ARTÍCULO: El tatuaje y el tatuador

La moda del tatuaje se ha convertido en costumbre, en fenómeno universal. La estadística dice que al menos el 12% de los europeos están tatuados. Cuerpos enteros, espaldas, penes, brazos, piernas, costados, pechos, estómagos, cara, cabezas calvas, exhiben hoy día motivos florales, nombres, dragones serpenteantes, piratas, monstruos, imitaciones de animales, cruces, santos, veleros, muñecas  o muñecos, ánforas o dibujos geométricos. No poco contribuyen a ello los medios de comunicación; pantallas de televisión, revistas, prensa, videos o cine, nos muestran continuamente a actores y artistas, deportistas y otros héroes sociales que orgullosos exhiben  sus tatuajes como enseña de identidad.

Según reza en Wikipedia, el tatuaje es una modificación permanente del color de la piel en el que se crea un dibujo, una figura o un texto y se plasma con agujas que injertan tinta o algún otro pigmento en la epidermis. Sulfato rojo de mercurio, níquel, cromo, cobalto, óxidos de hierro, titanio o zinc, son algunos de los componentes con que trabaja el tatuador. Procedan del idioma samoano, “tátau”, del francés “tatonage”, o del inglés, “tattoo”, los tatuajes son antiguos, muy antiguos; arqueólogos, antropólogos y estudiosos de la cultura han constatado su existencia en diversas partes del mundo, Polinesia, Egipto, Japón o Sudamérica, y en fechas muy lejanas. En la Cultura Chinchorro, en la costa de Perú, se han hallado tatuajes de hace más de 5000 años en las llamadas momias rojas, cuerpos pintados con tonos ocres y la cara en negro. En más antiguos yacimientos han aparecido piedras de color oscuro que parecen haber sido rascadas contra alguna superficie dura para producir polvo negro y que, en opinión de algunos científicos, son un indicio de que los neandertales empleaban polvo de manganeso para decorarse el cuerpo.

Luego está Ötzi, el llamado hombre de los hielos, que vivió hace 5300 años y cuyo cadáver momificado fue descubierto en 1991 (expuesto actualmente en el Museo Arqueológico del Tirol, en Bolzano, norte de Italia). Sus 57 tatuajes en la espalda están aún a la espera de un examen detenido para determinar sus significados, simbólico, ritual, terapéutico…

Hacia el 1880 eran miles los marineros que hacían escala en el puerto de Nueva York. Los marinos con permiso, los trabajadores del puerto, personajes de los barrios bajos y ambulantes sin oficio, con la paga recién cobrada unos, otros con dinero en los bolsillos, acudían a Chatham Square, un distrito portuario de la ciudad, atraídos por la vida alegre. Los prostíbulos y garitos que calentaban las calles del puerto  atraían también a personajes sin futuro que hasta hacía bien poco se ganaban la vida como Tatuadores durante la guerra civil americana. En Nueva York encontraron el ambiente de olores, vocerío, peleas y gente vividora que ellos necesitaban para ejercer su labor. No en vano el repertorio usual de los dibujos epidérmicos de aquellos tatuadores eran peleas de animales mitológicos, escenas bíblicas, dibujos de naufragios llenos de dramatismo, destrozos de grandes olas  y hundimientos de barcos que serían el reflejo de las tumbas de los marineros.

Con los marinos de esos tiempos  viajaron los tatuajes de país en país como aves migratorias. El definitivo espaldarazo a la técnica del tatuaje llegaría unos años más tarde a través de un nuevo invento: la pistola de tatuar. Con su uso terminaban los días del picado a mano  y aumentaban la velocidad en el trabajo y la precisión en el dibujo mediante plantillas de papel o plástico sobre la piel del cliente. También así se produjo el salto a las barberías de hombres; un minúsculo rincón del local servía para el tatuador y los carteles de sus obras decoraban las paredes del lugar. Las barberías cercanas a las zonas portuarias parecían un zoco árabe con tanta lámina y anuncio y el continuo ir y venir frente a los reclamos. En cuanto a Chatham Square, el distrito de Nueva York no pasaría mucho tiempo en que el tatuador abriera su propio establecimiento separando su negocio del de los cortes de pelo y afeitado.

Se habla de varios estilos al hablar del tatuaje: el old school, el brush, el black and grey, el stencil, el new tradition, el llamado ornamental por su estilo geométrico o el realista, denominado así porque reproduce un retrato en colores negro y blanco. Los múltiples pinchazos que imprime en la piel la pistola de tatuar y los diversos componentes que el artista puede usar traspasan la piel del cliente hasta lograr que la tinta se fije bien Un trabajo delicado que puede provocar heridas por lo que el cliente ha de elegir con cuidado al profesional en cuyas manos se pone.

La primera guerra mundial marcó el momento de mayor popularidad del tatuaje en la ciudad de Nueva York. Aviones y armas de guerra dominaban el trabajo de los tatuadores; la contienda colaboró, asimismo, en la extensión del tatuaje a otros puertos europeos, Londres, Ámsterdam o Marsella. Por la misma época el tatuaje encontró otros puntos de expansión: el circo, las barracas de feria y los concursos de tatuajes en las fiestas. La aparición de mujeres desnudas con el cuerpo totalmente tatuado llegó a ser por entonces una de las más llamativas atracciones de tales espectáculos ( en la historia del tatuaje se menciona los casos de la Venus Tatuada, la Bella Irene, la Bella Saharet o Stella Grossman, que merecían lugar propio en exhibiciones a solas o en colaboración con los lanzadores de cuchillos y equilibristas.

A mediados del siglo XX existía una amplia nómina de famosos tatuadores, artistas con numerosos premios y enriquecidos a base de tatuar y pintar maravillosas escenas en hombres y mujeres de medio mundo (fenómeno algo parecido a lo que ocurre con dibujantes de comic o, en fechas aún más recientes, con algunos grafiteros). Hace tiempo que el tatuaje dio el salto a fenómeno cultural o manifestación del arte. Lejos quedan los días en que se le identificaba con el submundo portuario, con la criminalidad, una moda pasajera o una representación naif de culturas del tercer mundo. Así son muchos los turistas viajeros, entendidos o no en la materia, tatuados o no, visitan los museos del tatuaje (México, Estados Unidos, Ámsterdam o España, en el museo El Templo).

Las más de 4.000 sustancias químicas que contienen las tintas usadas para la pigmentación son motivo hoy en día de análisis y diatribas entre diversos organismos a fin de dictar por ley lo que se puede usar, cómo se ha de tatuar (un código ético o algo similar), y de productos estás autorizados y cuales no. En el caso español parece que a día de hoy la mayoría de las tintas usadas por los tatuadores no han sido debidamente estudiadas y autorizadas por los organismos de Sanidad. Si las tintas caen bajo los criterios usados en el mundo de la cosmética no ha de ser fácil establecer los límites en su utilización. No se ha demostrado que sean causa de cáncer, como se ha dicho en ocasiones, pero el mercado actual es tan amplio en materia de sustancias, de tipos de tatuaje y de personas dedicadas a ello, que no parece fácil legislar sobre el sector; un conjunto de profesionales- quizá también de arribistas- que ni siquiera disponen aún del reconocimiento oficial de la profesión.

Otros no se tatuarían nunca: un tatuaje bien hecho dura toda la vida y no es fácil hacerlo desaparecer a no ser con técnicas laser; los dermatólogos conocen las escenas de dolor causadas por la tarea de su eliminación y el creciente número de clientes que se presentan en sus consultas  para quitárselo por variopintas razones: “porque ya no me distingo”, “porque los lleva todo el mundo”, “porque ahora ya no me gustan”, “porque no están bien vistos en el trabajo al que me dedico”, “porque si me lo quito yo podré prohibírselo a mis hijos”…

Para finalizar: 8 ideas extraídas de un buen reportaje sobre el asunto (autora Mónica Luengo, El País Semanal Abril 2019):

1. El tatuaje ha vivido un crecimiento exponencial en la última década. Las redes sociales y su popularidad entre deportistas de élite y figuras de la música lo han convertido en un fenómeno global.

2. Hoy día hay más de 300 estudios en Madrid y entre 2500 y 3000en todo el país. Además existe un fuerte intrusismo.

3.Llevar todo el cuerpo cubierto puede llegar a costar entre 35000 y 60000 euros.

4.Los diseños de catálogo son historia. Los clientes buscan cada vez más un tatuador o un estilo concretos.

5. El cuerpo se ha convertido en una pantalla que proyecta una identidad soñada.

6. hoy hay empresas que ofrecen hasta 200 tonalidades.

7. Existe una Unión Nacional de Tatuadores y Anilladores Profesionales. UNTAP.

8. Los doctores y Centros Médicos contabilizan hasta un 50% de sus pacientes que acuden para el borrado láser de sus tatuajes: por cuestiones laborales, porque ya no les identifican, porque no les gusta el resultado del tatuaje que les dibujaron…

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .