ARTÍCULO: José Luis Sampedro, un referente moral

Descubrí tardíamente al escritor José Luis Sampedro. Mi inclinación a otras lecturas y el mucho tiempo dedicado a otros aires y otros vientos, imposibilitaron mi acercamiento a su labor. Había oído hablar de él en entrevistas y tertulias, sabía de su trabajo en la universidad y en diversos sectores de la economía, pero no me había enfrentado a ninguno de sus libros. Una grave omisión, entonces, de la que hoy día me arrepiento.
Un día leí El río que nos lleva, hace diez o doce años, cuando tomé la firme decisión de dedicar mi tiempo libre a escribir sin ninguna pretensión, cierto, por el puro y simple afán de disfrutar dejando sobre el papel las imágenes que llevaba dentro. Fue a partir de aquel momento, tras la lectura de ese libro, cuando me lancé a conocer a aquel escritor que tanto me había conmovido. Así llegaron a mis manos, era yo quien los buscaba, La vieja sirena, Monte Sinaí, La sonrisa etrusca, El amante lesbiano y Escribir es vivir, una especie de testamento-resumen de sus ideas en torno a la escritura y a otros aspectos de la vida, economía, política, ideologías, sociedad.
Tras toda esa producción aparece un ser pluridimensional, un hombre comprometido, un fino analista de la realidad de España, un experto difusor de su visión del capitalismo, más inclinado y acorde con la justicia social.
Extraigo un párrafo de sus escritos para que sean sus palabras las que definan con exactitud su pensamiento moral:
“La producción futura depende de lo que hoy decidamos hacer. Es fácil comprender que el futuro será distinto si hoy invertimos en parques temáticos que si invertimos en hospitales, universidades o investigación científica. Por eso es importante que el futuro no lo decidan las empresas con la lógica del beneficio, lucro y enriquecimiento rápido, sino las personas que, aunque no sean mejores que nosotros, no tienen más remedio que tener un poco en cuenta nuestras necesidades. Pese al desprestigio actual de los políticos, es mucho peor que mande el dinero”.
Su concepción de la economía y de los centros de poder, del comportamiento humano en relación con la moral, su defensa de una ética social que le llevaría a sumarse al movimiento en pro de la Indignación, no son más que unas pocas pinceladas para definir a un hombre vital, como la vida misma, humano, como la humanidad, humilde, como su mera presencia, y un referente moral y ético para tantas generaciones que le veían manifestarse desde su cátedra de la universidad. Hasta en tiempos recientes, cuando la juventud actual descubría a un viejo profesor de más de noventa años, que se sumaba a Hessel y también gritaba ¡Indignaos!
A Sampedro le aterraban los oropeles del éxito y el regodeo de la fama, lo que a tantos obnubila y de lo que algunos hacen oficio. A él le gustaba arriesgar, presentarse a cuerpo limpio, contar con palabras llanas verdades como puños:
“Hay culturas que tratan de iluminar, como algunos sectores de la cultura oriental- escribe Sampedro. ¿En qué consiste? En profundizar dentro de uno mismo. Escuchar al maestro, guardar silencio, meditar, esperar a ver qué ocurre. Otras culturas viven hacia afuera, con gestos apresurados y estrépitos exteriores, más pendientes de los resultados que del proceso de aprendizaje…”
Una vela, un quinqué dan luz, iluminan, ejemplifica a continuación, unos focos deslumbran, ciegan y dificultan la visión. “Pero vivimos en una sociedad y una época que trata de deslumbrar y no de iluminar”- Vivimos en una sociedad, añade, que es muy rica en ciencia y muy pobre en sabiduría.
Esa es la imagen que conservo de José Luis Sampedro, la de un hombre vitalista, coherente y apasionado por la vida, un escritor de lo humilde que logró brillar a gran altura, un sabio, en el mejor y más amplio sentido de ese vocablo, un ejemplo moral de ese pensamiento ético que tanta falta le hace a nuestro país en estos momentos, un trabajador sencillo que, por no querer figurar, procuró marcharse de este mundo sin dejarse manipular por la desinformación ni por los circos mediáticos. Un sabio en su estilo de vida. Un maestro.

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  1. Rosa Recio dice:

    Conocí hace muchos años a Jose Luis Sampedro. Por aquel entonces, yo era una universitaria que trabajaba y estudiaba. Y que además, coincidia a menudo con él en el autobus que me llevaba por las tardes a la universidad. Él, siempre tan cercano, se sentaba a mi lado y hablabamos de cualquier cosa, del tiempo, de alguna noticia que yo estuviera leyendo en el periodico, …. Yo habia leido uno de sus libros Ocubre, Octubre y sentia un gran respeto por aquel hombre que con toda la sencillez del mundo, era capaz de entablar conversación con cualquier estudiante que se sentara a su lado.
    Siempre fue y creo que será un de mis escritores favoritos, además de un sabio y una gran persona.

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