ARTÍCULO: La dieta mediterránea ( El cuerpo y la alimentación).

AHORA QUE ESTAMOS EN ENERO Y LA FIESTAS YA HAN PASADO:

La antigua palabra griega diaita, de la que deriva dieta, significa estilo de vida equilibrada. Eso es, exactamente, la Dieta Mediterránea. Mucho más que una pauta nutricional, no es ya solo un alimento, sino una cultura viva y ampliamente compartida. Abraza a todos los pueblos de la cuenca mediterránea y ha sido transmitida de generación en generación desde hace muchos siglos. Está íntimamente vinculada al estilo de vida de los pueblos mediterráneos a lo largo de su historia.
Gracias a la general aceptación de las prácticas culinarias como una ciencia y un arte, una manifestación de sociabilidad y una filosofía de vida, nuestros chefs y cocineros, nuestras madres de familia, inventan recetas nuevas, modos de presentación, comunidad de sabores, maridajes, nombres nuevos y hallazgos que extienden el concepto más allá de las fronteras marcadas por nuestro mar común. La naturaleza de las riberas del mar Mediterráneo está ahí, es el gran proveedor, solo falta respetarla y saber extraer de ella las mil y una posibilidades que atesora.
En los años 50, los doctores Ancel y Margaret Keys de la School of Public Health de la Universidad de Minnesota (EE.UU.), comenzaron a observar la alimentación de las poblaciones limítrofes, y establecieron que los habitantes de los países bañados por el Mediterráneo presentaban una menor prevalencia de enfermedades cardiovasculares y enfermedades crónicas, y tenían una mayor esperanza de vida que otras poblaciones del resto del mundo, sobre todo en los países del norte de Europa y América.
Qué productos componen la base de la dieta mediterránea: los pescados y lácteos, la fruta, las hortalizas, los cereales, en primera fila. Después, en un segundo plano, vienen la miel y las aves. Más allá el vacuno, el cordero y el cerdo, con prudencia y respeto, por lo del colesterol.
El pan, la pasta, el queso, el vino y el aceite de oliva componen una primera fila, de sencillo consumo, poco hay que tratarlos, y fácil fabricación. Vienen directamente de la huerta y del campo, del mar, ríos y lagos o de la ubre de ovejas, cabras y vacas. Añádele las legumbres, el arroz, la berenjena o la alcachofa, tan diurética ella, los huevos, el tomate en sus diversas variedades, las patatas, los ajos y la cebolla, la insospechada variedad de hierbas aromáticas, los embutidos de cerdo, en pequeña proporción, lo procedente de la caza, y ya tenemos conformada la famosa dieta mediterránea, un logro que, como puede apreciarse, no consiste solo en tener los ingredientes, sino en una ancestral sabiduría al combinarlos. Con un criterio alimentario, pero también con el ánimo dietético, el cuidado médico y el afán artístico del modo de presentarlo.
Si un viajero del tiempo, del siglo XIX, sin necesidad de irnos más lejos, recalara en un país mediterráneo, no terminaría de entender cómo, donde en su tiempo los libros de recetas traían, como mucho, dos, tres , cuatro a lo sumo, modos de preparar unas sencillas almejas, un sabroso guiso de carne o una variedad de pescado, el amante de la buena comida halla hoy en día en la cocina familiar o en los actuales fogones de cualquier restaurante o casa de comidas, decenas de recetas de arroces, formas nuevas de pasta, preparaciones a cientos de tratar los pescados, los moluscos o los crustáceos.
Las costas mediterráneas, clima suave y afable, las aguas de nuestro mar, amigo benefactor y calmo, han favorecido la aparición de innumerables combinaciones de sus productos naturales. Los viajeros lo saben, los buenos turistas también, con los mismos ingredientes, italianos, franceses, griegos, turcos, albaneses, israelíes, jordanos, sirios, libios, eslovenos y croatas, tunecinos, árabes, libaneses, y, por supuesto, españoles, producen combinaciones tan singulares y sabrosas, que hasta la industria turística de todos esos países propone a sus visitantes el turismo gastronómico.
Podemos hacer la prueba: abrimos una mesa larga, sobreponemos un mantel y extendemos sobre ella varios guisos de arroz, potes y ollas de legumbres, fuentes con habichuelas, judías, berenjenas, calabacines, puerros, zanahorias, patatas en sus variedades, tomates y ensaladas varias, carnes de cordero y cerdo, cabra, conejo y de caza, aves , espetos de sardinas, asados de lubina, de xargo, de dorada, zarzuelas y parrilladas, dátiles de mar, pulpitos, salazones, calamares, cien variedades de quesos, y añadimos a nuestro gusto dulces turcos y magrebinos, bogavantes, centollas y gambas, naranjas, peras, higos, manzanas, melocotones, ciruelas, fresas, cerezas, frutos silvestres… La mesa se nos hace pequeña y aún quedan en nuestra lista cientos de maravillas. Si agregamos las especias, los complementos culinarios, ajo, cebolla y demás, vino, aceite y derivados, aparecerán a nuestros asombrados ojos miles de combinaciones sugestivas y sabrosas, ingeniosas, atractivas, escasamente dañinas y ricas para el paladar.
Y de pronto descubrimos la riqueza que poseemos, la cultura que heredamos, la huella que nos han dejado los anteriores siglos de la civilización a la que pertenecemos los países que compartimos nuestro mar Mediterráneo. Si sabemos por la ciencia médica que el abuso de un producto nos lleva a la enfermedad y que su combinación, en cambio, nos proporciona las defensas, las vitaminas y los refuerzos que nos proporcionan salud, lo inteligente, sensato, razonable y lógico es sacarle partido a esa dieta tan rica, tan plural y tan variada, que tenemos la fortuna de poder disfrutar. Algo debe de tener cuando la gastronomía mundial se ha acercado a ella con respeto y veneración.
La dieta mediterránea, en fin, cuenta con la vitola de ser de de las más ricas y completas del mundo, lo que nos debe llevar a su descubrimiento, de las más variadas, lo que nos conduce a no aburrirnos, y de las más sabrosas, lo que nos invita a festejarla.
Y ahora hazte un favor: Elige bien el momento, saca un pequeño platillo de la alacena y llénalo con olivas o un puñado de frutos secos, ponte una copa de vino y coloca en el tocadiscos Mediterráneo, de Joan Manuel Serrat…Fascinante, ¿no? Aprovéchalo para pensar en tu propia alimentación.

( Una última petición: Como en las estadísticas del gestor del sistema aparecen ese tipo de datos, te ruego que, si te ha gustado este post, lo marques en Me Gusta , que aparece abajo. Lo mismo te pediría, si no es mucha molestia, que marques los aparecidos anteriormente que más te hayan agradado).

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