ARTÍCULO: El culo y la culocracia.

A juzgar por el tiempo que consume en la radio, en las redes sociales, en la tele y por el número de páginas que revistas y periódicos dedican a hablar de ello, el culo parece haberse convertido en un tema importante. Buen ejemplo sintomático de lo acertado de esta afirmación es la noticia aparecida en algún periódico local al día siguiente de la visita al Elíseo, en 2013, de los entonces príncipes Felipe y Leticia; bajo una fotografía en la que se veía a Carla Bruni y a la princesa de espaldas mientras subían las escaleras de un edificio de París, el pié de letra rezaba “Duelo de culos”. Tal que así.
El culo es también inspiración para el humor, la ironía y el insulto. Así vemos lo que escribe Quevedo en su escrito “Gracias y desgracias del ojo del culo”:
“No se espantarán de que el culo sea desgraciado los que supieren que todas las cosas aventajadas en nobleza y virtud corren esta fortuna por ser despreciadas de ella, y él, en particular, por tener imperio y veneración que los demás miembros del cuerpo; pues, bien mirado, es el más perfecto y bien colocado y favorecido de Naturaleza, pues su forma es circular, como la esfera, y dividido en un diámetro o zodiaco como ella. Su sitio es en medio, como el del sol; su tacto es blando; tiene un solo ojo, por lo cual algunos le han querido llamar tuerto, y, si bien miramos, por esto debe ser alabado, pues se parece a los cíclopes, que tenían un solo ojo y descendían de los dioses.”
Las imperfecciones físicas ya no se llevan. Todo lo contrario, se ocultan, se corrigen o se cambian. En un mundo como el nuestro en el que los avances de la cirugía permiten lo que podríamos llamar cirugía genital( implantes testiculares, reducciones escrotales, rejuvenecimientos vaginales o del miembro viril, lifting púbico o restauración del himen), no iba el trasero a quedarse fuera de esa fiesta trending topic en que se ha convertido el culto a la apariencia física, que no al cuerpo en sí mismo, en nuestro mundo actual. A primera vista, y gracias a la banalización de la publicidad y los medios, el culo parece una simple parte del cuerpo, pero el tema en cuestión tiene tanto de largo como de ancho. El culo está presente en la pintura, la escultura, la literatura, la poesía y la música; el arte, la publicidad, el mundo de la moda, el cine y el fotoperiodismo han hallado en el culo una nueva medida de la belleza. El símbolo de la atracción seductora que antes representaban las tetas, ha sido sustituido por un nuevo icono, los glúteos, el culo. Es como si la evolución del traje de baño y la libertad del topless hubieran desacralizado el antiguo emblema de la sexualidad. Al escote exagerado por delante se le ha unido por detrás la sugerente aparición de un par de buenas nalgas.En esa situación es lógico pensar que tener un buen trasero pueda haberse convertido en seria preocupación no solo del cuerpo femenino sino que también exista un creciente número de hombres interesados por esa parte del suyo. La democratización de las costumbres está llevando a extensas capas de la sociedad a una exigencia intransigente de sometimiento a una especie de nuevo fundamentalismo: el culto al culo, la idiotización del cuerpo humano, una cierta culocracia.

“El culo data de la más remota antigüedad. Apareció cuando a los hombres se les ocurrió alzarse sobre sus patas traseras y sostenerse así. Fue un momento capital de nuestra evolución, ya que los músculos glúteos se desarrollaron entonces de un modo considerable”, escribe Jean-Luc Hennig en su libro Breve historia del culo. Y refiriéndose a la etimología de la palabra culo, añade Quevedo:
“Los nombres que tiene juzgarán que no tiene misterio. ¡Bueno es eso! Dícese trasero, porque lleva como sirvientes todos los miembros del cuerpo delante de sí, y tiene sobre ellos particular señorío. Culo, voz tan bien compuesta que lleva tras sí la boca del que le nombra. Y ha habido quien le ha puesto nombre gravísimo y latino llamándole antífonas y nalgas, por ser dos; otros, más propiamente, le llaman asentaderas; algunos, trancaílo, y no he podido ajustar por muchos libros que he revuelto para sacar la etimología; lo más que he hallado es que se debe decir tancahigo, por lo arrugado y pasado que siempre está. “
Se habla con desenfado de los traseros más hermosos, se ensalza un culo potente en aras de la imaginación y la gente se pone en manos de cirujanos especializados, practica ejercicios para reafirmar los músculos y gasta sumas ingentes en productos y tratamientos con el único fin de reforzar la retaguardia. La celulitis aterra, la flacidez deprime, la acumulación de grasa acoquina, la planicie llana horripila. Y lo que resulta más entristecedor, que la musculatura decae a partir de ciertos años y el ejercicio tiene menos efecto. “Cuando añadía una foto al azar de mi cuerpo, comenta la instructora de fitness Jean Selter (claro ejemplo, envidiado y admirado, de la bondad de ciertos ejercicios para modelar el culo) que cuelga casi a diario fotos de su retaguardia con mensajes llenos de fuerza cómo: “No importa cómo te sientas, levántate. ¡Y no te rindas nunca!”
Hay quien busca recurrir a la cirugía para moldear las nalgas. Lejos ya de la fecha de la primera cirugía plástica de aumento de glúteos, 1969, lo cierto es que cada vez hay más personas preocupadas por su perfil que se hacen remodelar un culo que consideran escaso o voluminoso con técnicas como la liposucción, los implantes debajo del glúteo, las prótesis intramusculares o la transferencia de grasa de la propia persona. La técnica de implantar silicona es de las más delicadas, y en algunos pacientes, al sentarse, se ve cómo, en lugar de culo, desarrollan unas pistoleras llamativas y bastante comprometedoras. De repente, sus nalgas parten hacia sus muslos. Es lo que, en términos médicos, se llama una “migración de la silicona” o, más llanamente, un corrimiento de culo: el culo crece en tamaño, pero no donde se esperaba. A pesar de tales riesgos, la Sociedad Americana de Cirujanos Plásticos habla de un fuerte aumento de este tipo de intervenciones. Según la revista Time, en otro sentido, el modelo de trasero más demandado es el tan difundido de Kim Kardashian. En Europa, sin embargo, preocupan más la elevación de las nalgas que su volumen.
Condenado a estar siempre atrás, última región de nuestra anatomía, el culo tiene historia. Ha recibido nombres tan comunes como nalgas, trasero, ojete y aposentaderas, o también picarescos como trascorral, mapamundi, as de oros, ojo moreno, salvohonor y trasportín. Otros asocian el nombre a los encantos de caballos y vacas, como anca y cuadril o a palabras de la jerga, como asentaderas, clamores, nalgatorio, tafanario, orificio, orto, jopo y sieso. Se ha modificado a lo largo de los siglos, ha sido satanizado, reverenciado y santificado. En la Edad Media fue uno de los protagonistas del histórico oscurantismo. La Iglesia no tardó en darse cuenta de los poderes que poseían unas nalgas sometidas al baile. “En un concilio, reunido en París en 1212, consideró que era más pecaminoso bailar que trabajar la tierra un domingo, ya que el baile es ‘la cerilla que prende la lujuria’. Adorar el culo era como adorar al diablo. Es posible que de ahí derive su asociación a lo negro y a lo oscuro. Hay países por otra parte- Sudamérica y África se llevan la palma- en los que siempre han existido brujos, curanderos y embaucadores dedicados a hacer crecer el trasero de las mujeres. En algunos de ellos hasta llegaron a existir durante siglos casas de engorde, en las que había cebadoras destinadas a volver obesas a las jóvenes destinadas al matrimonio.
Una de las grandes ventajas del culo es que es fácil admirarlo sin ser visto por la persona que lo posee; como dicen algunos, el culo y la mirada siempre juegan al escondite. La gente se vuelve al paso para echarle un buen vistazo y hay más de uno, si se va acompañado, que se anima a clasificarlos con su particular escala de puntuación: el de esa es un ocho, el de ese es un seis. A simple vista y por más que la persona vista prendas amplias y holgadas, el admirador/a examina el culo que pasa y mentalmente lo califica. El inconsciente colectivo ha funcionado siempre en este punto.
Todo ello por no hablar de la dependencia que el ser humano tiene de su imperiosa necesidad: “Lléguense al reverendo ojo del culo, que se deja tratar y manosear tan familiarmente de toda basura y elemento ni más ni menos; demás de que hablaremos que es más necesario el ojo del culo solo que los de la cara; por cuanto uno sin ojos en ella puede vivir, pero sin ojo del culo ni pasar ni vivir”, remata el bueno de Quevedo en su escrito inmemorial.
Las embajadoras del actual reinado del culo son las star system ( Jennifer López, Sofía Vergara, Beyoncé y la propia Kardashian, entre otros/as personajes), latinas y afroamericanas muchas de ellas, que aparecen en el cine y en las entregas de premios musicales, mujeres tan exuberantes que nos dejan con la boca abierta al exhibir los frenéticos movimientos de sus traseros y convertir en trending topic los videos de sus actuaciones.
Y ahora, queridos lectores, en honor al culo, cerraremos estas líneas con unos cuantos refranes populares que unen su noble existencia:
1. A las esferas del poder: “Lamiendo culos subió Miguel, y ahora le lamen el culo a él”.
2. Al impulso sexual: “Que no pase hambre ese culito”.
3. Al cuerpo de la mujer: “Eres de la ley del tordo, las patas flacas y el culo gordo”.
4. A la envidia de los demás: “Culo veo, culo quiero.

Se ruega mencionar la fuente caso de utilizar este texto.

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