ARTÍCULO: Aproximación a Sigmund Freud (Primera Parte)

Hace no muchos días asistí a la representación de La sesión final de Freud, una obra de teatro conmovedora y llena de humor, una delicia intelectual. Está ambientada en Londres, el 3 de septiembre de 1939, en el número 20 de Maresfield Gardens, en Hampstead, donde Sigmund Freud, ya con 83 años, recibe a Clive Staples Lewis, catedrático de la Universidad de Oxford, autor de, entre otras obras, Las crónicas de Narnia y Una pena en observación,, un extraordinario ejercicio de introspección ante la muerte de su esposa, (llevada al cine en 1993 con el título de Tierras de penumbra con el protagonismo de Anthony Hopkins y Debra Winger) . El encuentro entre ambos tiene lugar el día en que Inglaterra declara la guerra a Hitler, una jornada crucial para Occidente.
Los dos genios discreparán de manera irónica, aguda y mordaz, sobre el amor, el sexo, el arte, la existencia de Dios y el sentido de la vida, veinte días antes de que Sigmund Freud se quite la vida.
El disfrute de la obra me inclinó a escribir esta Aproximación a S. Freud, artículo que publicaré en dos partes ( I y II ) y fechas diferentes debido a su dimensión.

En la Historia, hasta el presente, se han dado lo que podríamos calificar como tres grandes descentralizaciones del saber y el conocimiento: la astronómica de Copérnico, la de la evolución de las especies, de Darwin, y la de la psicología profunda de Sigmund Freud. Esta última nos ha aportado el nacimiento del Yo y de la conciencia de la Individualidad, un terreno desconocido que trata de que el hombre, levantándose frente al mundo de los deseos, ejerza un cierto control sobre su actividad. (El tiempo dirá si el resultado final de la revolución tecnológica sobre la información que actualmente vivimos se convertirá o no en una nueva descentralización).
Mantengamos en mente las dos tópicas principales elaboradas por S. Freud, dos elementos teóricos que han dominado una gran parte de nuestra comprensión del mundo durante el pasado siglo XX y lo que llevamos del actual: la referida al ello, el yo y el superyó y la segunda que nos habla del inconsciente, el preconsciente y el consciente. Son estas dos aproximaciones las que mejor ilustran la importancia del médico vienés en la historia de la humanidad. Para repasar algunos datos sobre su influencia hemos de valernos de la historia y de la ciencia antropológica, porque Freud no es solamente un hombre dueño de una vasta literatura científica sino que es en sí mismo, y al mismo tiempo, la referencia de un siglo y de casi todo lo ocurrido en él:
1. Una inicial muestra significativa de las raíces de su pensamiento es su vivencia del judaísmo y del catolicismo. Freud pasó durante su infancia por una época de identificación con el guerrero Aníbal y con la imponente figura de Moisés, dos personajes históricos que volverían a aparecer, curiosamente, en el tramo final de su vida.
El viejo Jacob Freud, comerciante de lanas, explica al pequeño Sigmund cómo habían mejorado las cosas respecto a sus años mozos al contarle que en una ocasión iba por la calle, bien vestido y con su sombrero nuevo, cuando un cristiano fue hacia él, le dio un manotazo al sombrero y le gritó ¡judío, baja de la acera! Y tú qué hiciste, le pregunta el hijo, “bajé a la calzada y recogí mi sombrero”, le contesta el padre; una actitud tan poco heroica que marcará al joven Freud durante mucho tiempo. Muchos años más tarde, en las vacaciones de 1901, el doctor Freud se topará con un grupo amenazante que se acerca a él profiriendo consignas antisemitas y Freud, convertido en Aníbal, arremete contra ellos esgrimiendo su bastón hasta que el grupo, atemorizado por su actitud, se dispersa.
“ Moisés, el hombre, y lo que yo quiero hacer de él, me persigue a todas partes”, escribe Freud en 1937. Y cuando contempla en Roma la colosal escultura de Miguel Ángel, dirá que en ella Moisés ha vencido la tentación, que en vez de estampar las Tablas de la Ley contra el suelo ante la infidelidad del pueblo, “permanece sentado y quieto en su ira helada y en su dolor mezclado con desprecio”. Miguel Ángel ha añadido algo nuevo y más que humano, “la expresión concreta de la hazaña mental más formidable de que un hombre sea capaz: vencer la propia pasión en nombre de una misión a la que se ha entregado”.
2. Un segundo elemento a destacar es el estudio que Sigmund Freud hace del Edipo Rey de Sófocles y su relación con el análisis de los deseos primitivos del ser humano. El universo de la tragedia antigua es un paisaje en el que el espectador se enfrenta con problemas morales, sociales y políticos, a los que el autor no puede darles una solución racional. Es ese aspecto lo que hace de obras como el Edipo Rey una creación inmortal. Edipo Rey, de Sófocles, es una tragedia que representa como ninguna otra la Dignidad del héroe. Incapaz de enfrentarse al fatal designio de los dioses, Edipo toma la única decisión que puede tomar: asumir su destino con dignidad elevándose incluso por encima de esos dioses vengativos y crueles que pueblan la religión y las leyendas del mundo clásico.
Aristóteles plantea en sus escritos que en la tragedia el espectador no solo se identifica con los personajes, sino que, al reconocer en su interior lo que ve en el escenario, lo supera en sí mismo, lo expía y se libera. “Pues las desgracias, cuando han superado todo límite, nos dan el sentido de lo sagrado. Parece que los dioses, cuando han aplastado totalmente a un hombre y le ven guardar su dignidad en medio del infortunio, sienten una especie de admiración”, escribe por su parte A.J.Festugiere en “La esencia de la tragedia griega”.
En el Edipo Rey se dan, (A) un proceso de identificación con las normas, (B)la compasión, entendida como sentir lo mismo que siente el otro,(C)el temor ante el castigo y (D), la catarsis de la purificación y la liberación de la culpa. (“Tu no tengas miedo a soñar con tu madre, porque infinidad de mortales han soñado que se acostaban con la suya”, dirá Yocasta a Edipo en el drama de Sófocles para calmar su culpabilidad). Ello abrirá la puerta al concepto freudiano de la superación del complejo de Edipo:Si toda persona, piensa Freud, pasa por una etapa en la que ha de reprimir los deseos edípicos y generar una superestructura en virtud de la cual las normas sociales le impedirán hacer lo que su inconsciente le empuja a realizar, es el Yo quien ha de elaborar una instancia que le defienda de los oscuros impulsos de culpabilidad generados por su inconsciente. Son esos deseos reprimidos que constituyen el inconsciente lo que constantemente emerge en el ser humano. El proceso clínico freudiano asume así que cuanto más intenso es el complejo de Edipo, más fuerte e intensa ha de ser la acción del Yo y de las normas, la base del Superyó.

(En la Segunda Parte de esta Aproximación a Sigmund Freud, trataremos un tercer punto acerca del pensamiento freudiano en relación con el mundo de los deseos, el Yo y la individualidad).

(Si usas este comentario, te ruego menciones la procedencia. Y si te ha gustado el contenido, pulsa abajo: Me gusta. Mil gracias)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s