ARTÍCULO: Cien gaviotas donde están…

Leo en un periódico que los jabalíes bajan del monte y ya han aparecido en cerca de 80 pueblos y ciudades. Leo en un semanal que las ratas y castores de Estocolmo, la impoluta capital sueca, han aprendido a evitar el veneno y se dan grandes festines entre los desperdicios. Leo en un dominical que las aves marinas, albatros, gaviotas, pardelas y petreles, se alimentan de los plásticos porque huelen igual que su comida  habitual. Leo también algunas noticias acerca de ciertos cambios en la naturaleza de las gaviotas, esas simpáticas aves que animan los cielos playeros en verano proporcionando a más de un soñador una feliz ocasión de sentir su alma de poeta. Verlas al atardecer, cuando ya no quema el sol, posadas sobre las aguas o en alguno de sus elegantes vuelos, se convierte en un bello espectáculo que conduce al comentario e, incluso, a la ensoñación.

Sin embargo, hay evidencias de que las gaviotas han empezado a mostrar otra cara desconocida en ellas hasta ahora: su afición por escarbar en los basureros, sus graznidos pendencieros en sus enfrentamientos y hasta algunos extraños cambios en sus anuales vuelos de invernada. Adultas a los cinco años tras pasar por sucesivos estadios, las gaviotas disparan todo tipo de alarmas cuando sobrevuelas las ciudades en gritonas desbandadas. Y es que los potentes focos de la luz artificial nocturna las lleva a cambiar de costumbres facilitándolas volar tanto de día como de noche.

Se habla de quejas vecinales en ciudades del interior, del ruido que hacen en sus algaradas nocturnas, de sus hábitos basureros y de los sucios excrementos que dejan a su paso. La carroña de los animales muertos, los polluelos de las palomas que anidan en los tejados o los restos de comida dejados al aire libre en balcones y terrazas, son otros de sus objetivos. Hábiles y oportunistas, aves de mar y aguas, cuando las circunstancias apremian no desdeñan asentar sus dominios en las ciudades. Con sus agresivas miradas y de fiera expresión, su pico poderoso, robusto  y moteado de rojos y amarillos y el plumaje gris negro, las gaviotas de los tipos argénteo, patiamarilla o sombrío, parecen estar amoldándose con extraña facilidad a las nuevas circunstancias.

Los ciudadanos se quejan de sus gritos y graznidos, cuando no de la caida de sus putrefactos excrementos que sueltan en pleno vuelo; acostumbrados de siempre a admirarlas en otros entornos naturales, los sucios hábitos de algunas especies de gaviotas aumentan el rechazo a que colonicen su ciudad. El veneno se ha mostrado poco eficaz para su erradicación, porque no solo mata gaviotas sino también otras aves, pájaros o animales terrestres. la utilización por otra parte de halcones de cetrería que las caza en pleno vuelo funciona mucho mejor porque las ahuyenta a otros cielos, pero es un sistema caro y muy difícil de mantener durante largo tiempo…165h

Juan Salvador Gaviota es el título de un libro escrito por Richard Bach que alcanzó un notable éxito varios años atrás. La historia presentaba, a modo de metáfora, una fábula poética acerca de la lucha por alcanzar la superación en el desarrollo personal.

La gaviota Juan Salvador no dedica su tiempo a realizar las faenas  repetidas, un día tras otro , por las aves de su especie, sino que  se dedica a experimentar en el cielo, a huir del aburrimiento de los vuelos manidos, de la ignorancia y del miedo, a buscar su propio camino. No vive y actúa como los demás, así que  la bandada, a cambio, trata de corregirlo y a la postre lo rechaza.

El amor, el perdón, la libertad, la resistencia ante las frustraciones, el afán de superación, la perseverancia, el saber compartir los ideales y el respeto a los demás, son algunos de los mensajes que revisten la actitud del ave protagonista, ese Juan Salvador Gaviota empeñado en lograr su mayor ilusión, ser él mismo y volar a su manera personal. Limítate a desplegar tu propia personalidad, serena, transparente y luminosa, escribe el autor en otro lugar en referencia al contenido de su famoso libro…

Más de cuarenta años han transcurrido y mucho han cambiado nuestro mundo y los gustos de la gente desde la publicación del libro. Sin dejar de valorar su fondo poético, lo que hoy nos transmite el texto es un mensaje relamido, romántico y sensiblón. Pero ver en tu propia ciudad una multitud de gaviotas aglomerada en un basurero para regatear y luchar por cada pizca de pitanza, constituye una buena muestra del modo como ante un mismo fenómeno, en la vida del hombre o en la naturaleza, aparecen alternadas la poesía y la repulsión. Si los lectores devotos de Juan Salvador Gaviota trataban de capturar sus sueños, los actuales habitantes de algunas de nuestras ciudades tratan de expulsar de sus cielos a las indeseables gaviotas.

 

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