ARTÍCULO: Descubrir un cuadro. Monet.

Nacido en París en 1840, Claude Monet es un pintor empático que se siente unido a las cosas simples, se identifica con los objetos y se acerca cálidamente a la naturaleza y el paisaje. Es un pintor sin ideas, es un pintor de sensaciones. Un hombre con mal carácter que llegaba a patear sus cuadros o a quemarlos cuando no lograba reproducir en ellos con exactitud cosas tan imposibles como los reflejos del agua, los destellos de los rayos del sol o el momento del nacimiento de las flores de su jardín. Los cambios de clima, los días de mal tiempo o el desbordamiento del Sena o, más tarde, del agua de su estanque arrancaban de su ánimo épocas de desánimo, de ira o de enojo y de frustración.
Algo parecido a lo expuesto debió pensar el crítico que ante el cuadro “Impresión, sol naciente”, pintado por Monet en 1872, al calificar la exposición de la Societé Anonyme Cooperative d´Artistes, Pentres, Sculpteurs, Graveurs de 1873, como la exposición de los impresionistas, dando origen a un término que, si en un principio sería de burla, más tarde ayudaría a los propios artistas a definirse a sí mismos.”Los denigrados impresionistas”, caústica expresión de otro crítico para referirse al grupo de pintores que trataban de romper con el gusto de la época marcado por las academias de arte, hecho que empeoró la situación económica de muchos de ellos.El propio Monet rozó la pobreza extrema y hasta trató de suicidarse, arruinado y desesperado, arrojándose al Sena. Durand Ruel fue el único galerista y marchante que confió en ellos desde el principio (aunque a costa también de arruinarse para terminar más tarde sus días inmensamente enriquecido; les ayudó en todo momento, se hizo amigo de ellos y les lanzó a la fama en los Estados Unidos al convertir su galería de Nueva York en el epicentro del éxito del impresionismo). Cuando Durand-Ruel murió, con la crítica y el gusto francés ya rendido al éxito de la pintura impresionista, será Monet quien recordará aquella situación: “Sin Durand habríamos muerto de hambre todos los impresionistas. Se lo debemos todo”.

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Los historiadores de arte introducen muchos nombres bajo el epígrafe de impresionismo pero, en realidad, esa expresión sólo es viable para un artista, Monet. O para algunas pinturas de aquellos pintores, como Renoir o Manet, que las pintaron siguiendo el estilo de Monet.Y es que los títulos de los movimientos pictóricos no suelen nacer en el seno de los propios artistas, sino en las opiniones y juicios de los críticos.
Las primeras obras de Monet, década de 1860, son de estilo realista, pero ya en la década de los setenta comienza a pintar obras impresionistas, escenas en las que utilizaba la naturaleza como si fuera un espejo de lo que sentía en su interior. La pintura de Monet es la de una naturaleza con historia, ya no es la naturaleza estática del inglés Constable, o la idílica de Petrarca, Poussin o de Claudio Lorena, sino que ya hay una conciencia de que esa naturaleza va a desaparecer.Ni nuestro ser ni las cosas se mantienen estáticas; lo que confiere la misma realidad a nuestra visión y nuestras percepciones para que parezcan constantes y no cambiantes, es la memoria de las cosas(Bergson). Por eso Monet se construye un lugar, el río estanque de Giverny, donde va a beber su restante pintura; un lugar que Clemenceau, presidente de la República y amigo del pintor, le permitirá rellenarlo con aguas del Sena, una clara, y hasta cierto punto arbitraria, excepción a la normativa francesa del momento que le produjo al pintor no pocos enfrentamientos con los agricultores del lugar al acusarle de que su estanque y los tratamientos que el pintor le daba terminarían por contaminar las aguas que ellos recibían en sus plantaciones. Cubre así el pintor la necesidad de que el río atraviese su propio estanque, el final de su viaje por el arte en el que su pintura se remansa y el lugar en el que el pintor morirá en 1926. La Gran Guerra que sumió a Francia en un inmenso dolor sería un último golpe amargo cargado de pesadumbre pero también de profundidad en su modo de pintar.

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Monet es un pintor comprometido con la historia de Francia a través del Sena, desde Fointaneblau hasta Le Havre, desde la catedral de Rouen hasta las Tullerías de París, con pequeñas pinceladas , minúsculas partículas, que generan en el espectador una visión brumosa, de difuminado de la luz. El mundo moderno en el que Monet se ve inmerso empieza a terminar con las imágenes idílicas del pasado, el mundo Constable y de los paisajistas de la pintura pintoresca e ideal. Por eso Monet se fija en la pintura de Turner. Por la misma razón los primeros impresionistas pintarán fábricas, máquinas, humos y chimeneas, hasta que años más tarde esos mismos pintores caigan en la cuenta de que el progreso y la modernidad también traen consigo el ajetreo destructor del paisaje natural. Es entonces cuando Monet pinta cuadros en los que refleja el síndrome del hombre moderno, un ser confuso que ha perdido el espacio soñador de Wodsworth y vive confundido en medio de la multitud.
A partir de 1883 Monet sale al campo con varios lienzos y permanece pintando durante varias horas dando lugar a su concepto de las Series, en las que un mismo motivo o paisaje es pintado repetidas veces, a diversas horas del día, con distinta iluminación.Las Series acaban con su obsesión por los cambios inexorables de la luz con el paso del tiempo. “Soy desgraciado con el tiempo”, dirá, porque la naturaleza cambia tanto que ya es algo diferente. Lo resolverá con esa nueva técnica: pintar el mismo motivo a diversas horas del día, tratando de recoger en cada instante los efectos de la luz  . Contémplense las series sobre los álamos junto al río, la de los almiares o la ya mencionada sobre la catedral de Rouen.
Así pues,con los cambios en las Series Monet trae a la pintura el tránsito de la temporalidad su manera de luchar contra el paso del tiempo y de la percepción. La pintura de Monet alumbra lo que la física moderna investiga en ese tiempo, un nuevo concepto de la materia, no quieta ni uniforme, como partículas eléctricas lanzadas a una velocidad enloquecedora.
Así dejamos a Claude Monet, muy cerca del agua, adinerado y sereno tras el largo período de su vida en que rondaba la menesterosidad, pintando en su bateau atelier mientras surca las aguas del Sena. El río es el gran imaginario que atraviesan muchos de sus cuadros, como había ocurrido varios siglos antes con la pintura de Pattinir, o solo unos años antes en los cuadros de Constable, como se lee en varios libros de la época (El barco ebrio, de Rimbaud) o se escucha en la música de entonces (El Moldava, de Smétana o El Danubio Azul, de Strauss).

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