ARTÍCULO: El poder y la política. I ( Los ciudadanos)

A fuer de creer que de verdad los conocen, quizá sean los ciudadanos la parte más desconocida del quehacer de los políticos. No saben quienes o cómo son más allá de la idea circunstancial transmitida por unos cuantos mítines o una encuesta político social. Quizá, también, sea esa la razón por la que les dan tanta coba mientras que, en la mayoría de los casos, cuando están en sus cuarteles los denigran por detrás.

SUMMERS
SUMMERS

Cada vez que se llega a un proceso electoral, el ciudadano común tiene la sensación de hallarse inmerso en un rompecabezas; salvo una minoría de ellos claramente concienciada por una u otra ideología, los llamados militantes, la mayoría de los electores se esfuerza por crearse la ilusión de que los políticos hablan para ellos, de que los tienen en cuenta, de que dicen la verdad, de que todo va a cambiar. Lo curioso del caso es que, en su fuero interno, el ciudadano sabe que todo aquello no es verdad, pero prefiere gozar por unos días de la vana ilusión de que el futuro del político  orador depende en parte de su voto y su elección. Para qué se agita tanto el votante, se preguntan muchos unos días después, para que todo vuelva a ser lo que era antes de la votación. Para la mayor parte de los políticos al uso (alcaldes/alcaldesas, presidentes/presidentas, concejales/concejalas, ministros/ministras, secretarios/secretarias generales…y así), la autoridad que les confiere el cargo  es sinónimo de Poder; la decencia y honorabilidad, la profesionalización de la tarea, el bien común o el servicio a los demás, quedan relegados a un segundo plano, por detrás e invariablemente, del logro del poder.

MÁXIMO

 

Con el poder llegan los cargos, el conocimiento público y el estatus, los presupuestos y el dinero, todo aquello que coloca al político de turno al borde del precipicio de la corrupción. Dependiendo del lugar que ocupen en la distribución del poder, los políticos parecen moverse más por mostrar una autoridad carismática, ideológica o autoritaria que por la idea que venden de que ellos están en política por una firme vocación de servicio a los demás.

Poder – seguimos a Z. Baugmann, el agudo pensador recientemente fallecido- significa la capacidad de hacer cosas y Política es la habilidad para decidir qué cosas han de hacerse . Y añade : Hoy estamos en un estado de divorcio entre el Poder y la Política. El poder existe en el espacio de los partidos, pero la política se mantiene en forma local, igual que estaba en el siglo XIX, no ha cambiado nada desde entonces.

Para pensar en ello con perspectiva histórica expongo de nuevo al lector el escrito que sigue y que fue publicado  en  un periódico regional asturiano el 6 de mayo de 1905, hace 112años. (Lo  inserté en este blog el 26 de mayo de 2014 , en el Artículo titulado “Nuestros políticos”):

La política, en su recio y verdadero sentido, es el arte de gobernar a los pueblos, de dictar buenas leyes, de fomentar las fuentes de riqueza. Esto o cosa parecida puede leerse en los buenos tratados de derecho político pero, por lo visto, nuestros políticos al uso lo han olvidado, o no lo han aprendido o no quieren practicarlo; alguna de estas tres cosas debe de haberles ocurrido. A muchos, seguramente la segunda, porque es notorio que la ignorancia es patrimonio de bastantes políticos de oficio, peste de la Administración y lepra del presupuesto. A otros muchos, es seguro que les ocurre la tercera, es decir, que no quieren practicar la buena política, porque es indudable que conocen el bien pero siguen el mal, porque saben cuál es la conveniencia de la nación y atienden la suya propia. Lo menos corriente es que nuestros políticos hayan olvidado lo que sabían, por lo general Dios los ha dotado de buena memoria; lo que les falta es buena voluntad para estudiar las necesidades del país y energía honrada para atenderlas.el-oriente-de-asturias
La política al uso, la política en España, no es la que definen los tratadistas, es todo lo contrario. Más que gobernar al pueblo, atiende a gobernar al político, a dictarse leyes en su provecho y a fomentar sus intereses. Es el triunfo feroz del individualismo sobre la colectividad, bien entendido que no se reconoce en tal individualismo más entidad que la del político de oficio. La nación es nada, las leyes un mito, la moral una fórmula vana, la equidad un sueño de almas cándidas cuando todo ello está en lucha con los intereses del político. Éste es ante todo, está sobre todo, lo puede todo y lo dispone todo según su voluntad. Casi siempre el político comienza en el diputado, éste es obra del cacique, y el cacique depende , a su vez, del ministro o del ministrable. Es una organización oligárquica completa, toda una conspiración contra la nación, contra las leyes o contra el derecho del débil, cuando la nación, el derecho y las leyes estorban al político.” 

(Continuará…)

 

 

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