ARTÍCULO: El debate entre la razón y la fe en el reino de las palabras

Viajemos al pasado.

Del siglo IV al XII, el modelo filosófico en el que se movía el mundo era el platónico. La doctrina cristiana se construía con los escritos de Platón, algunos textos primitivos cristianos y escasos fragmentos de la filosofía perdida hasta entonces de Aristóteles. Un poco más tarde el mundo accedió a las interpretaciones que hacían los filósofos árabes, (Averroes, Avicena, y otros) de los libros aristotélicos y los fundamentos culturales y antropológicos de la época se vieron alterados. Los encargados de sustentar el modelo ético religioso en Europa habían sido tradicionalmente los monjes benedictinos, pero en el siglo XIII aparecieron con extraordinaria pujanza las órdenes mendicantes, franciscanos y dominicos, predicando un revolucionario modo de entender el mundo: la pobreza. Es entonces cuando Tomás de Aquino, dominico, decide tender los puentes entre el modelo vigente hasta entonces y ese nuevo modo de vivir la vida basado en la filosofía cristiano aristotélica. Nace así la Escolástica.
Durante el siglo XIV cambia la imagen del mundo al paso con que se disuelve la cultura medieval dominante: aparecen las ciudades, se multiplican las Artes y progresa el intento de conectar la fe cristiana con las nuevas corrientes filosóficas. Y por encima de todo ello, crece y se agiganta como paisaje de fondo el problema real,las relaciones entre la Iglesia y los Estados. El Papa o el Rey, esa es la cuestión.
Es en esas circunstancias cuando aparece un fraile franciscano, Guillermo de Occam, que predica una doctrina enfrentada al orden cristiano-aristotélico que había dictado el monje dominico un siglo antes. No era un asunto menor, como lo demuestra el hecho de que aún hoy, pasados seis siglos, la doctrina de la iglesia católica sigue siendo, en gran parte, la misma que se predicaba entonces sobre multitud de aspectos. ¿Cuál era el verdadero pleito y la razón del debate que presentaba fray Guillermo?
_ Tomás de Aquino( siglo XIII) había escrito: la razón(el mundo civil) tiene su campo; la fe tiene el suyo propio. Y hay un pequeño espacio en el que solo manda la fe. La Iglesia, pues, a lo suyo,y el Estado a lo que le es propio; pero hay ciertos ámbitos en los que la Iglesia tiene derecho a intervenir en las cuestiones del Estado. O lo que era lo mismo: el Papa se hallaba a un lado, el Rey al otro y, cuando algo estaba en la frontera de ambos mundos, el que mandaba era el Papa.
_ Fray Guillermo de Occam (siglo XIV), sustentaba: La razón está en un lado y la fe en el otro. Cierto.La Iglesia aquí y el Estado allá. Vale. El Papa en su sitio, el Rey en el suyo propio. Y ambos poderes no tienen nada que ver. Donde se conoce por la Fe no debe intervenir la Razón. Porque solo hay un mundo, el que vemos y tocamos. ¿Y Dios?, ¿dónde queda Dios?, le preguntaban: de Dios no vamos a hablar porque es omnipotente, y quien todo lo puede forma parte de la Fe. Puesto que los conocimientos del hombre, el ámbito de la razón, provienen de dos acciones: ver el mundo en que vivimos, tocarlo, sentirlo, y ponerle nombre a las cosas que vemos y tocamos, ese ámbito del mundo no tiene nada que ver con la Fe. Poner nombres a las cosas y conocer con palabras, es cosa de la Razón.
La palabra rosa era la que utilizaban los tratadistas medievales para sus disquisiciones sobre el origen de las cosas a creer -Fe- y los conceptos- Razón. Y Guillermo de Occam defendía que rosa era solo un concepto y que pertenecía, por tanto al mundo de la razón. Si cuando la rosa se marchita, decía, solo queda su nombre, es evidente que es el nombre lo que nos lleva al concepto universal de qué es una rosa. La rosa se marchitará, la palabra rosa, no. Ya lo había escrito Boecio : “nada hay más fugaz que la forma exterior, que se marchita y se altera, como las flores del campo cuando llega el otoño”.
No resulta, pues, extraño que la institución de la iglesia y la omnipresente fuerza de la burocracia eclesial persiguieran con denuedo aquella nueva visión de la teología cristiana. Porque entonces, decían los más extremos, ¿en los conceptos no está Dios? Guillermo de Occam fue excomulgado y a punto estuvo de dar con sus huesos en la cárcel e incluso de morir acusado de herejía.

Y ahora sigamos en el reino de las palabras pero viajemos a nuestro tiempo más reciente:
Diciembre de 1980. Umberto Eco, catedrático, ensayista, literato, sabio especialista en semiótica y en filosofía medieval, publica en Italia su primera novela, El Nombre de la Rosa. Un monumento literario para quien gusta de leer historias tan bien documentadas que al terminar de disfrutarlas mejoran sus conocimientos a través de las palabras. Léanse a este respecto las primeras páginas del Prólogo del libro en las que el supuesto narrador, el monje Adso, refiere claramente el increible follón en que se hallaban envueltos en el final de Medievo los aspirantes a emperador, los reyezuelos de los ducados, predicadores y papas apócrifos y los estados pontificios.
Eco, padre literario de Fray Guillermo de Baskerville, franciscano, protagonista y trasunto literario de Fray Guillermo de Occam, pone en boca de Adso, el aprendiz de fraile: “ Así era mi maestro. No solo sabía leer en el gran libro de la naturaleza, sino que también en el modo en que los monjes leían los libros de la escritura, y pensaban a través de ellos”.
Refiere un Adso viejo al final de la novela de Umberto Eco:
“ Hace frío en el scriptorium y me duele el pulgar. Dejo este texto, no sé para quién, este texto que ya no sé de qué habla: Stat rosa prístina nomine, nomina nuda tenemus”.

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