ARTÍCULO: DEL SIGLO XIX AL XX: EL ARTE Y LAS LLAMADAS “VANGUARDIAS”.

 

Suele llamarse “vanguardia” a aquella tendencia o movimiento artístico que busca experimentar mediante la incorporación de nuevos elementos y oponiéndose a las formas vigentes hasta entonces. Nada nuevo en la historia del arte como escribe el premio nobel Vargas Llosa en un artículo reciente: “las vanguardias suelen revolucionar las formas que ya habían sido revolucionadas una y mil veces por los clásicos”.

La Ars Poética de Aristóteles o la Carta a los Pisones, del romano Horacio, por ejemplo, subrayaban el papel de la poseía como fundamento de la pintura, de la escultura y de otras artes basadas todas ellas en el orden en el espacio, en la plasmación del momento único: para inmovilizar lo fugitivo y poder captarlo, decían, hay que detenerlo. El advenimiento de un modo de nuevo de concebir las artes partía, en cambio, de la idea de que la poseía, la danza o la música, hallaban su orden en el discurrir del tiempo, en el afán por presentar secuencias, un momento tras otro.

En último extremo, la fidelidad a una concepción del arte como la unión de la obra y la experiencia sensible era asimismo criticada por nuevas orientaciones que acusaban a lo anterior de haber convertido el arte en un instrumento para la idealización. A partir de mediados del siglo XIX, además, el arte antiguo se había vuelto sospechoso por la proliferación de bellas imágenes de batallas y catástrofes. Los cambios habidos en la correlación de fuerzas de poder entre distintos países y el advenimiento, unos años más tarde, de una catástrofe tan fuerte como la conocida como Gran Guerra, facilitaron la aparición a finales de ese siglo y los primeros años del siguiente de las llamadas Vanguardias. Tras la hecatombe sufrida en la guerra, no tiene sentido el arte sublimándolo como poesía, declararán los filósofos unos años más tarde. La cercanía de la música de Wagner a Nietzsche, la filosofía de Schopenhauer, la nueva música de Schomberg y la literatura de Rilke,  anunciaban ya hacia el 1910-14  un profundo sentimiento por la pérdida del dolor romántico  y el acercamiento del mundo artístico a la desilusión y el pesimismo.

Mallarmé, en literatura, Odilon Redon en pintura y C. Debussy en música, eran tres de los grandes creativos del momento a fines del XIX. ¿Es posible una pintura musical? ¿Una música hecha sólo con palabras? ¿Superar, en última instancia, la especificidad de cada disciplina? Estas y otras cuestiones relativas a las relaciones entre diferentes disciplinas artísticas eran planteadas por ellos en sus frecuentes tertulias por entonces. ¿Qué fue lo que impulsó a los artistas de este contexto a romper con las fronteras tradicionalmente impuestas a cada una de sus disciplinas artísticas? Por un lado, la necesidad que imponía la nueva realidad, por otro, la búsqueda de plena libertad del artista, tanto formal como estilística.

El pintor Cezánne, por su parte, al que algunos atribuyen el papel del origen de la estética cubista, había roto unos pocos años antes en sus cuadros con lo univisional (la existencia de un único punto de vista y de fuga heredada del arte del Renacimiento); a la perspectiva geométrica le sucede con su pintura un tipo de perspectiva basada en lo que el artista ve, en lo que el ojo percibe en cada parte. Una visión diferente de sus cuadros que obligaba a que fuera el espectador quien integrara en su cerebro las diferentes partes de lo que estaba contemplando. Calificado como pintor postimpresionista, la pintura de Cezanne se agigantaría, como en muchos otros casos en la historia del arte, con su muerte (1906). Ya en 1907, en el Salón de Otoño parisino, su pintura llegó a impactar de tal modo a los visitantes que en tal ocasión se le atribuye a Picasso la siguiente frase: “Cezanne es el padre de todos nosotros”.

Y ahora veamos la evolución y el pensamiento de la época por parte de diversos ámbitos:

 

LOS FILÓSOFOS.

Nietzsche veía en la música de su amigo Wagner una resurrección de la Tragedia Griega, un hermanamiento terrible entre el amor y la muerte. Bajo la superficie de armonía y razón, lo apolíneo de la cultura griega, subyacería una dimensión caótica y vital que él llamaba lo dionisíaco. En la embriaguez se expresa lo dionisíaco, en el sueño lo apolíneo. En el sueño hay figuras y formas; en la embriaguez se diluyen las figuras y las formas, no hay separación ni diferenciación. Esos serían los dos principios metafísicos que subyacen a toda cultura y al hombre. Principios opuestos, pero a la vez unidos ( “Y he aquí que Apolo no podía vivir sin Dionisos”). Y esa unidad en la discordia es lo que le da la fuerza al hombre, porque cuanto mayor sea lo dionisíaco, más fuerte tendrá que ser lo apolíneo para sostenerlo.

O el reclamo de Schiller, cuando compara la ingenuidad gloriosa de los griegos, su plenitud, con la melancolía y el dolor, el alejamiento y la distancia de la naturaleza en que vivían los alemanes. Lo apolíneo vs lo dionisíaco, el éxtasis frente al dolor. La enfermedad como disparador de la creatividad artística.

Pero el sufrimiento no debe hacer al hombre olvidar la Vida; el pensamiento no es suficiente para la vida, hay, además, que pensarla, sentirla, vivirla. El Vitalismo de Nietzsche se contrapone al sufrimiento del cristianismo, una voluntad de ocaso que la filosofía de la época lanzaba contra el cristianismo y que cristalizará en la Voluntad de Poder de Schopenhauer que vendría  a ser lo que en la tragedia griega era lo dionisíaco. Schopenhauer  pensaba que la música es el arte más puro (por eso nos sublima, nos ilumina), aunque solo nos liberara, en grado sumo, en tanto en cuanto dura la experiencia estética con ella; terminada ésta,  el sujeto vuelve al hastío, la cotidianeidad, el dolor permanente en el que no existe la vida. ¿Cuáles serían los modos de escapar de esta Voluntad de Poder: la moral –experimentar compasión-, el ascetismo-la liberación suprema- y el arte- cuanto más cerca está el arte de la materia es menos puro, cuanto más alejado de ella, es más puro.

La vida, vuelve Nietzsche, está hecha de instantes y hay que agarrarse a ella. Lo demás son huidas de la vida, pensando en Dios, en las esencias, en el ser, etc. aún sabiendo que se nos va de las manos. Eso es el sentimiento trágico de la vida, que el destino hace lo que quiere con nosotros. Que no podemos parar el tiempo ni volver atrás. La culpabilidad es la palanca de chantaje con la que se nos venden otras cosas, dios, los políticos, los sacerdotes, todos vienen a salvarte: pero de qué, dirá su filosofía.

También se da en esos años el pensamiento de H. Bergson y su teoría de los dos tipos de tiempo: la duración y la cronología. Hay un tiempo mítico, un tiempo atemporal apreciado por las religiones con el nombre de eternidad. Hay un tiempo lineal y un tiempo cíclico, un itinerario vital, un tiempo que se repite una y otra vez (las estaciones, p.ej), y está el tiempo de la vida, con un principio y un fin. Hay un tiempo de cambio, del deterioro y del desgaste, del transcurrir, de la sucesión de las cosas y de los acontecimientos. Hay un tiempo del ritmo, la música, la poesía, el corazón, las fases, las etapas…Hay un tiempo social: citas, agendas, la urgencia, aperturas, cierres, duración, calendarios, antes, después, ahora, esperar, ayer, hoy mañana…)

Es en medio de esas claves donde se sitúa la figura del poeta Rainer María Rilke. A lo largo del siglo XIX se ha querido asimilar música y naturaleza (ej. la sinfonía Pastoral de Bettoven o Mi País, de Smétana) pero hacia finales de ese siglo se da una tendencia de las artes plásticas hacia la abstracción. En torno al 1900 era un tiempo en que se daba una proyección de la pintura hacia lo abstracto y un lenguaje musical distinto al anterior, hacia la atonalidad.

En la época en que la filosofía está lanzando estas ideas, Proust escribe los dos primeros volúmenes de En busca del tiempo perdido. Hay una corriente que une a Nietzsche, Schopenhauer, Bergson, Proust, el poeta Rilke o el músico Schomberg con el concepto de la  infinitud y la teoría de la música infinita de Wagner.

Pero Holderlin enunciaba: “es hora de que olvidemos a los griegos, los griegos somos nosotros”. Si en los griegos no había escisión entre el hombre y la naturaleza, o los dioses, en los alemanes- los nuevos griegos- la melodía es el dolor, el gran tema de la época. Y en el intermedio entre la primera (1914) y la segunda (1939) guerras mundiales, aparecerá y crecerá con Hitler el mito de la gran Alemania al grito de los griegos somos nosotros, la raza inmortal.

LA LITERATURA

Gaston Bachelard habla de “la poética del espacio”: existe el sótano(subconsciente), el plano tierra(la vida cotidiana)y la buhardilla(los sueños) y Rainer Mª Rilke comparte con otros artistas de la época el poder de la palabra como vehículo del pensamiento, lo que la palabra puede o no puede decir acerca de lo que el pensamiento es capaz de pensar.

R.M. Rilke viaja a España en 1912. Visita Toledo, Sevilla, Ronda y Madrid. Descubre la pintura de El Greco en Toledo y en Madrid; ante La Crucifixión que admira en El Prado (un cuerpo de Cristo que casi se desinfla, casi se desmorona, mientras la sangre mana a raudales de diversas partes de su cuerpo), el poeta llega a sentir el lenguaje universal de la música… sonido puro que se va a convertir en una música inaudible, que traspasa la visible y lo invisible, que nos lleva a lo infinito, a lo abierto.  Y junto a sus notas sobre el cuaderno el poeta escribe la palabra MUSICA. La música, pues, llevará su poesía a la plenitud. Esta visita servirá al poeta para admitir que la música debe ser y es la expresión del arte más completa y definitoria entre las artes.

La evolución de la poesía de Rilke le lleva a no querer hacer más poesía referida a cosas concretas, sino a proyectarse hacia una cierta desmaterialización, o un mundo de evocación, imágenes, simbolismos y recuerdos autobiográficos. Se nos escapa la vida, como se escapa la música transformada en poesía. Las «Elegías de Duino» y sobre todo los «Sonetos a Orfeo» representan el punto álgido de esa visión de Rilke en que la música se erige en punto de conjunción entre lo temporal y lo eterno, lo material y lo espiritual, lo individual y lo cósmico. Su último libro, Los Sonetos a Orfeo, su testamento poético-musical, se lo dedica a Orfeo, el dios de la música.

La Música como guía del resto del arte; las otras artes están agotadas- de ahí la aparición de tanto sentimiento nuevo: impresionismo, postimpresionismo, neoimpresionismo, nabis, fauvismo, simbolismo, surrealismo, cubismo, abstracción- que duran muy poco y desaparecen uno tras otro. La Música aparece como la única tabla de salvación para la trágica existencia del hombre. Incluso la disonancia wagneriana es como una herida armónica, un arte que da dolor pero provoca éxtasis y placer; el dolor sublimado a través de la música. Por esas mismas fechas escribe Proust: “la música se parece a la vida, solo la podemos amar sucesivamente en el tiempo”.      

LA PINTURA

Las tensiones sociales y políticas son graves durante la primera mitad del siglo XX; tanto la guerra como el período de entreguerras provocan en los artistas su ira, su frustración ante lo absurdo y su necesidad de expresar la dureza del mundo que están viviendo, distanciándose de los lenguajes y de las formas tradicionales.. La guerra afecta directa e indirectamente a todos los seres y la presión psicológica y el testimonio de la catástrofe quedan presentes en la obra gráfica de los vanguardistas. La pintura rompe así con las convenciones establecidas sobre la perspectiva y sobre la representación figurativa y sufre la mayor transformación desde el Renacimiento.

El artista busca una forma diferente de expresar las realidades cambiantes, da valores subjetivos al color e insiste en la velocidad y la simultaneidad.     El objeto es sometido a toda suerte de experimentos: reducido a color en el Fauvismo, geometrizado en el Cubismo, distorsionado en el Expresionismo, vibrado dinámicamente en el Futurismo, soñado en el Surrealismo; al final el arte abstracto llegará definitivamente a su eliminación.

Algunas de las corrientes que se expanden en la pintura a partir de 1910/1915 son:

LA VANGUARDIA RUSA: Marc Chagall, Goncharova, Kazimir Malevich, Popova, Rodchenko o el propio Kandinsky.

EL FUTURISMO: El término futurismo se encuentra por primera vez aplicado al arte en un manifiesto del poeta italiano Marinetti: “Declaramos que el esplendor del mundo se ha enriquecido con una belleza nueva, la belleza de la velocidad. Un automóvil rugiente que parece correr sobre la metralla, es más bello que la Victoria de Samotracia”. Para pintores como Boccioni o Severini el impresionismo se había detenido en el umbral: de igual manera que el sonido podía ser representado como una sucesión de ondas, el color podría hacerlo como una vibración de forma prismática. Fue un movimiento con muchos artistas comprometidos con el fascismo que no encontró, sin embargo, demasiados seguidores.

EXPRESIONISMO: Con este término se denomina una pintura en la que prima la expresión subjetiva sobre la representación de la objetividad. Se plantean las angustias vitales del hombre con una carga dramática, pesimista y crítica. Este término engloba obras y autores de un amplio período, aunque el país donde esta línea de vanguardia alcanza mayor intensidad es en Alemania. El valor fundamental del artista es la libertad individual para expresar las emociones que quiere se reproduzcan en el espectador. Los momentos de tensión, frustración y desgarramiento político provocan en la paleta de estos pintores la expresión de un grito de protesta. Las ciudades de Dresde, Munich y Berlín son los centros culturales, junto con París, donde surgen agrupaciones de artistas que perfilan el expresionismo. Sus figuras más representativas son:

Munch. Consagrado al estudio de los problemas psicológicos de la sociedad moderna, la soledad, la angustia y el miedo al sentir la fría e infinita naturaleza. Usa colores irreales y violentos, que enlazan el paisaje y sitúan en el centro la persona en situación desesperada.
Ensor  Su técnica es de colores vivos y textura fina o compacta. Las máscaras, presentes en sus obras, son grotescas hasta llegar a lo macabro.
El grupo de Dresde. Kirchner o Nolde, entre otros. Tienen en común algunas técnicas y propósitos, como el uso de colores planos y arbitrarios, el alargamiento de las figuras, las coincidencias temáticas (desnudos, animales, bailarinas,…), los contornos negros y la fuerza de la línea.

El grupo de Munich, donde surge una segunda oleada expresionista: Tendencia a la abstracción y dinamismo y simbolismo en el uso del color. Kandinsky es considerado como uno de los más brillantes teóricos del siglo.
El Grupo de Viena. Durante la guerra algunos pintores necesitan expresar su dolor ante la irracionalidad y la destrucción. Kokoschka o Schiele utilizan trazos gruesos y manchas de color como torbellinos.

SCHIELE

EL DADAÍSMO: Es una de las vanguardias más radicales que imponen una auténtica mutación en el arte contemporáneo. Este nuevo movimiento nace a la vez que se desarrolla el cubismo y el surrealismo, cuando en Europa se ha iniciado la guerra de 1914. La palabra “Dadá” es una voz que identifica a todo este gran grupo por expresar el estado de ánimo negativo frente a la hecatombe bélica. Toman como bandera el lema de Bakunin: “la destrucción también es creación” y en su Manifiesto de 1918 dicen: el arte es una idiotez… todo lo que se ve es falso. Se sienten desencantados ante lo absurdo de la política y adoptan un aire anárquico. Los artistas más significativos de esta vanguardia son Duchamp, Arp, Picabia y Grosz.

EL SURREALISMO: A. Breton firma el primer manifiesto surrealista en 1924: Creo en el encuentro futuro de estos dos estados, en apariencia contradictorios, como son el sueño y la realidad, en una especie de realidad absoluta, de surrealidad.

Sus fines son provocar la expresión libre de aquello que consideran lo más íntimo en el hombre, su inconsciente y su imaginación. Introducen su obras máquinas fantásticas, aíslan fragmentos anatómicos, animan lo inanimado y plasman metamorfosis, perspectivas vacías y creaciones evocadoras del caos. En su obra abundan las temáticas eróticas en referencia a la importancia que el psicoanálisis otorgaba al sexo.

Dos de los artistas más representativos son Salvador Dalí, surrealismo y provocación, y Joan Miró, lenguaje preciso y minucioso que trata de plasmar la realidad surgida del sueño.

LA ABSTRACCION: Su propósito es prescindir de todos los elementos figurativos para concentrar la fuerza expresiva en formas y colores que no ofrezcan relación con la realidad visual. Su obra se convierte en combinaciones de colores que intentan expresar la necesidad interior. El color se ordena libremente, a impulsos de la inspiración.

Por último el ya citado V. Kandinsky que, junto con P. Klee, son considerados los padres de la pintura no figurativa. Sus seguidores, llamados neoplasticistas, reducen la abstracción a representaciones geométricas de colores delimitados por franjas y a eliminar todo rasgo concreto de un objeto visible. El cuadro se transforma en una idea intelectual.

LA MÚSICA

A finales del siglo XIX, aunque se sigue reconociendo a Wagner y a Franz Liszt como padres de una nueva musicalidad, se produce una reacción violenta contra el pasado romántico basada en una música más intelectual y menos emotiva. En el ámbito popular, mientras la música de corte nacionalista decae lentamente, aparece la música de masas como un nuevo fenómeno social que dará paso a la vanguardia: un movimiento progresivo que se enfrenta a la rigidez, se abre a atrevidas innovaciones  y en el que las es cuelas y tendencias  cambian en forma vertiginosa.

Las principales corrientes de la música de la llamada Vanguardia  fueron, junto al aludido Expresionismo dodecafónico de Schomberg, el Impresionismo, el  Neorromanticismo, el Misticismo, , el Politonalismo, el Microtonalismo, el Neoclasicismo y el Exotismo; músicas centradas todas ellas en el ritmo y el timbre lo que  daría lugar más tarde a la música aleatoria y a la electrónica. El conglomerado de tantas corrientes musicales, tan cambiantes, tan efímeras algunas, tan alejadas de las ideas clásicas sobre una única estética llevará al filósofo Theodor Adorno a distinguir hasta siete maneras de escuchar la música: Escuchar como expertos, prestar atención, escuchar para cultivarse, escucha emocional, escuchar por tradición, escuchar para divertirse  y escucha indiferente.

Arnold Schoenberg, impulsor de la música atonal en plena época del Romanticismo desarrolló a partir de 1921 una técnica dodecafónica que rompía con la jerarquía tonal. Prohibía usar una nota más que otra y se establecía una relación serial de los 12 sonidos existentes.  De esta escuela surge el Serialismo, que aplicará esta “anarquía organizada” también a otros elementos como el ritmo, la dinámica y el timbre. Es también la época de la estética expresionista, en la que Schomberg, también pintor de cierto nivel durante una época de su vida, se relaciona con Vasily Kandinsky, la asociación El Jinete Azul y con el movimiento Brucke de Dresde. Su pintura va en paralelo con su música y se acerca a la obra de los expresionistas Much, Kokoscha, Klimt o Schiele.

La anterior disonancia wagneriana era como una herida armónica, un arte que daba dolor aunque provocaba éxtasis y placer. Ahora el arte, a partir de Schomberg, no expresa ni transmite otra cosa que arte; es el arte por el arte. La Música, además, en paralelo con los pronunciamientos de R. M. Rilke, aparece como la guía del resto del arte pues las otras artes están ya tan agotadas que cada vez duran menos las nuevas corrientes que aparecen de repente.

Será Maurice Ravel quien escriba el adiós definitivo a la anterior etapa doliente con su famoso Vals, ambientado al inicio en la atmósfera alegre del vals vienés pero cambiando lentamente para acabar  en un final que casi es ruido. La música de Ravel parece profundamente original, o incluso inmediatamente inclasificable de acuerdo a la estética tradicional; era el propio músico, sin embargo, quien negaba categóricamente para su música el calificativo de impresionista porque mostraba un audaz estilo neoclásico.   En opinión de Ravel el vocablo Impresionismo era una denominación sólo reservada a la pintura.

Debussy pasa por ser el músico más relevante del Impresionismo musical, aunque él lo negara por considerar su arte más  próximo al mundo de los simbolistas, como el de los escritores  Baudelaire o Verlaine con su recreación de ambientes llenos de sensualidad y fantasía. Su predilección por estos poetas se percibe con extraordinaria nitidez en los textos elegidos para inspirar algunas de sus obras más importantes, (el poema sinfónico Prélude à l’aprés-midi d’un faune, sobre texto de Mallarmé, o su única ópera concluida: Pelléas et Mélisande sobre texto de Maeterlinck). El musicólogo Boucourechliev concluía, no obstante,  que la música de Debussy “nos reenvía a la pintura impresionista, porque nos reenvía a la poética del “instante”. 

Erik Satie, aunque alejado de todo academicismo y haciendo música a su libre albedrío, pasa por ser un pilar del vanguardismo musical francés; su estilo se funda tanto en su oposición radical a la estética alemana como en su estilo artístico y en su carácter personal, tan extravagante y transgresor.

El Impresionismo musical tuvo también notables seguidores fuera de Francia: en España( Isaac Albéniz, Manuel de Falla y Joaquín Turina), en Inglaterra,  en Alemania, en Italia (Ottorino Respighi) en Polonia (Karol Szymanowski ) y en Estados Unidos. Tras la música impresionista y las varias corrientes, ya comentadas, que no llegarían a cuajar, aparecieron otras músicas artísticas cercanas a la pintura (el Futurismo, por ejemplo), o  al nacionalismo (Bela Bartok, Stravinsky y otros).

LA DANZA, un relato parecido en la expresión de las Vanguardias.

La danza que (re)nace por las mismas fechas a partir de Isadora Duncan, intenta rescatar el pasado mítico y el retorno a la naturaleza (neo-romanticismo). Considerada por muchos la madre de la danza moderna, bailarina autodidacta, coreógrafa y maestra de baile, su sensibilidad la indujo a renovar la danza mediante el retorno a la Grecia Antigua. Estudiaba los movimientos de las danzarinas en las antiguas vasijas griegas, y de allí adoptaba sus características posturas (la de echar la cabeza hacia atrás, por ejemplo, como hacían las bacantes).

Isadora Duncan tiene en común con las vanguardias artísticas y políticas de la época su espíritu de enfrentamiento al arte burgués (representado por el ballet) y sus reflexiones procedentes del expresionismo y de la filosofía nietzscheana sobre la existencia, el cosmos y el lugar que debe ocupar el arte en el mundo. Como la gran mayoría de los artistas de su época, sus ideas sobre el arte se cruzaban con ideas políticas, de corte revolucionario marxista-leninista en su caso, y sobre el lugar de la mujer en la sociedad moderna.

Y hasta aquí un repaso somero, forzoso es reconocerlo, al concepto de Vanguardia en el arte. Tradicionalmente se sitúan los años finales del siglo XIX y el primer tercio del XX en el intento de definir, por vez primera en la historia, un conglomerado de corrientes artísticas que revolucionaron la idea y la visión de lo que hasta entonces se  denominaba Arte. Es por ello por lo que nuestra visión actual de ese mundo tiene tanto  que ver con lo que habitualmente se denomina el Arte de las Vanguardias.

 

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