ARTÍCULO: Acerca del plagio

Nada hay nuevo bajo el sol, advierte el Eclesiastés. Como escribía recientemente el periodista John Carlin en el dominical de El País, es más fácil plagiar hoy que nunca, y más fácil ser detectado también, ahí está Google para demostrarlo. Todos somos piratas de las ideas, recursos estilísticos, argumentos o hallazgos verbales de quienes nos precedieron. Pero hay algo positivo en ello: el resplandor de la originalidad que brota de la obra ajena estará siempre destinado, y no es su menor éxito, a ser aprendido, copiado y recreado en las obras de los demás. Nada de mala conciencia, por tanto, sino de agradecimiento; algo que está en nuestras manos y que siempre se podrá expresar, con sinceridad y elegancia, simplemente admitiéndolo.

Aquí de lo que se trata no es de copiar porque sí, sino de aprender de otros autores modos nuevos de expresar la acción, solucionar un problema que nos resulta insoluble o mejorar el pensamiento de nuestra obra, escrito o novela.

Al fin y al cabo, esa copia nos permite construir mejor nuestro propio material. La combinación certera de los elementos plagiados con los nuestros, empuja la innovación en materia literaria, consolida nuestro estilo y provoca el crecimiento y el avance de las formas de abordar la obra artística o la ficción.

La copia de un material histórico,la definición de algún personaje, las relaciones de unos caracteres con otros, solo piden al plagiario que los lleve más allá, que encuentre nuevos acordes en su caja de resonancia que le ayuden a aumentar las cotas de su creatividad.  Claro es, sin embargo, que la ética y la estética imponen una cierta medida. Y si no, que se lo digan al escritor Alfredo Bryce Echenique, plagiador tan notorio y desenfadado que lleva años deambulando por las salas de justicia bajo múltiples acusaciones de copia y plagio.

Se cuenta de Shakespeare que era un gran plagiador y que muchos de sus argumentos estaban plagiados de las crónicas y libros que circulaban a su alrededor. “Yo transformo el polvo en oro”, parece que decía el genial autor cuando le reprochaban sus plagios. Y es que no nos engañemos, lo difícil, lo original y más complicado para cualquier autor, es crear algo nuevo aunque sea a partir de elementos extraídos tanto de sus antecesores como de la tradición. Además, añade John Carlin, citando a André Gide: “Todo lo que necesitaba ser dicho ya se ha dicho, pero como nadie prestaba atención, todo debe ser dicho de nuevo”.

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