ARTÍCULO: Recordando a Leonard Bernstein.

Director de orquesta y compositor, gestual y extrovertido, adorado por los medios de comunicación y muy querido por sus músicos, Leonard Bernstein nació en Lawrence (Massachusetts) en 1918, en el seno de una familia judía procedente de Ucrania. Vivamente interesado por la música desde la infancia (característica esta compartida con muchos otros grandes músicos), se pagó las clases de piano que su padre, descontento con su decisión, no quería pagar, impartiendo clases a otros estudiantes. Más tarde estudiaría música y piano en la Universidad de Harvard. En su tesis de licenciatura Bernstein imaginaba la amalgama de muchas y diversas tradiciones musicales: europea y americana, clásica y popular, jazz, negra y blanca.
Casado en 1951 con una mujer chilena, la abandonó en 1976 para vivir con otro hombre tras reconocer públicamente su bisexualidad. Dos años más tarde volvería con ella hasta su muerte en 1978 a causa de un cáncer de pulmón.
Hace ya muchos años los españoles tuvimos la oportunidad de seguir por la televisión pública de entonces alguna de las serie de sus Conciertos para Jóvenes, programa divulgativo de la música clásica que la televisión estadounidense emitió ininterrumpidamente desde 1958 hasta 1972. Quienes siguieran aquellos conciertos( algunos de ellos pueden verse hoy en día a través del canal Youtube), recordarán bien sus dotes histriónicas, su facilidad para la expresión docente, su empatía con los alumnos y su magistral modo de dirigir a la orquesta para calar en los oídos poco acostumbrados de su público juvenil.

leonardSus más fervientes admiradores se dividían entre los que le honraban por sus cualidades como director y los que lo hacían por su arte como compositor de inequívoca personalidad. Como director trabajó con muchas de las más destacadas orquestas del mundo: además de sus largos años como titular de la Filarmónica de Nueva York, dirigió, entre otras, la Filarmónica de Viena, la Filarmónica de Israel, la Sinfónica de Boston o la Ópera Estatal de Viena. Estrenó la Sinfonía Turangalila de Messiaen, dirigió la Medea de Cherubini, con María Callas, la Sonnambula, de Bellini, Fidelio de Beethoven ó Tristán e Isolda. Sus preferencias como director iban desde la obra de Gustav Mahler (su compositor favorito) o Brahms y Shostakóvich, hasta los americanos Aaron Copland y George Gershswin.
En 1942, Bernstein presentó su Sinfonía Jeremiah, obra densa y evocadora del sufrimiento de los judíos europeos. Más tarde compondría los Salmos de Chichester y una nueva sinfonía con el título de Kaddish. Pero fue en el teatro donde el compositor alcanzó su mayor popularidad. Ahí están Despreocupados, por el ballet de J. Robbins, el musical On the town (con su famoso número New York, New York) o la pieza teatral Mass(encargo personal de Jackie Onassis).
Por encima de todas ellas destaca West Side Story, mezcla de músicas dodecafónicas y jazz, bebop, ritmos latinos y otros procedentes de la lírica.El trágico tema de la obra y su música llena de sofisticaciones, las escenas de baile callejero y la atención prestada por el texto de A. Laurents y S. Sondheim a los problemas sociales de los habitantes de la ciudad, marcarían un giro decisivo en el teatro musical americano; su lenguaje audaz, imprevisible en sus giros de estilo y la obra entera muestran un gran compromiso con la solución de los conflictos de la sociedad norteamericana de la época.
Leonard Bernstein dictaba múltiples conferencias, participaba en decenas de concursos, admitía entrevistas, organizaba fiestas y certámenes, ofrecía discursos políticos, componía óperas, sinfonías y musicales, creaba programas pedagógicos por televisión y radio y, por encima de todo ello, dirigía orquestas. Fue, pues, un director polifacético, un compositor insatisfecho, un enamorado de la música que hubiera necesitado dos vidas para satisfacer sus muchas, extensas y variopintas, ambiciones artísticas.
El 19 de agosto de 1990 Leonard Bernstein dirigió por última vez a la Orquesta Sinfónica de Boston, con obras de B. Britten y Beethoven. En una de esas representaciones sufrió un fuerte ataque de tos consecuencia de un enfisema que, fumador empedernido, sufría desde su juventud. Murió el 14 de octubre de ese mismo año de un infarto de miocardio. Una larga, silenciosa y apesadumbrada comitiva funeral discurrió lentamente en su honor por las calles de Manhattan hasta el cementerio de Brooklyn.

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