ARTÍCULO: Un cierto narcisismo social

Muchos son los que dicen que nuestra sociedad vive inmersa en el narcisismo, un modo de vida en el que la ciencia, la tecnología, la conquista del espacio y los avances en todos los campos del saber están llevando al ser humano a padecer lo que la psicología denomina el “complejo de Dios”. Los medios de comunicación avasallan al lector, oyente o televidente, con los rutilantes reflejos de la moda, las dietas del momento, la riqueza, la fama y el poder. La admiración por uno mismo, la seguridad en las ideas propias, la ausencia de imperfecciones físicas, la exposición de sus gestos al elogio y la admiración, convierten a los personajes que aparecen en tales medios como modelos a imitar, seres tan carismáticos que provocan en los demás una clase de envidia que conduce al simple y con escasa capacidad de análisis a construir su yo en base a una relación superficial con tales entes de ficción. Una tipología bien conocida, la de esas personas que se sienten vacías y sin sentido salvo cuando replican en sus vidas el estilo endiosado de sus héroes de cartón. La psicología humanista habla de la tendencia de algunos a sentirse bien solamente cuando se admiran a sí mismos como fiel reflejo del modelo objeto de su imitación. Uno de los síntomas básicos para lo que clínicamente se define como un trastorno narcisista de la personalidad.
Individuos con tristeza vital, apáticos, sin ganas de vivir, o sujetos engreídos, egocéntricos, manipuladores, necesitados de obtener admiración y con una fuerte sensación de pérdida de su yo, son dos ejemplos característicos de lo que quiero expresar. Por un lado todos queremos ser aceptados, todos buscamos ser queridos, ensalzados y reconocidos; por el otro se observa que cada día la autoestima personal depende más de la estima que nos muestran los demás. Y en el mundo de hoy son muchas las instancias que manipulan a las personas haciéndoles creer que el modo más rápido, alegre y ligero de alcanzar la estima de los demás es a través de variados mecanismos superfluos (drogas, sexo, poder, dinero, belleza, fama) que, si no alimentan el espíritu, generan en cambio una cierta sensación de dominio y seguridad.
Qué lejos parece estar hoy nuestra sociedad de contemplar la belleza física, la fama, el éxito y la popularidad, solo como un concepto coyuntural, determinado más por las cambiantes costumbres de cada época, de un espacio cultural o una región. Qué cerca, en cambio, de las descripciones patológicas y de los trastornos psicológicos que incluyen la grandiosidad, el deseo de gloria, la falta de empatía, el egocentrismo, el exhibicionismo sin trabas o los fallos y fracasos en la relación interpersonal. Lo dicho, puro narcisismo social.

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