes ñues. El búfalo, único bóvido del continente africano, con su brillante piel negra y sus cuernos bien afilados, es, junto al león, el elefante, el hipopótamo y el leopardo(chui)uno de los cinco grandes, algo que todo viajero al Africa centro-meridional no quiere dejar de ver en su hábitat natural . Ngorongoro significa cencerro en swahili y son más de 40.000 los maasai que viven alrededor en pequeñas aldeas desde las que bajan con sus rebaños hasta el cráter. Se les permite que lo utilicen como pasto para su ganado pero no que se asienten en su interior; que la principal riqueza del Ngorongoro, al fin y al cabo, son los miles de turistas que año tras año hollan con sus pisadas el cráter del antiguo volcán.
Cuando el viajero abandona ese lugar se encamina en un largo trayecto hasta el otro gran parque tanzano de la fauna africana; deja atrás las pequeñas aldeas maasai de chozas de bosta y barro, diseminadas por los valles y sus ocasionales campos de maíz. Las montañas del Ngorongoro bloquean las lluvias por un lado y caen de nuevo con frecuencia a cientos de kilómetros de allí, en las cercanías del lago Victoria. En medio de ambos parajes se extiende la vasta e impresionante llanura del Serengueti. Se pasa junto a un debo, aislado en la llanura, que le ha dado sombra al viajero contra el sol que aprieta mientras trasiega con buen apetito un corto refrigerio acompañado de unos botellines de agua y zumo que le calmarán la sed. A lo lejos, en la línea del horizonte, divisa una interminable línea oscura, tan larga que parece estar inmóvil, tan ondulada a ratos que permite suponer que es la última parte del regreso migratorio de los miles de ñues que vuelven a su tierra tras haber pasado el verano a varios cientos de kilómetros de allí. Un fenómeno natural, el de la emigración del Serengueti a las húmedas tierras de Kenia que se repite todos los años y que, al decir de muchos,es una de las mayores maravillas de la naturaleza que le es dado al hombre admirar. La llanura del Serengueti está seca en esta época del año, aún faltan dos meses para las grandes lluvias, solo pequeñas islas de hierba permiten ver en ocasiones algún grupo de hienas manchadas (el mayor depredador de África), chacales(bweha), cebras o mangostas. Unas horas más tarde se llega a la zona sur del Serengueti, frente al lago Masek, bajo también de aguas en esas fechas.
Las mañanas son templadas, el mediodía y las tardes calurosas, las noches serenas bajo una ligera brisa. Son los últimos días del mes de diciembre y al viajero le es concedido disfrutar el mágico momento del cambio de año mientras brinda con algún licor local con los lugareños y algún otro compañero de aventura. Tendido en una hamaca bajo el cielo estrellado contempla el planisferio celeste, escucha los ruidos del bosque, el batir de las ramas de las altas acacias al ritmo de las brisas, observa la luz de la luna sobre la superficie del lago y siente el corazón embargado por una emoción callada y profunda, inspiradora y serena.
Tres son las cosas que pueden contemplarse por millones en Tanzania: los ñues, las acacias y las nubes del cielo de todo tipo y color; las tres connotan el pasaje, entretienen la vista y animan al visitante a fijar su atención en las múltiples escenas de que ocurren a su alrededor. El agua, entretanto, es el gran imaginario de Tanzania. La alternancia sequedad-humedad condiciona la vida de sus múltiples especies animales, del paisaje vegetal y, desde luego de la gente. Pero opino que el visitante, el turista, el aficionado a la naturaleza o el viajero ocasional, no deben de conformarse con la contemplación de tan fastuosa naturaleza. Hay costumbres, gentes, un pueblo maravilloso por su simpatía y educación, experiencias inolvidables que la curiosidad viajera no debería dejar pasar. Expondré solamente dos de entre las que tuve la oportunidad de conocer.
Acudir a la celebración de una Misa católica, un domingo en la mañana, en la iglesia cristiana de cualquier pueblo tanzano, es una hermosa experiencia que animo a no perder. Un templo repleto de fieles de todo sexo y edad, vigilantes en las puertas para que no entre nadie sin el decoro debido, un altar colorido y sencillo con una cruz en el centro por toda ornamentación, un belén en un lateral (es navidad), un coro de jóvenes de ambos sexos al otro, ventiladores en el techo y todo ello abrazado por unos cánticos religiosos, suavizados, serenos, en los que los asistentes participan en diálogo con el coro y con la mayor devoción, un conjunto de voces y ritmos africanos que salen prodigiosos de los cientos de gargantas congregadas en el templo. Quienes hayan tenido la oportunidad de asistir en América a una misa con cantos espirituales negros lograrán comprender bastante bien lo que trato de explicar. Suaves y ricas armonías dentro de su sencillez, a ratos lentas, como un mar en calma, a veces fuertes y sonoras, como una caída de agua que explota contra el pedregal. Escuchar esos cantos evocará en el viajero el color y belleza de los campos, la sabana y las colinas por los que acaba de pasar. Los pasajes bíblicos a los que aluden los cantos se emparejan admirablemente con aquellos paisajes naturales en todo su esplendor.
La segunda experiencia es aún más alentadora. En el Valle de M´angola, Chini, en Barasani, una fundación religiosa de los misioneros espiritanos lleva más de treinta años atendiendo las necesidades religiosas, sanitarias y educativas de los habitantes de 9 pueblos, 16.000 habitantes. Patrocinada con enorme discreción por los elevados fondos de una familia perteneciente a la oligarquía económica española, sus actuales regidores, los padres Pepe y Miguel, españoles también ambos, dirigen una fundación que dispone en la actualidad de una escuela de Primaria ,cerca de 500 niños, talleres para la enseñanza de diversos oficios, una Escuela Secundaria con varios cientos de jóvenes y enseñanza en inglés, una guardería propia, una iglesia grande que se les está quedando pequeña y otra en construcción. Y luego está el hospital: atención médica ambulatoria, clínica para operaciones sencillas y tratamiento de los frecuentes accidentes, seguimiento, paritorio, quirófano, rayos X, laboratorio, servicio otorrino, oculista, prenatal, natal y postnatal, atención a los enfermos de sida y de malaria. Para ciertas afecciones reciben apoyo y ayuda periódicos de profesionales médicos y de enfermería europeos, la mayoría españoles, que se desplazan durante varios días al año para operar gratuitamente. Y todo ello aparece y crece allí, en medio de la nada y de la menesterosidad, con una entrega absoluta tanto al cuidado de las almas como al más cercano y diario de los males del cuerpo, de los escasos medios de vida y de la enfermedad. Cuando sales de allí en silencio, sobrecogido aún por lo que acabas de ver, reconcilias tu pesimismo por la evolución de nuestro planeta ante tan grandes ejemplos de solidaridad, de entrega al servicio de los demás, y se fortalece tu creencia en que hay otros modos más creativos y sinceros de organizar el mundo , más humanos y divinos, más ejemplares y éticos, más prácticos y solucionadores de verdad.
Si como dice R. Barthes la fotografía nos trae al vivo presente el temblor y la sensibilidad de lo que a diario no está delante de nosotros, al viajero le basta guardar en su cámara, pero especialmente en la retina y en su memoria, las escenas recogidas en su recorrido tanzano para reivindicar un estilo más rico a la hora de viajar, el de un viaje experiencial que aumente tanto su sorpresa ante las maravillas de nuestro planeta como su fe y su creencia en que son posibles otro modos de vivir, en que la verdadera sabiduría del hombre consiste en conocer mejor nuestro mundo y aprender a quererlo tal y como es. Así se despide uno de Tanzania, con el corazón y el alma llenos a rebosar de alegría y agradecimiento.
Kaheri Tanzania, assante sana. (Adiós, muchas gracias).

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ARTÍCULO: A propósito de África, Tanzania. ( Parte 1ª)

Tanzania es un gran territorio que comparte frontera con Kenia, Ruanda, Uganda, Burundi, Congo, Zambia, Malawi y Mozambique. La sabana, la montaña, antiguos restos volcánicos, selva, lagos, ríos y el mar, tejen la madeja de sus increíbles paisajes. La actual República de Tanzania cobró forma en 1964, cuando se fusionaron la Tanganika continental y el territorio de Zanzibar con su corte de islas menores. El principal artífice de su independencia fue el líder socialista Julius Nyerere. Una República socialista, con régimen presidencial, Parlamento, elecciones cada cinco años y capital en Dodoma. Una situación política no muy común en África: de los 54 jefes de estado que se sientan en las reuniones de la Organización de Estados Africanos solo Namibia, Malawi, Mozambique, Níger, Cabo Verde, Ghana y Senegal disfrutan de un cierto nivel de democracia; el resto del continente está sometido a variadas fórmulas dictatoriales de gobierno.
En Tanzania viven 45 millones de habitantes. La ciudad más extensa del país es Dar es Salam, en territorio insular. Otros datos significativos son sus 127 idiomas, aunque los generales sean el swahili y el inglés, una esperanza de vida de 80 años, moneda propia, el chelín tanzano, un 40% de cristianos, 35% de musulmanes suníes, y otros credos minoritarios. La mayor parte de los 120 grupos tribales son de origen bantú; los más conocidos y numerosos son los maasai, los hazdabes bosquimanos, los datoga y los sukuma.
La región más visitada de Tanzania, por mor de sus excelentes safaris, es la zona norte que comprende los parques denominados West Kilimanjaro, Tarangire, Manyara, Ngorongoro y Serengueti. Paisajes así no se encuentran todos los días, una naturaleza agreste y, a veces, peligrosa. Los safaris, si bien organizados, provocan en el viajero un estado de curiosidad, de inquietud y pensamiento que conecta con el afán de aventura que muchas personas llevan dentro.
West Kilimanjaro es un parque y reserva de animales en la extensa región de Synia que recibe su nombre por su situación geográfica, a los pies del gigante de África, el monte Kilimanjaro. Tierra árida y de vegetación escasa, salvo el salteado de acacias, inforbias candelabro, sisal salvaje y cactus trocari. Aquí y allá aparecen pequeños grupos de jirafas( twiga), impalas, monos babuinos( nyani) y caranegra(tumbili), buitres(tai), águilas (mwueve) y gallinas pintadas de Guinea(kanga). De vez en cuando se atisba algún pequeño dik-dik, el antílope más pequeño del mundo. Y como en toda Tanzania, cientos y cientos de los omnipresentes ñús. Algún maasai camina por las sendas polvorientas; su colorida vestimenta, telas de cuadros rojos y azules o verdes que envuelven su cuerpo, las sandalias de caucho que confeccionan a partir de viejos neumáticos, dan paso a un carácter afable, una sonrisa esplendorosa y un saludo abierto y confiado.
Los maasai forman una sociedad descentralizada y patriarcal. El bienestar del ganado determina el paso de los días. Una algarabía de niños, alegres, simpáticos, cercanos y adorables, rodea por doquier al viajero ocasional. Permanecen con sus madres y con el jefe de la colonia, autoridad única y omnipotente, con sus diez o doce mujeres y varias decenas de hijos. Un poblado maasai alberga sesenta o más pobladores así que, muy probablemente, el círculo de ramas, cañas y espinos entrecruzados engloba todo su mundo. A eso de la media tarde comienzan a llegar los rebaños de cabras y un pequeño hato de vacas, base de su alimentación, conducidos por los hombres jóvenes, los guerreros de antaño convertidos ahora en pacíficos pastores. El papel de las mujeres es servil, la poligamia habitual, se casan muy jovencitas y suelen enviudar pronto sin muchas posibilidades de volverse a casar. Cada grupo de edad de los que habitan en el poblado tiene su propia forma de vestirse y de arreglarse el pelo. Celebran ceremonias de circuncisión y de ablación. La ceremonia de la circuncisión cambia la vida de los hombres; vestidos de negro durante un largo tiempo, se pintan el rostro de negro con líneas blancas horizontales y un tiempo después alcanzan el estatus de guerreros. Una cabaña maasai, cinco por tres metros, no más, cocina, y una sola cama de uso comunal sobre una piel de vaca. Cambian la techumbre de la boma con ramas frescas cada siete años y dada la escasez de agua, especialmente en la estación seca, buscan los pozos lejos del poblado y van a buscarla a diario. ¿Por qué?, se pregunta el viajero, para que al reclamo del agua no aparezca más gente y aumente el número de habitantes del poblado.
Si se prosigue viaje desde las tierras del Kilimanjaro para continuar descubriendo los territorios tanzanos, se bordea la ciudad de Arusha, con sus cientos de personas deambulando por las cercanías, sus mercados al aire libre y su circulación caótica en la que abundan las camionetas, las bicicletas y motos de varias cilindradas, viejas, sucias y reformadas la mayoría de ellas. Un par de horas después se llega al Río del Jabalí, significado en tanzano del Parque Tarangire. El calor es pegajoso, la humedad escasa, el viento inexistente, y alrededor van apareciendo enormes termiteros de más de dos metros de altura y centenares de baobabs, gigantes, con brazos como raíces. Junto al esbelto y robusto tronco perfectamente construido de algunos ejemplares, se aprecian otros tortuosos, como espectros dolientes, tan desnudos de hojas como deformados por las rugosidades; una espléndida visión la de los dedos crispados de sus ramas, retocadas cual inverosímiles garras que trataran de aprisionar el aire. Después van desfilando la gacelas de Grant y de Thompson( swala), tan gráciles y esbeltas, decenas de monos bulliciosos, gesticulantes y agresivos, manadas de búfalos(mbogo), cebras(pundamilia), milanos(dove), cigüeñas, carracas lila, jirafas, impalas, dik-dik y los omnipresentes acacias y ñus.
Manyara y Eyasy, parque natural el primero, lago de grandes dimensiones el segundo, son dos nuevas atracciones, dos paisajes diferentes, verde y selvático el primero, como si fuera un resto de la selva tropical que vestía esas tierras hace millones de años, seco y desértico el segundo durante el resto del año. Con sus setenta kilómetros de largo y una anchura de veinte, lo que en la estación seca es un paraje árido se convierte tras las lluvias en una especie de mar pequeño con diferentes especies marinas que va desde las faldas del cráter Ngorongoro hasta la meseta del Serengueti.
En las cercanías del lago Eyasy y en la seca aridez de la falda de la montaña habita un pequeño grupo de hazdabes, algunos de los escasos bosquimanos que quedan hoy día de los cientos de miles que se movían por esas tierras desde hace varios siglos. El gobierno cuida de que puedan mantener su existencia, fieles a sus ancestrales costumbres, a cambio de que no traspasen en grupo los límites territoriales acordados. Son una decena de varones, todos ellos jóvenes, tres mujeres y varios niños, vestidas ellas con pieles de babuino, ellos de impala, adornados todos ellos con colgantes de conchas y abalorios, que viven al aire libre y en pequeños chamizos fabricados con unas cuantas ramas. De las ramas de los árboles que les rodean cuelgan piezas de carne de los animales recién cazados, cráneos de otros ya consumidos, pieles con las que se visten al estilo Tarzán, collares de piedras y otros exvotos. Cuando no están cazando la comida del día, permanecen en grupo, sentados en cuclillas alrededor de un fuego, fumando hierbas malolientes que humean en las cazoletas de sus pipas y los mantienen despiertos. Entre ellos hablan en cortas frases, con un sonido gutural que suena como un click-click mediado por una extraña posición de la lengua dentro de la boca. Su extraño lenguaje está considerado uno de los idiomas más antiguos del mundo. Con poco bosque para la caza y separados kilómetros de los manantiales de agua, viven en la precariedad comiendo raíces, tubérculos y la carne de cualquier animal excepto los buitres y las hienas (fisi), animales carroñeros que comen la carne de los muertos de la tribu que ellos abandonan a la intemperie. Son delgados y fibrosos, no demasiado altos, con el pelo de un rubio marrón con aspecto de sucio, piel oscura sin llegar al negro y extraordinariamente rápidos cuando se mueven por el monte sobre sus pies descalzos.
Salir de caza con ellos, a prudente distancia, le permite al viajero admirar su rapidez, su vista privilegiada, su puntería con el arco y las flechas que ellos mismos fabrican (excepto las puntas de hierro de las flechas que adquieren mediante trueque con alguna tribu datoga cercana, expertos en trabajar los metales), su facilidad para crear el fuego y su generosidad para ceder al visitante un trozo de la carne recién asada. Compartir con ellos unas horas te retrotrae a los tiempos pretéritos del origen de la humanidad.
Hace más de tres millones de años un pequeño grupo de homínidos atravesó la llanura de Laetoli, cerca de la garganta de Olduvai, y las huellas de sus plantas quedaron impresas en las cenizas volcánicas que pisaban. Miles de años pasaron y esas mismas tierras fueron testigos de las andanzas del homo habilis, el homo erectus y el homo ergaster, nuestro claro antepasado, hasta llegar al homo sapìens. Luego cruzaron el valle y las montañas del Rift y se dispersaron aquí y allá. Qué puede haber de extraño en que en medio de aquel paisaje árido y despoblado, a la vista de aquellos pequeños hombres, muestra de los mil individuos de su género que aún viven, cazadores y recolectores, que no tienen ganado ni trabajan la tierra, que no tienen sentido de la posesión ni espíritu previsor, el viajero admita a pies juntillas que las personas que le rodean en esos instantes son lo más parecido a nuestros ancestros milenarios.
Los datoga, a su lado, forman una tribu sedentaria similar a los maasai contra los que perdieron la guerra hace varias decenas de años. Sentados en la llanura, entre Eyasy y Karatu, sus antepasados llegaron a Tanzania en el siglo XVI procedentes de Etiopía. Su vida gira en torno al ganado y su afición a la música, una continua sucesión de acordes percusivos en la que las mujeres golpean con sus brazaletes mientras los hombres extraen sonidos prodigiosos de sus gargantas. Hoy en día viven unos 20.000 individuos, algunos en bomas, como los maasai, y otros ya integrados en los pueblos y mezclados con el resto de la población. En su modo de vivir sorprende su dominio de rudimentarios crisoles, mazas de hierro, fuego y dos grandes fuelles cosidos con pieles de vaca. Fabrican puntas de flecha, brazaletes, clavos, anillas de hierro y otros utensilios de uso casero. Los niños viven a caballo de dos modelos de vida: van a la escuela como los demás niños pero viven en sus cabañas de adobe y ramas al estilo antiguo. (CONTINUARÁ).

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ARTÍCULO: La edición y la editorial

Muchas personas aprecian el aspecto físico de los libros. Observan cómo están editados y ello les anima a ojear el interior. Editar es vestir lo etéreo, envolver héroes o villanos, éxitos o fracasos, almas o sombras. Editar libros es prestarle una cara y un cuerpo a algo que no lo tenía, todo ello sin olvidar lo evidente, que un buen libro mal editado sigue siendo un buen libro, mientras que un mal libro bien editado es solo un conjunto de papeles encuadernados con escasa vida por delante. Hay lectores, incluso, que revisan y contemplan el libro como si de un estudio frenológico o fisiognómico se tratara, aunque en las ediciones de hoy día nos equivocamos a menudo, cuando el libro parece una cosa y su contenido, para bien o para mal, tiene otro nivel, es otra cosa.
Hacer libros hermosos no es difícil cuando se está atento a la evolución de los gustos, cuando se estudian detenidamente los miles de libros, folletos, anuncios, películas incluso, que se publican en el mundo anualmente. El ciclo editorial consta de tres fases, la creación de la idea, la práctica de la pre-impresión y la productiva de la impresión final. Dejando a un lado la primera fase por referirse a otras materias, son las otras dos las que afectan especialmente al aspecto general del libro; las ilustraciones, la definición de la hoja de estilo en la segunda y la tarea de las artes gráficas y definición del tipo de libro, bolsillo, lujo, económica, especial, en la fase de impresión. Es en esas segunda y tercera etapa cuando los equipos editoriales usan vocablos tales como cubierta, lomo, solapa, contracubierta, título, resumen, contado de páginas, pliegos, compra de papel y así varias más.
En la época romana el impresor y el librero eran la misma persona. Los códices medievales, unos siglos después, se producían con pieles de animales, amarillentas y tiesas, y pergaminos de pellejos curtidos de ternera. Los libros en esas épocas eran un bien escaso al que accedían nobles, ricos, potentados, curas, frailes o monjes, y también personajes doctos e ilustrados. Pero no es realmente hasta la llegada de la imprenta cuando comienza la era de la publicación de libros en grandes tiradas. Muchos de los libros que aún pueden encontrarse hoy día en bibliotecas centenarias o en las librerías de viejo, proceden de aquellas ediciones que se hacían en España hace cien o doscientos años.
Bien sea por la falta de tradición, bien por una exigencia escasa por parte de los lectores, bien por falta de gusto del sector profesional, editar en España ha sido históricamente, con honrosas excepciones, una tarea poco cuidada hasta que algunos pocos editores empezaron a ocuparse de este tipo de cuestiones copiando diseños, técnicas y modas que se producían en otros países. Bien sea por la falta de tradición, bien por una exigencia escasa por parte de los lectores, bien por falta de gusto del sector profesional, editar en España ha sido históricamente, con honrosas excepciones, una tarea poco cuidada hasta que algunos pocos editores empezaron a ocuparse de este tipo de cuestiones copiando diseños, técnicas y modas que se producían en otros países. Así es como en el siglo XIX comienza la mejor parte de la historia de la edición, impresión y encuadernación en nuestro país. Como ejemplo encontramos a Antonio Bergés de las Casas(1801-1879), editor, librero e impresor ó a Manuel Rivadeneyra (1805-1872), con su Biblioteca de Autores Españoles o los contratos de impresos para el Ferrocarril de Madrid, de Zaragoza y de Alicante. El siglo XIX es, además, una época de grandes cambios en el sector editorial: la industrialización y mecanización, la fabricación de papel continuo (Burgos, 1841), la estereotipia, la litografía, el fotograbado, rotativas y plancha, el cambio de las antiguas prensas de madera por las de hierro o la utilización de tintas de colores. Es también el tiempo en que, de la mano de famosos ilustradores como Madrazo, Parcerisa o Perez Villamil, aparecen en los libros las portadas decoradas.
Lo que distingue un libro viejo de uno actual es la aparición del brillo. El mayor o menor brillo de los libros marca el concepto de cualquier biblioteca que se precie. El rutilante brillo y los colorines no significan siempre dignidad y altura en el contenido de los libros, excepto en los libros de poesía, mejor editados siempre que la prosa, porque los poetas editan con su propio patrimonio o ponen, al menos, un interés artístico especial en ellos. Los poetas de la generación del 27, algunos de los cuales, como Altolaguirre y Prados por ejemplo, eran también tipógrafos, copiaban las ediciones de los libros de Cocteau o de Breton, más cercanos al cubismo y el art decó. Hasta 1940, más o menos, la mayoría de los editores tenían su propia imprenta, pero en los años sesenta y setenta del siglo pasado el sector editorial cayó en una crisis profunda tras abandonar la fase de producción e imprenta, lo que les venía dejando más dinero hasta entonces. Era la época de editoriales como Emporium, de José Janés, de Espasa, Aguilar o la Editora Nacional, para sus ediciones de carácter público.
Desde el final de la guerra civil y hasta los años 60 el panorama editorial era desolador: la escasez de papel, las restricciones eléctricas, el exilio de muchos escritores y la censura oficial (hasta 1976) provocaron un retroceso en la decidida marcha que había seguido el sector en los primeros cuarenta años del siglo. En 1913 había 1443 editoriales en España, en la década de los años 20 existían 276 y en los primeros años 30 había más de 100 solo en Madrid. Desde los años 70 hasta hoy hallamos dos hechos relevantes, la concentración de empresas en grandes grupos editoriales de capital español o internacional y la aparición en 1984 del ordenador personal de Apple Mackintosh que ha supuesto una renovación en la fiebre por el uso y conocimiento de la tipografía y de otros mecanismos típicos de la edición.
A partir de ese hecho, a medida que ha avanzado el progresivo desplazamiento de la mecánica por la electrónica, tres son las nuevas tendencias que han marcado, marcan aún, la edición: la mecanización, sustituyendo mano de obra por máquinas que abaratan costes, el aumento del número de ediciones y de tiradas y, por último, las nuevas formas de comercialización buscando una mayor penetración social. Existe además , por último, diferencias entre unas pocas grandes empresas editoras que copan casi todo el mapa y una pléyade de pequeños editores que malviven con un recetario simplón y nada imaginativo: como se venden pocos libros de un mismo título se hacen tiradas cortas hasta cubrir gastos para seguir perviviendo; se contratan autores experimentados, o famosillos con nombre, que garantizan un mínimo de ventas o se participa en premios literarios que se anuncian abiertos cuando, es publico y notorio, están dados de antemano la mayoría de ellos; se realizan tiradas cortas para cubrir los actos de presentación en cafeterías o centros cívicos en los que se puede subir el precio de cada unidad vendida porque compran todos los asistentes,familiares y amigos del autor. Hay pequeños editores, incluso, con escasa estructura y mínimos recursos, que se aprovechan del escritor novato, le obligan a participar en los gastos, se olvidan de abonar sus derechos o pagan con los libros devueltos por comerciantes y libreros. El negocio editorial malvive, el editor salva y cubre su pequeño presupuesto pero desaparece el riesgo y los jóvenes talentos, engañados o estafados, abandonan sus sueños o le prestan su arte al personaje popular que no sabe escribir pero puede alquilar un “negro”.
El ordenador, además, ha traído también la revolución digital y el nacimiento del concepto de Autoedición. Y es este último aspecto, el de la autoedición y sus derivados, lo que puede llegar a revolucionar el tradicional papel del editor y de la firma editorial. Y ello por cuatro razones: porque la tendencia es acabar por prescindir de las figuras del editor y del distribuidor, porque se abaratan costes, porque no hay limitaciones para la publicación y porque se potencia el uso de un nuevo soporte, internet.
Como aparecía recientemente en El Confidencial: “la cuestión de fondo es otra, lo que está desapareciendo no es el libro, sino una clase concreta de obras, aquellas que exponen las ideas más adelantadas, las más complejas, las menos ortodoxas, las menos complacientes, las más críticas; las que no encajan en los criterios del marketing o de los pequeños nichos van a parar al limbo……un cambio de modelo en cuanto a contenidos.” Una pena en lo que respecta a la cultura de un país, una pérdida de imaginación.

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ARTÍCULO: Librerías y libreros.

Hay gente que se pregunta si el olor a mar ayudaría a vender libros náuticos, o si el aroma de las flores lograría el mismo efecto con los de jardinería. El poder del olfato, piensan, puede llegar a ser tan complementario con la venta de libros como su aspecto visual. Algo parecido, quizá, a lo que se logra en las tiendas con el sonido de la música o con el olor a pan recién horneado en algún rincón de los grandes establecimientos. El olor se cuela, inunda el aire y se impone. El olor es, hoy en día, una herramienta de marketing; cada uno de los sentidos se utiliza, con mayor o menor éxito, para aumentar las ventas. El olor de los libros en las estanterías es como el olor de una marca, un olor apreciado y lleno de significados.
El ISBN tiene catalogados más de un millón doscientos mil títulos. Con 9.000 puntos de venta las librerías son el principal canal de venta de los libros. De ese hecho parte la relación estrecha que las editoriales han tratado de mantener siempre con ellas. El descenso en el alcance de las tiradas de libros (2000 a 3000 ejemplares como mucho) por parte de estas, los plazos de devolución cada vez más cortos que las librerías ejecutan y los bajos índices de lectura registrados en España ( el 60% según los últimos datos, bien lejos de la media europea de un 70%), provoca que la venta de libros en las librerías dependa cada vez más de la promoción que cada editorial realice de sus títulos. Si no se consigue que la gente se entere del lanzamiento de un nuevo libro es imposible, dicen, que se venda. Ello pone en aprietos al librero, a pesar de que los grandes grupos editoriales le dejen un margen de beneficio que puede llegar a alcanzar hasta el 50%.
Según la Asociación Española de Gremios y Libreros en el año 2014 abrieron en España 226 librerías, pero cerraron casi mil. Desaparecen las librerías más clásicas y entre las que abren abundan las dedicadas a otros tipos de actividades extras que utilizan como reclamo de su oferta principal. Todo sea por la causa de recuperar la venta, la cultura y al lector.
La aparición en siglo I d.C. de la palabra bibliopola al lado de la de librarius remite desde entonces a una nueva tipología en las funciones del librero, la de ese especialista al que no le basta con vender al cliente sino que sabe de libros, informa, asesora y recomienda. El primer librero y editor de quien nos han llegado noticias fue el romano Atticus, un hombre refinado y muy culto, extremadamente rico, bibliófilo apasionado, coleccionista de arte y formador de lectores y copistas. El mismo Séneca escribió: De verdad que lo que estás consiguiendo es lo contrario de lo que quieres. Tú crees que por comprar compulsivamente libros vas a parecer una persona con cultura, pero el asunto se te escapa de las manos y, en cierto modo, se convierte en una prueba de tu incultura. Es más, ni siquiera compras los mejores, sino que confías en cualquiera que se ponga a elogiarlos y eres un chollo para quienes mienten sobre tales libros y un tesoro a punto para quienes comercian con ellos. (“Sobre la serenidad”).
Ser librero significa ser requerido y buscado por sus conocimientos y su autoridad, un prodigio de memoria, un experto tan modesto que acepta no ser el protagonista del negocio sino los libros que descansan en las mesas frente a la suya o en los anaqueles por detrás. Al buen librero le gusta convivir con los libros, estudiarlos, ficharlos, repasar su resumen y ubicarlos en el orden lógico y en el lugar idóneo para su localización. El buen librero sufre con la desaparición de sus clientes, porque cambian de entorno, porque mueren o porque no son reemplazados por el necesario relevo generacional. El sueño del buen librero, por tanto, es saberse sucedido, encontrar en sus descendientes a quien quiera continuar su labor. Pero el mayor miedo del buen librero es que la gente deje de leer libros en papel, que su tarea llegue a reducirse al mecánico suministro de una dirección o una clave para acceder electrónicamente a lo que antes fue cultura envuelta en el maravilloso olor del papel.
Un libro no es solo un objeto de lectura sino un medio para viajar a la imaginación o para recuperar los hechos del pasado; es como una agencia de viajes emocionales al pasado, al futuro, a la historia del hombre y a las bibliotecas de la humanidad. Sus estanterías son un desfile de reflexiones en torno a la inspiración, espacios que inmortalizan los procesos de creación.
La librería es una tienda cualquiera si no se encuentra atendida por un librero experto y unos ayudantes que aprenden el oficio junto a su mentor. Las buenas librerías adquieren pronto personalidad. Abarrotadas de libros, sus estanterías acumulan tanto polvo como saber, en hileras verticales o en las torres de volúmenes que ocupan las mesas que el cliente sortea mientras sus miradas navegan de una portada a otra, de los lomos de los diccionarios a los de los textos científicos o los libros de ciencia-ficción. Todo en esos locales proclama la vigencia de los libros de papel.
El periodista J. Carrión se preguntaba recientemente: ¿ Por qué la industria del libro no ha apostado por una defensa de las librerías como templos emocionales de los lectores? Sin embargo, como centros de emociones, culturales y de distribución, cruzabas su umbral y se te impregnaba la nariz de un aroma oscuro a papel viejo, a cubiertas de cuero, a maderas centenarias, a un olor a medio camino entre el polvo y el moho. Por eso sobrevive la tristeza al entrar en muchas librerías de hoy. Las librerías de antes exhalaban olor. Hoy ya no existe ese olor. Incluso las imprentas modernas, para eliminar olor, cubren con laca de dispersión los pliegos del libro impresos por un lado, para darles la vuelta de inmediato e imprimirlos del revés. Cuánto se echa de menos el aroma a madera de las viejas estanterías, señal y marca olfativa del acervo cultural, los altos anaqueles y las vetustas escaleras apoyadas en ellos para subir y atisbar, el rumor de voces apagadas en su atmósfera de lugar sagrado, templo de reflexión.
La magia de las librerías de antes está pasando al olvido, dicen algunos, pero una buena librería no es aquella en la que encuentras los libros que quieres leer, sino los libros que no sabes que existen, comenta un librero al finalizar una reunión. Otro contertulio explica su optimismo: la pequeña librería va a sobrevivir porque sigue existiendo el placer por leer. Las librerías siguen siendo importantes para todos aquellos que prefieren ver y tocar los libros, comprarlos en persona.
A amar las librerías se aprende de joven, como a amar los libros; cuando uno se acerca a ellas por primera vez ya de mayor o bien se trata de una necesidad perentoria por adquirir un libro o de una visita casi turística, para admirar su arquitectura, su atmósfera decimonónica, las obras de arte de sus paredes o su magnitud. Así existen librerías emblemáticas en diversos países del mundo; son librerías de autor que custodian y conservan el carácter y la imaginación de miles de autores de todos los tiempos. La Strand, en Nueva York, la Umberto Saba, en Italia, la del Fondo de Cultura Económica, en Bogotá, la LelloIrma, en Oporto, o los cinco pisos en Londres de la Waterstones.
En España, desafortunadamente, quedan pocas; la mayoría de ellas han pasado a contar billetes de banco o hamburguesas y nuggets de cadenas de fast food. Quizá solamente dos, la treintañera Cálamo (Zaragoza) o la veinteañera La Central (Barcelona), rezuman un cierto sabor a la librería de antes, si bien muy lejos de la antigüedad de las mencionadas más arriba. El resto de librerías a las que se podría conceder ese honor en nuestro país, sus escasas dimensiones, su fecha de creación o su decadencia actual, impiden aplicarles el calificativo de altar sagrado, aunque no el dejar de admirarlas por su constancia y valor. Las llamadas librerías de viejo, por su parte, que tanto abundan aún en nuestras plazas (Miguel Miranda, Prado, Bardón, entre otras muchas), merecerían líneas aparte de lo aquí expresado y el homenaje público y continuado de todo buen lector.
Los cambios en el consumo se han agudizado con motivo de la crisis y ello ha puesto en evidencia, también en las librerías, un cambio de modelo. Pero el cambio en el negocio de la venta de libros ha llegado a nuestro país para quedarse, lo que obliga al sector librero a buscar y experimentar novedosos horizontes.”Pero los viejos libreros nunca mueren- añade el mencionado Carrión. Son incontestables los que toman el relevo. Hay que reivindicar esa figura que ha permanecido en la sombra , mientras que la del autor, el editor y el agente , se volvían totalmente visibles, incluso estelares”. Quizá ahí estribe parte de los problemas de la librería actual, en que el resto del sector del libro minimiza su importancia y hace tiempo que ,lisa y llanamente, le ha dado la espalda.

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ARTÍCULO: Tras la escritura, el libro

(Entiendo este post como la continuación del anterior : “La cultura del libro, el nacimiento de la escritura”).

¿Eres lector? ¿Apasionado, compulsivo, ocasional, introspectivo? Quizá has disfrutado viendo crecer tu pequeña (o grande) biblioteca particular. ¿Te sientes atraído por las estanterías y las mesas de las librerías, por los afanes de los bibliotecarios o el mundo del escritor? Quizá los libros te hayan acompañado siempre, quizás estés algo confuso por la actual situación de ese mundo tan tuyo.
Martín Caparrós decía recientemente en un artículo dominical: “La cifra me cayó por la cabeza y casi me lastima. El mundo produce un nuevo libro, miles de ejemplares de cada título nuevo, cada quince segundos. Son más de dos millones de títulos por año…una lluvia de libros, peor que el peor de los diluvios, un tsunami de libros”.
El libro es respetable y respetado, un objeto prestigioso, tradicional, y en un formato u otro ha acompañado la historia del hombre desde los ideogramas y pictogramas de las cavernas de la más antigua humanidad. Los libros pesan, huelen, indican lo que uno es. Leer libros, en resumen, es sentirse acompañado, es aprender de los otros, es vivir.
Hay libros indispensables, valiosos unos, otros que se adquieren por el mero placer, sabiendo que no se van a usar; libros grandes o pequeños, que se aborrecen una vez comenzados, se apartan o se regalan a otros, se olvidan en el rincón más polvoriento de nuestra sala de estar. Hay otros que se quieren tanto que se buscan con fruición, se adquieren, se comentan con los amigos y se conservan para siempre.
Se conservan muchos textos cuneiformes de la literatura mesopotámica, por no hablar de los escritos en las paredes egipcias, los Textos de las Pirámides, los Textos de los Sarcófagos y los papiros hallados junto a las momias que forman el Libro de los Muertos. La utilización de libros era una característica distintiva de los sofistas griegos. En el Fedón, Sócrates cuenta que leyó un libro de Anaxágoras – pasa por ser el primero en publicar un libro escrito-, hecho que le había permitido conocer las ideas del filósofo, pero se muestra contrario al libro y a favor del discurso oral porque aquel a la larga sale malparado por formar falsos sabios, llenos de erudición, pero que no han construido con el libro su propio pensamiento respecto a su contenido. En la medida que el hombre ha ido fiándose de los libros y los escritos ha ido perdiendo la verdadera memoria, el pensar las cosas desde dentro. Solo alcanza la remembranza. Hay un arte de la memoria que Sócrates y Platón defendían y que Giordano Bruno más tarde, en el Renacimiento, llamaba espacios de la memoria.
En la antigua Roma se desarrollaron dos formatos de libro, el rollo- para una escritura definitiva- y las tabellae- para la escritura diaria y común. De la mezcla de ambos surgió hacia el siglo I el pugillar, una tablilla pequeña que cabía en el puño. Antecesor del codex, el pugillar es, por así decirlo, el más antiguo precedente del actual libro de bolsillo. También se ve establecido por entonces un comercio de libros bajo la atención de un librero llamado bibliopola y escritos al dictado por grupos de esclavos especializados en la transcripción de los textos.
Aulo Gelio, Noches Áticas, IX 4 1-6, escribe:
Cuando volvía de Grecia a Italia y había llegado a Brindisi, después de desembarcar andaba paseando por ese famoso puerto…vi unos fajos de libros expuestos a la venta. Así que me dirigí ávido hacia ellos. Estaban todos en griego y llenos de maravillas e historias fabulosas, cosas increíbles y curiosidades, pero los autores eran antiguos y de no poca autoridad…en sí los volúmenes estaban arrugados por el desuso y eran de uso y aspecto muy sucio. Me acerqué, sin embargo, y pregunté por el precio; atraído por lo barato que eran compré gran cantidad por poco dinero y los recorrí todos ellos a la carrera en las dos noches siguientes. Y en la lectura entresaqué algunas cosas y anoté maravillas apenas tratadas por nuestros autores, que he esparcido por estos comentarios de modo que el que los lea no será considerado completamente iletrado e ignorante de estos asuntos cuando escuche este tipo de cosas.
En Roma ya existía la costumbre de que el escritor de un nuevo texto reuniese a un círculo de personas para leerles su obra y dialogar acerca de ella (probable antecedente de la actual fórmula de las presentaciones de libros).
Por expresar en pocas líneas, con el peligro que ello conlleva de reducir a solo tres momentos la extensa peripecia del libro, me atrevo a seleccionar tres momentos solamente de su fecunda y larga historia. Para un romano, libri era un capítulo, un fragmento de algo de mayor dimensión. En el Medievo se habla del liber, en singular, ya no se dicta al copista, es autógrafo y aparece la figura individual del escritor. Hoy en día los libros ya no huelen; el olor fresco a tinta y papel del libro recién nacido ha desaparecido en la relación autor-editor-impresor-libro-lector.
En el Monasterio de Silos se conserva el libro cristiano más antiguo(siglo XI) que ha llegado hasta nosotros, escrito en papel y pergamino bajo el nombre de Misal de rito mozárabe. En la Biblioteca Nacional de París también se guarda un Glosario Latino, procedente de Silos, datado aproximadamente en la segunda mitad del siglo XI. Ese siglo y el siguiente XII son, por otra parte, los que definen la época en que el papel llegó a constituirse como el principal soporte para la escritura de los conjuntos de folios que formaban los libros. Y en Holanda, al final de la Edad Media aparecieron los llamados Hermanos de la Pluma porque se ganaban la vida escribiendo libros, manuscritos con buena terminación, que circularon por el país hasta ser sustituidos por la llegada de la imprenta.
Los libros de finales del siglo XV y principios del XVI reciben el nombre de incunables porque datan de la época en que la imprenta, por así decirlo, estaba aún en pañales; los primeros incunables no tenían colofón (datos de remate de identificación de la obra) por lo que no llevaban impresas cosas como el título, el autor, la fecha, el impresor y el lugar de impresión. La aparición de la Portada, primera hoja del libro en la que figuraban datos de identificación, fue una de las novedades más llamativas que aportó la imprenta. No hizo desaparecer el colofón sino que, a partir de entonces, aumentó la presencia de referencias y datos para la identificación del libro, repartidos entre ambas partes, portada y colofón. Muchos años más tarde, ya en el siglo XIX, la demanda de libros era tan masiva que provocó el crecimiento de la encuadernación industrial, en serie o editorial, para sustituir a la individualizada existente hasta entonces.

Escribir es hoy día un hobby de moda. Famosos, asalta-realities y otras pretendidas celebridades se apuntan (con honrosas y acreditadas excepciones) a engordar su ego, personalmente o a través de un negro, y aprovechan el tirón de su popularidad sin ningún rubor literario. Esta curiosa circunstancia se ha convertido ya en un fenómeno tan rechazado por los buenos lectores, como agradecido por los bolsillos de los editores y desmoralizante para los escritores de oficio. No deja de ser un síntoma más del proceso de degradación del libro como instrumento del saber que asola el actual panorama cultural.
No sabemos adónde nos llevarán los cambios que se están produciendo en la creación cultural en la actualidad. Lo que sí se intuye es que a la industria del libro tradicional solo parece quedarle una única salida, adaptarse a los cambios y acercarse a la realidad social. Es algo parecido a como se resolvió el antiguo litigio entre el saber escrito y el oral: ideogramas, pictogramas, cuneiforme, jeroglífica, alfabeto, liber romano, codex, monjes copistas, pecia universitaria o libro para nobles, imprenta individual, imprenta industrial, sobreproducción de libros actual, muchos siglos después el hombre ha logrado la complementariedad.
La irrupción los libro electrónico hace menos de diez años parecía esparcir dudas sobre la vigencia del libro tradicional; un tiempo más tarde, serenada la burbuja inicial que supuso su aparición en el mundo del lector, las aguas vuelven a su cauce. El río de los libros, sin embargo, ha dejado de tener un solo lecho; el panorama literario discurre ahora por dos ramales de un mismo río. Sea libro electrónico o en papel, el campo en el que en realidad se están produciendo los mayores cambios, más que en la transmisión literaria y cultural en sí , es en el sector editorial,
Los avances electrónicos, la rebaja en la calidad cultural del público lector y el consumismo exento de reflexión han contribuido a una progresiva pérdida del amor del lector por el libro tradicional. Hay quienes avanzan que la ficción y la literatura permanecerán fieles al libro de papel; otros ponen el acento en la remodelación de las tiradas, las ediciones exclusivas, la coedición y la autopublicación,la mejora de calidad en los libros electrónicos y en el aumento de las exigencias de calidad y precio en el libro tradicional. La solución que parece atisbarse está en manos del sector editorial, convertir ambas fuentes en algo complementario y hacerse cargo de la una sin excluir el seguir trabajando con la otra. La consecuencia lógica de tal planteamiento sería la concentración de editoriales y la desaparición de muchas de ellas, las que sean incapaces de adaptarse a su nuevo rol. Un territorio distinto, un nuevo modelo de negocio, una oferta de cultura más diversificada, un lector más preparado para seleccionar y elegir, unos hábitos de lectura basados en la fidelidad de los gustos del lector a cada opción, libro electrónico, libro en papel, otros medios que presenten un sector editorial más acorde con los tiempos, más cercano a los gustos lectores que a la cuenta de resultados de su publicación.
Hay nichos para que el libro tradicional sobreviva, los que ponen el acento en la relación emocional y visual con el libro de papel, pero cada día que pasa es más evidente que el futuro del libro está en la capacidad técnica y tecnológica de los fabricantes de soportes diversos y de una sociedad crecientemente alfabetizada en el uso y disfrute del avance digital. Bien harían unos y otros, defensores y detractores del negocio editorial, en poner las cosas en su sitio: el libro digital es, al menos hasta hoy en día, un reproductor de textos, nada más; el libro de papel, tal y como lo conocemos hoy, dependerá principalmente del nivel cultural e intelectual de los lectores del futuro, seres digitales ya, y del estilo de relación que ellos tengan con la cultura literaria que deseen degustar.
Con todo, y a pesar de todo, hay libros que no deberían existir– escribió en fechas recientes un sensato articulista-, toda la tinta, el papel, la cola, etc. empleados, todo el tiempo invertido por los diseñadores, el personal de prensa…todo ello se percibe como un enorme desatino cuando uno abre las páginas de esos libros.

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