ARTÍCULO: EL INSTANTE DE MI MUERTE.


A Maurice Blanchot, filósofo y pensador, lo fusilaron junto a otros partisanos durante la guerra, pero no le dieron el tiro de gracia y sucedió uno de esos milagros que se producen a veces cuando apenas hay esperanza. Tras aquel instante de inmovilidad, un tiempo inexistente que detuvo el tiempo, Maurice Blanchot logró salvar su vida, se recluyó en un pueblo francés desde el que, sin tener apenas vida pública, sin aparecer casi nunca en ningún sitio, se convirtió en un excelente crítico literario, uno de esos cuyos comentarios enriquecen los libros de los demás, y un pensador que extendería su influencia sobre gran parte de la filosofía moderna. Desde el crucial episodio de su cercanía con la muerte frente al pelotón nazi de fusilamiento, el joven Maurice estuvo “ligado a la muerte por una amistad subrepticia”, el imborrable recuerdo del instante de su muerte siempre pendiente desde entonces.
Se envejece rápido cuando se está a punto de morir, más aún cuando se vive como si se viviera, cuando se está inseguro ante la vida pero se vive como si se estuviera seguro. La única diferencia es que la vida la podemos contar mientras que el instante de la muerte es el único que no podemos contar.

122hCada instante de la vida lleva dentro de sí la muerte, todo instante es una espera de la muerte, de modo que, como diría Nietzsche, la persona viva debería valorar cada instante de su vida porque es un momento único e irrepetible. Un instante de tiempo es eso en lo que sientes que por un lado estás vivo y por el otro estás muriendo.
El joven Maurice vivió el instante final, el de su propia muerte, así que a partir de aquel momento se sintió ligado a ella por una especie de amistad. Pero otros a su alrededor habían sido abatidos, fusilados, masacrados, y él siente la injusticia de la muerte de todos ellos, de quienes en su misma situación no llegarían a salvarse. Él solo estaba vivo por una casualidad, los demás no habían podido librarse así. Eso era la guerra, la vida para unos, la crueldad de la muerte para otros.
Escribe Maurice Blanchot:
“ Sé que aquel al que ya apuntaban los alemanes, no esperando más que la orden final, experimentó entonces un sentimiento de ligereza extraordinario…no trataré de analizar ese sentimiento de ligereza…más bien el sentimiento de compasión por la humanidad sufriente…”

 

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