ARTÍCULO: En la muerte de Lou Reed

Lou Reed nació en Brooklyn en 1942, hijo de un matrimonio conservador de clase media que muy pronto empezaría a alarmarse ante las acusadas tendencias bisexuales de su vástago. Se crió en Freeport, una pequeña ciudad de Rhode Island de la que, en palabras de Lou, “no hay más que un detalle positivo a destacar: la odias y sabes que antes o después tendrás que irte de ella”. Se iniciaba así el itinerario de una vida compleja en la que Lou Reed perdería la cordura varias veces, por diferentes motivos, para volver a recuperarla un tiempo después.
A los 17 años fue sometido a un tratamiento psiquiátrico con tres sesiones de electroshock por semana, la práctica más recomendada por entonces para curar la homosexualidad. “Soy un ejemplo perfecto- diría más adelante- de que esa clase de terapias no funcionan”. No sirvió para lograr el efecto buscado pero sí, en cambio, para que Lou Reed perdiera la memoria y pasara mucho tiempo como si fuera un vegetal. “Kill your sons”, una de sus canciones, aludiría más tarde amargamente a aquella situación.
Afortunadamente para él y para el universo rock, el cantante se recuperó de aquello y en 1961 empezó a estudiar Literatura en la Universidad de Syracusa, circunstancia que le llevaría a descubrir lo que el cantante declaraba como su verdadera vocación, la de escritor. Por entonces se aficionó al rock y a los rhythm blues, pero también al free jazz y a la música experimental. Quería fundir sus dos pasiones escribiendo la gran novela americana en un disco musical. Con esa misma actitud, fundó en 1964 el mítico grupo The Velvet Underground, en el que Reed asumía el papel de guitarrista, vocalista y letrista, junto a J. Cale y Sterling Morrison y con el apoyo expreso y la ayuda del gran artista Andy Warhol. Con la desaparición de esta banda, seis años más tarde, Lou Reed volvió a entrar, sin embargo, en uno más de los períodos erráticos de su vida: se tomó un año sabático, se dedicó a la pintura y hasta trabajó como mecanógrafo en una empresa de contabilidad de su padre. Decidido a inmolarse tanto física como profesionalmente, Reed aumentó su consumo de drogas y lanzó una serie de desastres comerciales que le mantuvieron en un círculo vicioso durante un tiempo. Intercaló, no obstante, algún nuevo disco en solitario y diversas colaboraciones, sin alcanzar en ningún caso el éxito comercial esperado. Son los años en que se agudiza su coqueteo con las drogas, un tiempo en el que las letras de sus canciones muestran, un precursor nuevamente, temáticas prohibidas hasta entonces en la música popular: amor entre drogadictos, el suicidio, el mundo de los chaperos o de los travestis, entre otros. Son los años del álbum Berlin y de algún éxito incipiente como Walk in the wild side o Perfect day. Sus letras tocaban temas de la literatura de Alan Ginsberg, Jean Genet o la nueva novela americana.
“Para alguien como yo, si no puedo escribir, nada tiene sentido. Escribir es mi todo, mi vida, y que de pronto te lo quiten…o ni siquiera eso, porque si alguien viene y te lo quita siempre puedes ir a recuperarlo, pero lo que me pasó a mí era peor, era la sensación de que se había evaporado a mi alrededor. No había nada, no quedaba nada. Y seis meses después, aún más, cero.”
“Magic and Loss”, un disco de esa época sobre la mortalidad, trata de los fantasmas y de las sombras que se proyectan sobre los vivos y refleja el dolor de Lou Reed por la pérdida de dos amigos en el mismo año, con once meses de distancia. “Dos de mis mejores amigos, de los más queridos. Además, la muerte es uno de los grandes temas para un escritor, hay que enfrentarse a él tarde o temprano y yo decidí hacerlo ahora”: Una mujer fallece lentamente en un sillón de color rojo con un neceser en la mano, una urna con cenizas se vierte descuidadamente y se esparce por un mar oscuro y negro como el carbón; o se celebra el funeral de un conocido que se habría partido de la risa en caso de haber podido estar entre los presentes en la ceremonia. “Para entender esa música- escribe Lou- hay que tener cierta experiencia, cierta madurez, hay que entender la vida.” “Ahora me conozco a mí mismo. Sé cómo trabajo. Sé que mi talento nunca me va a traicionar. He conseguido alcanzar un equilibrio en el talento, he hablado con esa parte de mí…O sería más exacto decir que esa parte de mí, la inspiración, el talento, me ha hablado de mí. La vida merece vivirse incluso si en ella hay dolor.”
Aficionado a vestir con cuero negro y a aprovechar la imaginería sadomasoquista en sus actuaciones, Reed se acerca a los años 80 con una música errante en la que alterna indudables éxitos con discos calificados de broma pesada por la industria musical comercial. Pero al principio de los años 80 deja las drogas, rehace su vida en serio y traza una lista de temas tabú que le servirá para constreñir cualquier conversación con la prensa a una única cuestión, su obra reciente. Graba entonces The Blue Mask, se casa con una diseñadora y edita durante una década una serie de éxitos en los que canta temas con una gran carga crítica contra los responsables políticos y personajes públicos del momento. Fue una época excepcional en una carrera errática y alejada casi siempre de las grandes promociones comerciales: en el año 2004 la remezcla de “Satellite of Love”, le colocará en una de las primeras posiciones en las listas inglesas.
Divorciado de su primera esposa, se volvió a casar en el año 2008 con la polifacética artista Laurie Anderson, quien permanecerá con él hasta el final de su vida, acompañándole en su búsqueda de nuevas vías para su creatividad. Como resultado de ello, en 2011 se une a la banda Metallica para grabar “Lulú”, un albúm de estudio inspirado en una obra de teatro sobre la vida real de una bailarina que fue víctima de agresión sexual.
A nadie puede caberle la menor duda de que fue un pequeño milagro que Lou Reed viviera hasta los setenta años; sus legendarios excesos, su relación con el “caballo” y las anfetaminas y las experiencias de su vida personal, han sido más y más grandes que las que la inmensa mayoría del género humano suelen experimentar a lo largo de su vida. Todo el mundo estaba al tanto de sus adicciones, su novia travesti, sus excentricidades y su alcoholismo. Se pasó la mayor parte de los sesenta y los setenta en un estado de aturdimiento químico y comprobando los límites a los que podía llegar su sistema nervioso.
En mayo de 2013 fue sometido a una operación de trasplante de hígado.
“¡Qué otoño tan maravilloso!(escribió su mujer durante la convalecencia). Todo reluciente y dorado y toda esa increíble suave luz. El agua rodeándonos. Lou y yo pasamos tiempo aquí. Este es nuestro hogar espiritual. La semana pasada le prometí a Lou que le sacaría del hospital y volveríamos a casa, a Springs. ¡Y lo conseguimos! Lou era un maestro de tai chi y pasó sus últimos días aquí feliz”
El 27 de octubre del mismo año falleció en Southampton (Nueva York).

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