ARTÍCULO: La locura en la Historia

Las líneas siguientes, aun  siendo escasas para ofrecer un recorrido completo, una  versión suficientemente amplia y dilatada del asunto, se proponen presentar, sin especiales pretensiones, una breve relación de la evolución, el diagnóstico y la cura de la enfermedad de la locura desde la antigüedad hasta bien pasado el siglo XX.

Hablando de los tiempos antiguos,  encontramos   tres concepciones distintas para entender su alcance, identificar su posible origen y definir los diferentes tratamientos que se han venido aplicando a los enfermos.

A. Durante muchos, muchos siglos,  la locura fue considerada una enfermedad más, sin connotaciones especiales; existían las enfermedades del cuerpo y otras de la mente o del alma. Todo lo que afectaba a alguna parte del cuerpo, el cerebro una de ellas, se tenía como cosa material. En tiempos del poeta Homero, por ejemplo, las enfermedades procedían de tres posibles causas: traumáticas, ambientales o las enviadas por los dioses; la sangre se hallaba en el hígado y existía una zona llamada Fren a la que se relacionaba con el psiquismo y con las emociones. Los tratamientos usuales para todo tipo de males, independientemente de su origen, eran siempre los mismos:  ritos  mágicos, bebedizos, baños lustrales, hechizos y salmos.

Alcmeon de Crotona, Pitágoras, Hipócrates y Galeno son los representantes de un cambio de mentalidad que se produjo en la época clásica antigua, merced al cual el mundo avanzó desde la anterior concepción mágica de la enfermedad mental a posiciones más cercanas a un criterio racional. La corriente más importante de aquel cambio es la que se denomina Humoralismo, teoría de los cuatro humores (sangre/fuego, tierra/bilis amarilla, agua/bilis negra, aire/flema); la enfermedad era, entonces, una alteración de alguno de los cuatro humores o de su combinación. Según el propio temperamento el ser humano podía enfermar de manía(sanguíneos y coléricos), o de melancolía(afectados por a bilis negra). La curación de la enfermedad, por tanto, consistía en hacer desaparecer la descompensación producida, así que el tratamiento se basaba en dietas y en fármacos específicos, purgantes y purificadores de la sangre. Si el Humoralismo se le atribuye  a Hipócrates, es el médico Galeno quien pasa por haber sido el encargado  de convertir aquella teoría en una más amplia concepción somaticista. En su libro “De cómo las costumbres del ánimo se siguen de los temperamentos del cuerpo”, el propio Galeno exponía que, aunque lo fundamental fueran los humores, si estos se mezclaban mal  podían aparecer desviaciones; junto con los humores, las costumbres del alma, las actitudes personales y las pautas culturales podían  dar como resultado diversas patologías.

B. Una segunda concepción del asunto, que llamaremos intermedia, tendría también como iniciador a Hipócrates: la locura, según esta otra manera de pensar no se hallaba solo en el cuerpo, sino que había aspectos morales, convicciones y costumbres en el modo de vivir que también podían acarrear la locura, con o sin la participación de órgano corporal alguno.

C. La tercera concepción comúnmente aceptada ya en la antigüedad era la de que el origen de la enfermedad mental estaba en el cerebro y en la esfera psíquica. Las locuras, certificaban los defensores de esta corriente, las mandan los dioses; son algo tan complicado, desconocido e inexplicable que solo se pueden entender como provenientes de esa vía. Lo natural, entonces, era que los tratamientos se hicieran a través de ritos religiosos, rituales y prácticas que solo se efectuaban en los templos (el ejemplo más conocido era el denominado incubatio, que se prescribía especialmente en el templo de Asclepio).

Estas tres concepciones permanecen activas a lo largo de la Edad Media, si bien la más celebrada era la del origen religioso. Si por un lado continuaban las ideas del humoralismo/galenismo y se simplificaban las de la curación por la palabra, por el otro los caminos se poblaban de charlatanes que vendían curaciones mediante pócimas y reclamos milagrosos  y surgían, asimismo,  peregrinaciones a los lugares de los santos más venerados , las visitas penitenciales a las abadías y santuarios y las ceremonias de danzantes que recorrían los pueblos. Existen múltiples crónicas y muchísimas leyendas que hablan de enfermos neuróticos que llegaban a la curación tras haber procesionado hasta los venerables muros de algún santuario.

En la época del Renacimiento triunfa lo racional, las explicaciones científicas y los primeros atisbos del llamado somaticismo. Es el tiempo en que avanza el conocimiento del cuerpo humano: las primeras explicaciones de anatomía de Vesalio ponen en marcha como factores curativos el llamado cambio de aires para los ciudadanos pudientes (sustituidos por los zarandeadores para quienes no podían moverse), la balneoterapia en aguas favorables para el reblandecimiento de los canales de los nervios, los fármacos narcóticos, purgantes antiespasmódicos y supuraciones cerebrales. Unos años más tarde aparecerán las primeros remedios psíquicos: espectáculos diseñados con fines terapéuticos para sanar la melancolía, las ficciones y engaños para otros tipos de enfermos, las camisas de fuerza y una variadísima clase de experimentos y técnicas que se realizaban en las casas de locos y manicomios. Así se avanza en los siglos XV, XVI y parte del XVII,  tiempos largos, oscuros, azarosos e inestables, turbulentos y frenéticos, en los que se cruzaban a la vez lo científico y lo demoníaco, lo natural y lo irreal.

Thomas Willis, siglo XVII, atribuyó al sistema nervioso  la causa de la enfermedad y volvieron a ponerse de moda las patologías de origen humoral, la manía y la melancolía. Esa vuelta a la concepción humoral llevó a algunos médicos (Boerhaave, Erasmus Darwin o Benjamin Rus, entre otros) a recomendar inusuales tratamientos como la inmersión en agua helada o la curiosa práctica de la silla giratoria.

Del siglo XVII al XX hallamos varias corrientes distintas. Linneo, en su Genera Morborun (1763), clasifica las enfermedades mentales en ideales( como la demencia o la manía), imaginativas(como la hipocondría o el sonambulismo) y patéticas(como la bulimia, la hidrofobia o la ansiedad). Otros autores, como Weickhard(1790), las divide en enfermedades del espíritu y del sentimiento. Desde el punto de vista cartesiano el enfermo mental no es más que una máquina sin alma. Y aparecen más tarde otras dos corrientes distintas: si en una, representada por Paracelso, los factores principales de la locura son el alma y el psiquismo, en la otra son las lesiones internas, diversas y en diverso grado, lo que proporciona la explicación más plausible.

En el siglo XVIII un médico austríaco apellidado Mesmer causó un enorme revuelo con su teoría del magnetismo animal, llamada también mesmerismo en honor a su descubridor, un intento de curar a través del psiquismo, la psicoterapia y la moral. Su éxito terapéutico, la aplicación de imanes sobre las zonas afectadas del paciente, fue tan fulgurante que ni el mismo Mesmer ni sus seguidores llegaban a dar abasto al elevado número de enfermos mentales que deseaban alcanzar la curación. El magnetismo era en realidad una teoría del Renacimiento que suponía que la Tierra era un gran imán que afectaba al cuerpo y que trabajando con imanes podían curarse muchos males. Los métodos médicos del doctor Mesmer han sido calificados de múltiples maneras: charlatanería, ciencia incomprendida, sugestión colectiva, hipnotismo, pero hay diversos teóricos que le han reservado el honor de haber sido el iniciador de la psicoterapia moderna.

El siglo XIX se caracterizó globalmente por el tratamiento de los problemas mentales como enfermedades del cerebro. La aproximaciones morales del doctor Pinel, la psiquiatría neurológica de Griesinger, el hipnotismo médico y los diversos tratamientos del doctor Charcot en La Salpetrie(aunque denunciados algunos de ellos), son la demostración de que la medicina en esos tiempos creía tanto en las acciones del cuerpo como de la mente a la hora de establecer las causas y el origen de las manifestaciones de la locura.118h

Llegamos así al siglo XX, a S. Freud y su defensa de la curación psicológica basada en la catarsis verbal en estado de vigilia, al uso médico generalizado de la hipnosis y a sus teorías sobre la importancia de la sexualidad como origen de las neurosis. C.G. Jung y otros seguidores o continuadores de la obra freudiana como Hillman y los psiquiatras somaticistas, representan un nuevo intento de tratar al mismo tiempo la mente y el cuerpo. Sin embargo, posteriores ejemplos como el del abuso indiscriminado de técnicas como el electroshock o la lobotomía, no han dejado de ser nuevas y tristes muestras  de la aplicación a lo largo de la historia del hombre de teorías  aventuradas y escasamente investigadas acerca de la locura.

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