ARTÍCULO: El self, un concepto de la psicología y su aplicación en el trabajo

Todos nacemos con una compleja herencia encerrada en nuestra particular chispa vital, una estructura individual que nos lleva al crecimiento físico y psicológico, a configurar nuestra personalidad, a madurar y progresar en base a nuestras experiencias y a poner en juego nuestra relación con los demás. Se trata de una línea de desarrollo continuo que nos acompañará a lo largo y ancho de nuestra existencia. La psicología lo ha denominado el self, una totalidad cohesiva, integrada e integradora, que, sin embargo, admite fallas, intromisiones y errores, siempre que no superen un cierto muro de contención. El self es el corazón instintivo de la personalidad, el núcleo del yo auténtico; como tal lo llevamos a nuestra vida personal, al trabajo, a las relaciones familiares y a todo acto de comunicación con los demás.

La psicología aprecia que existe un self verdadero y un falso self; el primero se asocia con la experiencia de sentirse vivo, con el sentido de la integridad, de continuidad vital, de nuestra capacidad creadora y de nuestra autenticidad. El segundo es una estructura de defensa que asume el cuidado y la protección del individuo y que facilita la adaptación de la persona al medio protegiéndola de posibles amenazas y de su destrucción; es como una máscara tras la que nos escudamos para cumplir con las normas y adaptarnos a una realidad en la que no podemos actuar según nuestros criterios so pena de penalización. El falso self, en definitiva y por centrarlo en el ámbito concreto del que quiero hablar, es una herramienta muy útil en el campo laboral cuando la persona trabaja en una ambiente nada facilitador.

Una vez admitido que lo ideal sería que el ser humano pudiera mostrarse en el trabajo con las partes más nobles y humanas de su verdadero self, la psicología habla de dos tipos de falso self ante la realidad, el adaptativo que es controlado por la persona, sabe por qué lo usa y sabe que lo es, y el patológico, que termina por confundirla en su interior, creyendo al falso como si fuera el verdadero, suplantando al verdadero y actuando siempre con él. En este último caso, el falso self patológico  elimina las partes más auténticas del individuo, empobrece su personalidad y tiñe su existencia de sentimientos de irrealidad y de futilidad.

Cuando las necesidades del yo no se ven cubiertas en el entorno, cuando el autoritarismo,  el control  asfixiante y suspicaz , el alejamiento o  la exclusión, cuando la sumisión callada es el único agente a mano para salvarse de un mundo de exigencias contradictorias, de las muestras de abandono y de la omnipotencia de un jefe anclado  a ultranza a sus ideas y su poder, cuando, en definitiva, la realidad en la que la persona vive, actúa, trabaja o pertenece no deja hueco a la ilusión, es cuando el falso self adaptativo, controlado por la persona y siendo consciente de ello, le permite conservar intacta su autoestima y adaptarse inteligentemente a una realidad  ingrata sin caer en la desazón, el estrés, el desasosiego o el ataque incontrolado contra sí mismo o contra la situación. El falso self adaptativo se hace complaciente para reaccionar a las demandas del entorno, construye una relación para salir del paso ante  una realidad que de otro modo no puede abordar. El falso self adaptativo permite a la persona mantener incólume su identidad personal y su autoestima sin perder ni un ápice de su equilibrio, la prestación honrada de sus conocimientos y su profesionalidad. Por eso el falso self adaptativo se considera saludable, porque, aunque se corra el peligro de que su puesta en marcha confunda a quienes  no saben cuál es la personalidad real de la persona, ayuda a ésta adaptarse con plena conciencia a la realidad.

El individuo sano a pesar de las situaciones complicadas, del trabajo en un ambiente depresivo y falto de canales apropiados para manifestar libremente la propia creatividad, sabrá hallar otros ámbitos en los que poder expresar con libertad y sin presiones su verdadero self. De ahí la importancia del tiempo de ocio, de aprender a llenarlo, del deporte sano, las aficiones creativas, la familia, los buenos amigos e incluso del saludable aburrimiento, cuando uno permanece abierto al entorno con una escucha tan activa que le permite sentirse conectado, libre y apasionadamente, al mundo de los demás.

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