ARTÍCULO: La figura del maestro.

img_20161202_123313Carta de Albert Camus a su maestro tras recibir el Premio Nobel.

Albert Camus fue un escritor que trató de mantenerse fiel a su modo de pensar durante toda su vida. Fiel a sus ideas de izquierdas, fiel a la filosofía nietzcheana de vivir la vida fuerte y libre, a los sentidos, a las ideas y a su pensamiento. Fiel a su visión de Argelia, un país al que amaba y en el que vivió los cruciales años de su guerra de liberación. Fiel al teatro como suprema muestra de la capacidad ejemplarizante de los camaradas y las reglas que existían en el teatro (incluso llegó a escribir una obra teatral sobre el levantamiento minero de Asturias durante la revolución de 1934). Fiel también, aunque sea una paradoja, a sus continuas infidelidades con las mujeres que amó ( en su obra La chute plasma la historia de un hombre cuya vida se tambalea porque su mujer se suicida). Fiel, como se ve, a su literatura, nada hipócrita, basada a menudo en las vastas experiencias de su vida.
Cuando ganó el Premio Nobel en 1957 sintió que, si debía dar gracias a alguien, era al señor Germain, que había sido su maestro en primaria. Y le escribió una carta. Hay quien dice que fue la única carta de agradecimiento que escribió en aquella ocasión.
Cualquiera que haya tenido un buen maestro se reconocerá en las palabras del escritor. Sirva, pues, de homenaje a los buenos maestros, los que hacen bien su trabajo.
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París, 19 de noviembre de 1957
Querido señor Germain:
Esperé a que se apagara un poco el ruido de todos estos días antes de hablarle de todo corazón. He recibido un honor demasiado grande, que no he buscado ni pedido. Pero cuando supe la noticia, pensé primero en mi madre y después en usted. Sin usted, sin la mano afectuosa que tendió al niño pobre que era yo, sin su enseñanza no hubiese sucedido nada de esto. No es que dé demasiada importancia a un honor de este tipo. Pero ofrece por lo menos la oportunidad de decirle lo que usted ha sido y sigue siendo para mí, y de corroborarle que sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que usted puso en ello continúan siempre vivos en uno de sus pequeños escolares, que, pese a los años, no ha dejado de ser un alumno agradecido.
Un abrazo con todas mis fuerzas,
Albert Camus

( Extraído, en parte, del Blog Lecturalia, sumándome al deseo expresado de que ejemplos como este sirvieran para que los gobiernos, de uno u otro color, tratasen a la educación y la enseñanza siempre como lo que es: la mayor riqueza de un país.)

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