ARTÍCULO: Xíriga y Mansolea, dos argots, dos modos de hablar

Hay dos jergas en Asturias, que se resisten a morir. Dos argots, dos “lenguajes”, que durante años sirvieron a quienes los usaban para entenderse entre ellos sin que los demás se enteraran, para lanzar exabruptos sin ofender al oyente o para reforzar su autoestima con el mero hecho de saberse distintos a los demás. La xíriga y el mansolea, jerigonzas ambas de los tejeros, la una, de los zapateros, la otra, ocuparon varias décadas de los siglos XIX y XX, aunque estudios recientes rastrean su uso en algún siglo anterior.
Descendientes ambas jergas de una mezcla del bable, asturiano antiguo, el vasco y el gallego-portugués, aparecen, sin embargo, en ellas algunas leves raíces del catalán y hasta del francés. Y, como parece natural, entre estos dos argots se da una gran influencia, aunque solo fuera por la cercanía regional de quienes los utilizaban, como asimismo sucedía entre otras hablas gremiales que desgraciadamente han terminado por desaparecer.
Víctimas todos ellos del maquinismo y del progreso, los antiguos oficios de tejero (tamargo, dicen en Asturias)y mansolea(zapateros ambulantes de los de la media suela), tratan de permanecer, al menos, en el recuerdo cultural dado que como profesión no tienen ningún sentido en el mundo actual. Son los ayuntamientos, las Casas de Cultura locales, las asociaciones culturales y los historiadores y lingüistas, los que ponen en marcha cursillos, editan libros y artículos, conservan útiles y herramientas y hasta centros de producción. Aunque tales oficio se expandían por todo Asturias, e incluso fuera de la región, quienes hoy día quieran conocerlos de primera mano, tendrán que pasar, inevitablemente, por el Oriente asturiano. Llanes conserva los mayores rastros de la actividad y el habla de los emigrantes tejeros y Pimiango (Ribadedeva), de los zapateros ambulantes.
El precioso y coqueto Museo Etnográfico de Asturias ( sito en Porrúa, concejo de Llanes) guarda antiguas piezas de elaboración manual de los tejeros llaniscos y expone con sencillez la dureza y el sacrificio de su trabajo. Emigrantes desde febrero a octubre, año tras año, desde sus aldeas de origen( Meré, Caldueño, Vibaño, Villahormes, LLedias, El Valle y otros varios) a localidades de Castilla, de León, de Cantabria o del País Vasco, los tejeros pasaban varios meses, lejos de sus hogares, bajo un régimen de “muchu trabaju, mucha jambre y muchas moyaduras”. Una muy dura experiencia la de esas tamargas a las que muchos se veían obligados a emigrar, año tras año, para ganarse unos duros que complementaran el escaso ingreso que producía el ganado o las pequeñas parcelas de campo. A los diez o doce años emigraba el pinche, hasta los sesenta o más lo hacían el pileru, el tendedor, el cocedor o el maserista.
En la obligación de mantenerse firmes a los ojos del patrón, o de mostrar su cabreo ante las condiciones de vida, la exigua paga y el trato inmisericorde que recibían, está, probablemente, el nacimiento de la xíriga, una jerga exclusiva que les permitía expresarse libremente entre ellos o frente a él.
En cuanto al mansolea, aunque el esplendor del oficio zapatero dure desde el siglo XIX hasta la guerra civil, su nacimiento parece fecharse a mediados del siglo XVIII, cuando una galerna infernal hizo desaparecer las lanchas pescadoras de Pimiango con muchos de sus hombres dentro. Los que sobrevivieron a la catástrofe decidieron vivir en tierra, aprender un oficio y extender su trabajo por los concejos vecinos. “Los mansoleas- dice Eugenio Campandegui en un pequeño e insólito libro- salían a la costera en las primaveras por las provincias de Asturias,Cantabria, País Vasco, Palencia, Burgos y el norte de León, y deambulaban por ellas hasta bien entrado el otoño. Con sus jarpeos y el llaguitu(hatillo de la ropa y bolsa de herramientas), recorrían los pueblos pregonando: “Ya llegó el mansolea”.
Permitidme, para finalizar, que exponga una pequeña muestra de sus vocabularios:
“¿Visonteas como verbean los gorres? ( ¿Viste cómo hablan esos tíos?). Xíriga.
“Aldrape de nuestros aires que aparas en lleu village ambriciau, jidez para yutis…” (Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre…). Mansolea.
“ Zancañeru, apáralu un galozu xidu, que´l gorre zaspia ascode”. (Compañero, prepárale una buena cama, que este paisano paga bien). Xíriga.
“ Engantra al zarril, que chis ajita apurrara”. ( Abraza, al anciano, que pronto morirá). Mansolea.
Y también las traducciones de algunas palabras sueltas

EN CASTELLANO/ EN MANSOLEA/ EN XÍRIGA

Borracho/ Trobáu/ Orbito
Yo / Miaire/ Mi-aire
Madre / Aldrame/ Drama
Maldad / Gachería/ Gachez
Prostituta/ Araguía / Llumia
Matar, morir/ Apurrar / Apilfar
Padre / Aldrape / Drape
Pan / Oguitu / Ubiu

Un oficio, pues, y una lengua, una cultura ambulante, un modo de hablar y vivir, uno más de tantos ejemplos de la extraordinaria riqueza cultural de nuestro país, una muestra más que ilustra nuestra historia y nuestro pasado. Algo cuyo recuerdo y presencia merece la pena conservar, si no queremos caer en la necesidad de inventárnoslo o en la ingratitud de olvidar lo que fuimos, de dónde venimos y las raíces que nos hicieron como somos en la actualidad. Del hombre primitivo, de los pictogramas y los dibujos en las cuevas procedemos todos; la xíriga y el mansolea no son otra cosa, pues, que una parte más, por pequeña que sea, de nuestra historia común y de nuestra civilización.
(Si usas este artículo, se ruega menciones la procedencia).

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