ARTÍCULO: El apasionante mundo de los cazadores de tendencias

La vaguedad acerca del futuro es una de las mayores preocupaciones del mundo de los negocios. Los altos directivos de las empresas pierden el sueño a menudo ante la incertidumbre de lo que le sucederá a sus marcas en el inmediato futuro. Quizá por ello muchas grandes marcas ( Reebok, Adidas, Nike, Coca Cola, Levi´s, Coverse, Unilever, Nokia, Gap, Pepsi y muchas otras), se engancharon desde el principio a una nueva técnica de marketing llamada caza de tendencias. Compañías todas ellas que, como consecuencia de esa técnica, son apreciadas en todas partes por su habilidad para descubrir y lanzar novedades que llegan a perdurar durante décadas.

La gran cuestión que pende sobre la cabeza de todo prospector del mercado es identificar cuanto antes qué novedad o innovación puede convertir en su ventaja, qué les llevará a ser líderes en los años por venir. Así, es su mayor objetivo es pronosticar el futuro tan acertadamente como les sea posible, lo que les permite identificar mejor los fines de su negocio a largo plazo y la visión de su corporación.
En los últimos tiempos los cazadores de tendencias se han convertido en el método más utilizado por las empresas para mantener el paso de los avances en muchos aspectos de nuestra vida. El motivo que explica el creciente uso del método del cool hunting es que se trata de un método muy acertado para predecir el futuro que puede situar a una compañía en la banda más alta de la economía mundial. La caza de tendencias tiene el poder de hacer crecer una marca y prometer grandes beneficios a las empresas que innovan, crean y lanzan nuevos productos.
Los cazadores de tendencias usan a menudo técnicas como la del focus group para identificar hacia dónde van los gustos de la gente: se elige al azar una selección del público objetivo para cada ámbito de investigación y se le pasan varias preguntas. Las respuestas de los participantes son a menudo menos importantes que las conductas que muestran, observadas con detenimiento; es el comportamiento natural y espontáneo del grupo elegido lo que puede ofrecer pistas inconscientes de su futuro interés y revelar las tendencias que nadan en su imaginación. Los cazadores de tendencias, además, trabajan en secreto, como si fueran espías, observan discretamente lo que recorre las calles y consiguen información de los profesionales del sector implicado. Las empresas de moda, por ejemplo, suelen enviar cool hunters a los conciertos, las presentaciones de músicas y otros actos multitudinarios para observar la ropa, los aderezos y complementos que llevan puestos los asistentes. Son visionarios de ideas y extraen de la observación de la gente lo que puede llegar a convertirse en moda.
Muchas compañías encargan el reconocimiento de las tendencias del mercado a especialistas externos mientras que otros tienen sus propios departamentos internos para esa finalidad. La ventaja de la solución interna es que nadie conoce los productos de su empresa mejor que quienes trabajan en ella y así es posible orientar mejor la prospección y acotarla más en el tiempo (siempre, hay que decirlo, que el coste interno de tales especialistas justifique el mantenerlo). Otras veces es preferible contratar a los externos si se quiere dar un fuerte giro a lo que se viene haciendo desde mucho tiempo atrás.
A la extensión de la plataforma Facebook se la ha considerado a menudo por los cazadores de tendencias como el mayor impulsor del mercado. Y es que la caza de tendencias de moda a través de ordenador, online, es hoy día también una muy útil fuente de información para los hunters. Pude ser que una encuesta difundida para la concesión de un premio caiga en manos de un cool hunter para analizar las respuestas, o que un chat online sea seguido en silencio por los especialistas del mercado para detectar los gustos de un colectivo, cómo hablan, qué dicen o que opinan de los sucesos y datos que ocurren a su alrededor.
Los cazadores de tendencias practican una observación continua y meticulosa de las tendencias en boga sobre modas, gustos, atracciones y tendencias, una herramienta silenciosa que les sirve para pronosticar la dirección que va a triunfar en el próximo futuro. Su éxito profesional se mide por la capacidad que tengan de prever y acertar por dónde van a ir las tendencias en su mercado. Mientras numerosas compañías se embarcan dubitativamente en una exploración sin fin de un posible nuevo éxito en su producción y fabricación, muy pocas lo logran en la realidad si no disponen de alguien con fino olfato y aguda mirada para adivinarlo. El cool hunting, en cambio, significa estar y vivir en el mismo corazón de la investigación de mercados. Es el arte de hallar captadores de la opinión y de ser capaces de establecer líneas de futuro para la innovación. Con ser eso importante, sin embargo, los mejores cool hunters no se detienen ahí, sino que elevan su poder de decisión dentro de las compañías a medida que demuestran tener la habilidad de presentar nuevas ideas creativas y convertirlas en una sólida inclinación hacia un mercado en expansión.


Y llegados a este punto surge una pregunta lógica, cuál es el perfil de un buen hunter. Cómo son esas personas que disponen de tal radar interno especial para detectar cosas nuevas que pasan cerca, suceden o aparecen en su entorno o su ciudad. Los cazadores de tendencias son jóvenes, creativos, llenos de vitalidad y dotados de una gran sensibilidad hacia la cultura y los cambios del entorno en el que viven. La mayoría de ellos suele haber adquirido una experiencia cercana y algún tipo de cualificación en moda, diseño, arquitectura, desarrollo de ideas plásticas y campos similares. Pero, muy probablemente, su característica más importante sea su intuición, su enorme capacidad para fotografiar y describir las tendencias o ideas que visualizan a su alrededor.


Todo ello es lo que explica que la mayoría de las más grandes firmas internacionales inviertan millones cada año en nuevas investigaciones de producto y desarrollo para descifrar los cambios que se avecinan, hacia dónde van sus mercados y el gusto de los consumidores. En ese punto encuentran su nicho los cazadores de tendencias, los especialistas del cool hunting.

HAY PERSONAS QUE VIVEN DE AGITAR EL INCENSARIO Y OTRAS QUE VIVEN DE DESTRUIR MONUMENTOS. NO DEBEMOS TOMAR EN SERIO NINGUNA DE LAS DOS ESPECIES. (Hermann Hesse).

 

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