ARTÍCULO: El traje de baño

Corría el año 1890 cuando aparece el primer bañador del que se tiene noticia fehaciente, un traje de tres piezas para no dejar a la vista nada de piel, con gorro a juego, vestido talar de tela oscura para evitar transparencias y pantalón a juego hasta los tobillos; cara, pies y manos eran las únicas partes visibles de aquella pieza pionera para los baños de mar. Parece que fue diez años después, con el cambio de siglo, cuando apareció una versión de aquel primer modelo, esta vez en cuatro piezas: gorro, vestido oscuro y pantalones cortos del mismo color, cuarta de pierna a la vista por encima de la rodilla y media cuarta por debajo. Brazos desnudos aunque con manga corta, medias para cubrir pies y piernas casi hasta la rodilla. El caso era que, una vez en el agua, las bañistas trataban de moverse con agilidad y garbo con un peso aproximado de tres kilos sobre su cuerpo.
En los albores del siglo XX, a medida que se imponía, lenta pero indefectiblemente, lo de tomar baños de mar, las rígidas reglas sociales obligaban a las bañistas a lanzarse al agua ante la vista de todos con notable incomodidad. La seda, el raso, el tafetán y el surá, tejidos opacos y pesados, constituían la materia prima utilizada para la confección. Los modelos resultaban tan poco funcionales que aquellas primeras ondinas emergían de las aguas como globos humanos debido al aire abundante que retenían en su interior.
En los años cercanos a la Primera Guerra Mundial, la marca Speedo lanzaba lo que podría considerarse el primer maillot, un bañador de una sola pieza elástica que se ceñía al cuerpo y llevaba tirantes con lo que rostro, brazos, pies y piernas quedaban al aire, estas desde una cuarta aproximada por encima de las rodillas. Confeccionados en tonalidades oscuras, seda, lana y algodón eran los materiales de aquellos nuevos bañadores que se veían en las playas cosmopolitas de la Costa Azul y de las más afamadas del norte de España.
Aunque por aquellas fechas ya se había instaurado en amplias zonas de Occidente la práctica deportiva de la natación, no resulta extraño pensar en los sesudos gobernantes que, azuzados agriamente por los defensores de la bíblica decencia y de las buenas costumbres, se veían obligados a dictar normas y preceptos, elaborar reglamentos y disponer guardias del decoro y de la moral em las playas.
El avance de la prenda femenina para el baño era inexorable sin embargo. Así, en 1930 aparecía el primer bañador parecido al actual, más corto y ajustado al cuerpo, soportado por tirantes y dejando al descubierto cuello, piernas y brazos en su totalidad. A partir de este cambio sería el cine americano quien se encargaría de popularizar el uso del bañador; quien de mediana, o provecta edad, no recuerda hoy algunas de aquellas escena de baño, elegantes, tórridas, sugerentes y atrevidas, que alimentaron en su día sus recuerdos y ensoñaciones.
A partir de esa época tres son los años de referencia, 1946 con la aparición del primer bikini, 1958 con la llegada de la lycra y 1964, con los inicios del topless, antecedente este último del tanga de Carlos Ficcardi (1974), del tankini(1990), del microkini, del skirtini o del bikini triangular, aparecidos todos ellos a partir del año 2000.
El bikini hizo su presentación de la mano del diseñador francés Louis Reard. Micheline Bernardini era una desconocida bailarina del Casino de París hasta que tuvo el honor de ser elegida para vestir el primer modelo de bikini en su presentación oficial, en la piscina Molitor, situada en la ribera del Sena, luciendo un bikini sobre el que se habían estampado recortes de periódicos con noticias de la actualidad. Aquel minúsculo bañador confeccionado en dos piezas que dejaban el vientre al aire conmovió los cimientos de la opinión pública y provocó enconadas reacciones, desde amenazas a sanciones, hasta que el paso del tiempo y la costumbre, (como le ocurriría años más tarde al fenómeno de la minifalda), provocarían a la vez el triunfo de la nueva prenda y el temor de los adversarios al prever el siguiente paso, probablemente más drástico, que podría aparecer.
En 1958 apareció la lycra, una de las cincuenta mil patentes que la firma Dupont ha registrado durante sus dos siglos de existencia, una fibra artificial que permitía a los bañadores estrecharse y extenderse sin deformarse, extenderse o perder su forma original. Pocos años más tarde Lycra copaba el 90% del mercado mundial de tejidos elásticos permitiendo que diversas prendas se ajustaran al cuerpo(ropa íntima, ropa deportiva, pañales, vendas o tirantes), especialmente tras combinarla con otras fibras naturales o sintéticas.
En 1974 comenzaron a verse los primeros tangas en las costas norteamericanas procedentes de las playas de Río de Janeiro. Una prenda diminuta que dejaba el cuerpo al descubierto y cubría solamente la zona perineal con la parte trasera en T. La tendencia nudista que el tanga representaba parecía abocar al bañador de toda la vida a su desaparición, pero la realidad no ha sido tal; una cosa es desnudarse y otra vestir moda en la playa, más sofisticada si cabe, pero más revitalizada en los baños de hoy.

A la historia de bañador le cumple lo que un día escribió Cioran, el filósofo y pensador:“Cuanto más progresamos en edad, mejor nos damos cuenta de que nos creemos liberados de todo y de que, en realidad, no lo estamos de nada”.
¡Feliz verano a todas las bañistas que pueblan nuestras playas!

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