ARTÍCULO: A propósito de África, Tanzania. (Parte 2ª)

Una inmensa llanura de 20 kilómetros de diámetro y 8.300 kilómetros cuadrados de superficie es lo que queda hoy día del cráter de un antiquísimo volcán plenamente apagado y en la que se extiende un mar de jugosos pastos y abundante agua en charcos y pequeños lagos. El lago Magadi, el más grande en dimensiones, atrae a sus aguas saladas a miles de flamencos y todo tipo de aves. El cráter de Ngorongoro, una de las mayores calderas del mundo, se halla rodeado en sus laderas montañosas por una intrincada selva de verde vegetación. La fauna que se concentra en ese paraíso comprende una representación casi completa de la que puede contemplarse en el resto de África. Gacelas, antílopes (kuru), impalas, jabalí verrugoso(ngiri), alcéfalos(kongoni), elands(pofu), jirafas, cebras, babuinos, hienas, elefantes(tembo), hipopótamos(kiboko), rinoceronte blanco(faru), grandes manadas de búfalos, leones(simba), avestruces(mbuni), el pájaro secretario, grullas coronadas(korongo), garzas(heroe)…Y los omnipresentes ñues. El búfalo, único bóvido del continente africano, con su brillante piel negra y sus cuernos bien afilados, es, junto al león, el elefante, el hipopótamo y el leopardo(chui)uno de los cinco grandes, algo que todo viajero al Africa centro-meridional no quiere dejar de ver en su hábitat natural . Ngorongoro significa cencerro en swahili y son más de 40.000 los maasai que viven alrededor en pequeñas aldeas desde las que bajan con sus rebaños hasta el cráter. Se les permite que lo utilicen como pasto para su ganado pero no que se asienten en su interior; que la principal riqueza del Ngorongoro, al fin y al cabo, son los miles de turistas que año tras año hollan con sus pisadas el cráter del antiguo volcán.
Cuando el viajero abandona ese lugar se encamina en un largo trayecto hasta el otro gran parque tanzano de la fauna africana; deja atrás las pequeñas aldeas maasai de chozas de bosta y barro, diseminadas por los valles y sus ocasionales campos de maíz. Las montañas del Ngorongoro bloquean las lluvias por un lado y caen de nuevo con frecuencia a cientos de kilómetros de allí, en las cercanías del lago Victoria. En medio de ambos parajes se extiende la vasta e impresionante llanura del Serengueti. Se pasa junto a un debo, aislado en la llanura, que le ha dado sombra al viajero contra el sol que aprieta mientras trasiega con buen apetito un corto refrigerio acompañado de unos botellines de agua y zumo que le calmarán la sed. A lo lejos, en la línea del horizonte, divisa una interminable línea oscura, tan larga que parece estar inmóvil, tan ondulada a ratos que permite suponer que es la última parte del regreso migratorio de los miles de ñues que vuelven a su tierra tras haber pasado el verano a varios cientos de kilómetros de allí. Un fenómeno natural, el de la emigración del Serengueti a las húmedas tierras de Kenia que se repite todos los años y que, al decir de muchos,es una de las mayores maravillas de la naturaleza que le es dado al hombre admirar. La llanura del Serengueti está seca en esta época del año, aún faltan dos meses para las grandes lluvias, solo pequeñas islas de hierba permiten ver en ocasiones algún grupo de hienas manchadas (el mayor depredador de África), chacales(bweha), cebras o mangostas. Unas horas más tarde se llega a la zona sur del Serengueti, frente al lago Masek, bajo también de aguas en esas fechas.
Las mañanas son templadas, el mediodía y las tardes calurosas, las noches serenas bajo una ligera brisa. Son los últimos días del mes de diciembre y al viajero le es concedido disfrutar el mágico momento del cambio de año mientras brinda con algún licor local con los lugareños y algún otro compañero de aventura. Tendido en una hamaca bajo el cielo estrellado contempla el planisferio celeste, escucha los ruidos del bosque, el batir de las ramas de las altas acacias al ritmo de las brisas, observa la luz de la luna sobre la superficie del lago y siente el corazón embargado por una emoción callada y profunda, inspiradora y serena.
Tres son las cosas que pueden contemplarse por millones en Tanzania: los ñues, las acacias y las nubes del cielo de todo tipo y color; las tres connotan el pasaje, entretienen la vista y animan al visitante a fijar su atención en las múltiples escenas de que ocurren a su alrededor. El agua, entretanto, es el gran imaginario de Tanzania. La alternancia sequedad-humedad condiciona la vida de sus múltiples especies animales, del paisaje vegetal y, desde luego de la gente. Pero opino que el visitante, el turista, el aficionado a la naturaleza o el viajero ocasional, no deben de conformarse con la contemplación de tan fastuosa naturaleza. Hay costumbres, gentes, un pueblo maravilloso por su simpatía y educación, experiencias inolvidables que la curiosidad viajera no debería dejar pasar. Expondré solamente dos de entre las que tuve la oportunidad de conocer.
Acudir a la celebración de una Misa católica, un domingo en la mañana, en la iglesia cristiana de cualquier pueblo tanzano, es una hermosa experiencia que animo a no perder. Un templo repleto de fieles de todo sexo y edad, vigilantes en las puertas para que no entre nadie sin el decoro debido, un altar colorido y sencillo con una cruz en el centro por toda ornamentación, un belén en un lateral (es navidad), un coro de jóvenes de ambos sexos al otro, ventiladores en el techo y todo ello abrazado por unos cánticos religiosos, suavizados, serenos, en los que los asistentes participan en diálogo con el coro y con la mayor devoción, un conjunto de voces y ritmos africanos que salen prodigiosos de los cientos de gargantas congregadas en el templo. Quienes hayan tenido la oportunidad de asistir en América a una misa con cantos espirituales negros lograrán comprender bastante bien lo que trato de explicar. Suaves y ricas armonías dentro de su sencillez, a ratos lentas, como un mar en calma, a veces fuertes y sonoras, como una caída de agua que explota contra el pedregal. Escuchar esos cantos evocará en el viajero el color y belleza de los campos, la sabana y las colinas por los que acaba de pasar. Los pasajes bíblicos a los que aluden los cantos se emparejan admirablemente con aquellos paisajes naturales en todo su esplendor.
La segunda experiencia es aún más alentadora. En el Valle de M´angola, Chini, en Barasani, una fundación religiosa de los misioneros espiritanos lleva más de treinta años atendiendo las necesidades religiosas, sanitarias y educativas de los habitantes de 9 pueblos, 16.000 habitantes. Patrocinada con enorme discreción por los elevados fondos de una familia perteneciente a la oligarquía económica española, sus actuales regidores, los padres Pepe y Miguel, españoles también ambos, dirigen una fundación que dispone en la actualidad de una escuela de Primaria ,cerca de 500 niños, talleres para la enseñanza de diversos oficios, una Escuela Secundaria con varios cientos de jóvenes y enseñanza en inglés, una guardería propia, una iglesia grande que se les está quedando pequeña y otra en construcción. Y luego está el hospital: atención médica ambulatoria, clínica para operaciones sencillas y tratamiento de los frecuentes accidentes, seguimiento, paritorio, quirófano, rayos X, laboratorio, servicio otorrino, oculista, prenatal, natal y postnatal, atención a los enfermos de sida y de malaria. Para ciertas afecciones reciben apoyo y ayuda periódicos de profesionales médicos y de enfermería europeos, la mayoría españoles, que se desplazan durante varios días al año para operar gratuitamente. Y todo ello aparece y crece allí, en medio de la nada y de la menesterosidad, con una entrega absoluta tanto al cuidado de las almas como al más cercano y diario de los males del cuerpo, de los escasos medios de vida y de la enfermedad. Cuando sales de allí en silencio, sobrecogido aún por lo que acabas de ver, reconcilias tu pesimismo por la evolución de nuestro planeta ante tan grandes ejemplos de solidaridad, de entrega al servicio de los demás, y se fortalece tu creencia en que hay otros modos más creativos y sinceros de organizar el mundo , más humanos y divinos, más ejemplares y éticos, más prácticos y solucionadores de verdad.
Si como dice R. Barthes la fotografía nos trae al vivo presente el temblor y la sensibilidad de lo que a diario no está delante de nosotros, al viajero le basta guardar en su cámara, pero especialmente en la retina y en su memoria, las escenas recogidas en su recorrido tanzano para reivindicar un estilo más rico a la hora de viajar, el de un viaje experiencial que aumente tanto su sorpresa ante las maravillas de nuestro planeta como su fe y su creencia en que son posibles otro modos de vivir, en que la verdadera sabiduría del hombre consiste en conocer mejor nuestro mundo y aprender a quererlo tal y como es. Así se despide uno de Tanzania, con el corazón y el alma llenos a rebosar de alegría y agradecimiento.
Kaheri Tanzania, assante sana. (Adiós, muchas gracias).

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