ARTÍCULO: Ángela de la Cruz y el Arte Expandido.

 

Es opinión ampliamente compartida entre los más expertos   conocedores de la evolución del arte  que  las corrientes artísticas  de estos tiempos integran una multiplicidad de   tendencias artísticas; son un nuevo estilo postmodernista en el que se entremezclan la pintura y la escultura, la tridimensionalidad, la fotografía, las artes audiovisuales  y el propio espacio. A este respecto creo oportuno referirme a la llamada Pintura Expandida, una corriente artística  en la que se mueve la pintora  gallega Ángela de la Cruz  cuya obra se ha desarrollado en el Reino Unido.

Nacida en La Coruña (1965), en el seno de una familia de clase media, Ángela de la Cruz, alma rebelde, inquieta e inconformista ya desde la infancia, pasa con dificultades por diversos colegios y, al llegar la adolescencia, coquetea con las corrientes anarquistas y la música punk, un sector de la sociedad española que en los inicios de los años 80 ponía en jaque a menudo a las autoridades enfrascadas en la transición hacia un sistema democrático para el país. Desea estudiar Bellas Artes pero, al no lograr el apoyo de sus padres, inicia la carrera de Filosofía en la Universidad de Santiago de Compostela para no defraudar a la familia; no obstante poco después, al cumplir los 22 años decide abandonar el nido familiar y se marcha a la capital británica, «porque allí se estaban yendo todos mis amigos», refiere Ángela. Quería enfocar su vida, disfrutar del ambiente, relacionarse con el mundo y tratar de meter la cabeza en algún centro en el que estudiar Arte, su auténtica vocación.

Londres, en aquella época, era un foco artístico y sociocultural en aguda efervescencia y ella llegaba allí para desarrollar sus gustos, sus intereses artísticos, sus relaciones sociales, su personalidad. La noche del Londres de los años 90 la atrapa con frenesí. Salir de noche, bailar sin freno, fumar, beber, según sus propios deseos y con entera libertad, le permitiría calmar ansiedades largamente reprimidas. La cultura de clubes de la época abriría su mente a una amplia plataforma de relaciones sociales y al conocimiento de sus verdaderas posibilidades artísticas. Como muchos otros jóvenes de aquella época los trabajos de todo tipo (aupair, hostelería, limpieza, etc) le facilitarían mantenerse en la ciudad y pagarse los estudios de arte que ansiaba cursar. Pero tocaba reinventarse.

Para lograr el ingreso en el Institute of Contemporary Art (ICA) londinense, solicitó trabajo como camarera; de ahí pasó a la reprografía y dio alguna otra vuelta de tuerca hasta llegar a convertirse  en una miembro más del deseado instituto. Así comenzó a pintar. Buscaba encontrar su estilo; se esforzaba un día tras otro, pero estaba llena de dudas y tenía la sensación de que cada uno de sus intentos finalizaba en lo mismo.

“Un día, – cuenta Ángela– al enterarme de la muerte de mi padre, destrocé el lienzo: no de cólera, sino.de tristeza. Ahí empezó todo. El marco era y es la espina dorsal de un cuadro, lo que lo mantiene derecho. Cuando está roto, pierde esa cualidad de rectitud. Me intimidaba la pintura erguida, esa figura autoritaria».

 Así debió de llegarle la inspiración necesaria. La desaparición de la patriarcal figura de su infancia y adolescencia pudo ser el revulsivo necesario para encontrarse a sí misma como pintora y otorgarle la liberación de espíritu imprescindible para llegar a ser artista.

«Cuando comencé a pintar, en los 90, la pintura no estaba muy bien vista. Era una actividad muy formalizada, de pasado histórico, nada revolucionaria y con connotaciones evidentemente tradicionalistas, patriarcales podríamos decir: no había grandes mujeres pintoras, los referentes históricos eran escasos. Y yo elegí pintar, quizá por estos motivos».

A partir de ese momento nace una persona diferente: decidida y segura de sí misma, temperamental y con genio, con una mente rápida y, como ella misma se define, entusiasta y gamberra. Al principio sus obras eran pinturas monócromas, pero no le satisfacían. Comenzó entonces a ensayar un estilo que creaba objetos híbridos y estructuras mezcladas de pintura y escultura. Deseaba romper con los estilos pictóricos provenientes de la tradición. Si Jackson Pollock había triunfado con el uso de salpicaduras y goteos que dialogaban en sus lienzos con el cuerpo del pintor, si algunos artista pintaban sobre lienzos rasgados, si el minimalismo sobrepasaba el entorno del bastidor y extendía la obra por paredes o suelos, si triunfaba un modo de hacer arte mediante la interacción de materiales y soportes, la pintora profundizará en tales tendencias hasta descubrir la cercanía de sus ideas a la llamada Pintura Expandida, una nueva manera de concebir el arte  en la que junto a la pintura intervienen la fotografía, el video o la escultura; un nuevo concepto del arte practicado desde hacía algún tiempo por tratadistas como  Greenberg o Buren, pintores como Rosalind Krauss o Douglas Crimp  e, incluso, una nueva ola de artistas españoles firmantes del  nuevo concepto: Paloma Gámez, Miquel Mont, Marina R. Vargas, Roberto Urbano, Laia Arqueros,  Alberto Reguera o  Irma Álvarez, entre otros.  La pintura expandida es un arte valiente y desafiante, un pintar sin pintura como único medio, un arte hijo del Suprematismo, la Abstracción y el Constructivismo. Un territorio artístico lleno de diversidad y posibilidades creadoras en el que la pintura puede cambiar de soporte y abandonar marcos y bastidores.

A partir de entonces Ángela de la Cruz desarrolla una  actividad vertiginosa: trabaja como profesora en prestigiosas escuelas de arte, crea y va definiendo su propio estilo, pinta para notables Galerías de Arte, todo ello en Londres, y prepara exhibiciones en prestigiosos centros artísticos de ciudades como Melbourne, Viena, Nueva York o Estocolmo. Sus innovadoras creaciones se enmarcan en cinco grupos: pinturas cotidianas, pinturas para espacios concretos, pinturas mercancía, pinturas recicladas y naturalezas muertas.

“Creo que, desde el principio, actué como una niña algo bruta con un juguete que no comprende y lo rompe hasta separar todas las piezas, en busca del secreto oculto». Hace años que acepté que podía hacer lo que me diera la gana».

El suyo no es un arte al uso y  las obras que realiza entre 1995-1999,  las Everyday Paintings, no son estáticas, salen del marco, obligan a reflexionar. Aunque cuanto más profundiza ella en su proceso creativo menos  fácil le resulta a muchos entender sus resultados, sin embargo su técnica y su forma de expresión llaman la atención. La pintora sabe que su obra ha evolucionado desde el campo del conocimiento hacia la exploración de su mundo emocional. Un trabajo violento, incluso malhumorado. Obras que parecen haber sido destrozadas, manifiestamente maltratadas. Pura psicología. Contra la rigidez formal de la pintura clásica sus obras tienden a romper el bastidor, objeto que considera un  emblema patriarcal, avasallador y autoritario. La  violencia serena, el humor, la relación de proporciones de las obras con su propio cuerpo y la importancia del color como transmisor de emociones son algunas de las claves interpretativas de sus piezas para las que recoge ideas del cine, de obras literarias y también de la moda.

En el momento en que corto el lienzo, me deshago de la grandiosidad de la historia de la pintura.”

 En 2006, sin embargo, la pintora sufre un derrame cerebral y entra en coma unos días después de saber que estaba embarazada. Es el inicio de una grave enfermedad  que se presentará en dos fases: una primera en que sufre una malformación de origen desconocido que le provoca masivas hemorragias cerebrales y de la que  pareció recuperarse con rapidez para volver a su vida habitual, dedicarse a su trabajo pero sin renunciar a sus más anclados placeres, fumar, beber y salir a divertirse como antes. Pero unos meses más tarde, sin embargo, es ingresada de nuevo en el hospital, postrada en la cama por un período de dos años, perdida  la movilidad de todas las extremidades y gran parte de su capacidad para hablar. Era como si se rompiera en trozos como hacía ella con sus obras en su proceso artístico.

“Mi cuerpo no respondía. Había estado en mi estudio, trabajando con mi asistente, cuando sentí un dolor masivo en la cabeza. Acudí al hospital de Queen’s Street, donde previamente habían tratado mi cavernoma, pero no pudieron actuar tan rápido. Incapaz ya de caminar, me condujeron a la UCI, donde hicieron lo que pudieron y, probablemente, me salvaron la vida. Sufría una enorme hemorragia en el cerebro y estaba embarazada de dos meses.

Allí permanecí los cuatro primeros, internada. Seguía en cuidados intensivos, pero no lo recuerdo claramente. Los médicos me hicieron una traqueotomía para que pudiera respirar y me entubaron para que me alimentase y orinase libremente. No podía mover ningún músculo del cuerpo».

 A pesar de su enfermedad, la pintora decide dar a luz a su hija, una joven hoy en día con algunos tonos de carácter parecidos a los de su madre. “Siempre tuve muy claro que trataría de seguir trabajando”, ha declarado en diversas ocasiones, aunque en sus condiciones físicas no le debe de haber sido fácil continuar con el oficio, desempeñar el papel de madre y seguir de cerca la infancia y adolescencia de su hija.

El angioma cavernoso le dejará secuelas definitivas en su movilidad.  Tendrán que pasar más de tres años para volver a trabajar, un tiempo necesario para recuperar su entereza y replantearse sus hábitos de trabajo y de vida antes de  enfrentarse a sus afanes artísticos. Una atroz experiencia vital que influirá en su visión del arte. Así declara su férrea voluntad por avanzar en su carrera, con mayor ímpetu incluso al mostrado hasta entonces: “De hecho, mi último trabajo se basa en todo lo que me ha pasado. No se nota mucho, porque no me gusta que lo personal sea muy obvio, pero ahí está. Por ejemplo, Flat (2009) gira en torno a la imposibilidad de levantarse, Deflated (2009-10) es como un globo deshinchado, y Hung (2009-10) es un cuadro que todavía se puede colgar a pesar de estar un poco torcido”.

 Su obra es mucho más conocida en Gran Bretaña que en España. A partir de 2004, cuando expone por vez primera en la ciudad de Vigo,  dos de sus trabajos, Larger than Life, de fecha 1998, y Stuck, de 2001, su nombre empieza a correr por los corrillos avezados en el arte contemporáneo. En 2010  es  la primera artista española nominada finalista para el  prestigioso Premio Turner  por su muestra titulada “After” que presentó entre los meses de mayo y junio en el Candem Arts Center londinense. En ese mismo año recibiría también uno de los galardones que la Fundación Paul Hamlyn otorga a compositores y artistas plásticos. Es además el año en que  presenta Transfer with Armchair, una de sus esculturas más reconocidas en la que transfiere en los objetos de la obra el recorrido de su cuerpo al ser desplazado de una silla a un sillón. Un autorretrato de su discapacidad.

 Más tarde, en 2011, vuelve a España tras el paréntesis forzado por su enfermedad y expone  en el Azkuna Zentroa de Bilbao– una antigua alhóndiga reconvertida certeramente en centro para la difusión de la cultura y el arte actuales.  En 2015 presenta  la exposición Mudanzas en la Galería Carreras Múgica de Bilbao. Hay expertos críticos que opinan lo siguiente sobre el carácter premonitorio de algunas  piezas expuestas: “las estructuras como pilares rectangulares en colores que van del amarillo al rojo, los grados cromáticos del fuego, recuerdan a una tragedia londinense que le tocó de cerca a la pintora, el terrible incendio de la Torre Grenfell, en junio de 2017. Porque su actual estudio se encuentra precisamente a los pies de esa torre. Tan cerca que temió haber perdido todo lo que contenía, años de trabajo.”

Pintora feminista a ultranza en defensa del papel de la mujer en el arte actual predica cada día con sus obras en favor del impulso y el auge de muchas mujeres artistas que pugnan por romper el techo de cristal que aún existe en el desarrollo de su creatividad. Ella misma es un ejemplo: se mueve en silla de ruedas por su taller de Portobello junto a un equipo de fieles ayudantes acostumbrados al método de trabajo, pero es Ángela de la Cruz, su cabeza y sus manos (aunque con menos fuerza que antes) la que marca los ritmos de cada nueva creación. El taller, ocioso es decirlo, continúa gestando obras a pleno rendimiento.

En el año 2017 el Ministerio de Cultura de España le otorga el Premio Nacional de Artes Plásticas. Y varias piezas suyas han encontrado comprador en ARCO, la feria de arte contemporáneo de Madrid. Son también varias las galerías de renombre (Lisson Gallery en Londres o Helga de Alvear en Madrid, por ejemplo), que acostumbran a presentar sus piezas en exposiciones. Convertida hoy en día  en una de las artistas españolas más reconocidas en el panorama actual del Arte Contemporáneo, ella se siente orgullosa de poder seguir evolucionando  a pesar de su mermada condición física. Un buen ejemplo reciente es poder contemplar su obra junto a la de otros renombrados artistas internacionales en el Museo de Arte Contemporáneo Helga de Alvear, inaugurado en Cáceres en el mes de febrero de 2021 con la presencia de los reyes de España.

No es la suya una biografía corriente, ni en lo personal ni en lo artístico, pero sí una vida plena de superación y entrega, de logros y también de pérdidas, de emoción y sufrimientos, de indagación constante en su propia identidad, de tratar de compensar con su Arte Expandido las cosas que no le gustan de la época que le ha tocado vivir.

“Siempre me sentí diferente”, manifiesta con sinceridad.

( Nota: Los párrafos en letra cursiva, han sido extraídos de distintas declaraciones de la propia pintora en diversas entrevistas).

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