ARTÍCULO: Las Palabras y el Tiempo

En estos días se cumple un año de la publicación de mi primera novela, El Telar del Tiempo.Para celebrarlo he querido escribir unas palabras sobre uno de los elementos que constituyen su trasfondo. Me refiero al Tiempo. No solo aparece en el título sino que forma parte de la visión sobre la felicidad que el escritor coloca sobre la protagonista del libro: LA FELICIDAD CONSISTE EN ESTAR CONFORME CON EL ESPACIO QUE OCUPAMOS, EL TIEMPO DE QUE DISPONEMOS Y LAS PERSONAS DE QUE DISFRUTAMOS A NUESTRO ALREDEDOR.

¿Qué es, pues, el tiempo?, dice San Agustín, ¿quién podrá explicarlo fácil y brevemente?, ¿quién podrá comprenderlo con el pensamiento para poder hablar luego de él? ¡No obstante, qué cosa más familiar y conocida es!

Es por ello que cada cultura ha tenido una concepción del tiempo que explicara a los coetáneos la esencia de lo temporal:

  • Los egipcios tenían un calendario, certificaban las horas y los días, usaban el concepto de instante, y medían los veinticuatro intervalos horarios del día con relojes de sol y con un recipiente con agua que llamaban clepsidra.
  • Para la mentalidad hindú, más allá de lo cambiante,  más allá de las edades y las civilizaciones, había algo permanente que era el verdadero ser; lo cambiante estaba sometido al paso del tiempo, pero lo imperecedero, el ser interior en el hombre, estaba anclado en un mundo eterno o más bien atemporal.
  • Para los griegos el tiempo era una constante en sus disquisiciones filosóficas. Si Platón separaba el tiempo como flujo de la eterna inmovilidad, Heráclito lo aliaba con la angustia de no poderlo retener o Aristóteles separaba el otium (tiempo libre), del neg-otium(tiempo de ocupación), distribuyendo la vida entre ambas orillas a fin de que el hombre pudiera hacer un uso equilibrado del tiempo.
  • Los romanos dividían también el tiempo en «ocio» y «negocio». El tiempo era la materia con la que se tejía la plasmación del ser interior. Tener tiempo no era tan sólo disponer de él para la holganza, sino disponerlo equilibradamente para la propia formación.
  • La doctrina cristiana, en fin, al apoyarse en el aristotelismo relacionando el tiempo con un movimiento que tendría un final, ligó la noción del tiempo a la concepción del fin del mundo y, por ende, a la de la muerte en esta  vida y a la eternidad.

Para Newton el tiempo era una realidad en sí misma. Para Kant una representación necesaria de la experiencia, para Hegel era el ser, un espíritu que se despliega. Para S. Freud algo que solo tiene sentido si existe una Narración. Un eterno retorno, para Nietzsche. Para el historiador,  la memoria reactualizada. Para el político  algo que tiene que manejar.

Sea la clepsidra de Cronos, la minúscula arenilla del reloj de va y viene o el pequeñuelo átomo que avanza inaccesible por el paseo de nuestra vida, la concepción del Tiempo ha importado siempre al hombre desde su propio nacimiento, porque solo hay una verdad: que los hombres nos esforzamos por llenar el tiempo, o por matarlo también, pero es el tiempo el que al final termina con todos nosotros. El tiempo devora al hombre, es una de las pocas verdades que ha sustentado toda civilización.

Hay un tiempo mítico, un tiempo atemporal apreciado por las religiones con el nombre de eternidad. Hay un tiempo lineal y un tiempo cíclico, un itinerario vital, un tiempo que se repite una y otra vez (las estaciones, p.ej), el tiempo de la vida, con un principio y un fin. Hay un tiempo de cambio, del deterioro y del desgaste, del transcurrir, de la sucesión de las cosas y de los acontecimientos.Hay un tiempo del ritmo, la música, la poesía, el corazón, las fases, las etapas…Hay un tiempo social: citas, agendas, la urgencia, aperturas, cierres, duración, calendarios, antes, después, ahora, esperar, ayer, hoy mañana…

El Tiempo fija el pasado, y aparecen la nostalgia, los recuerdos, las memorias y la ausencia. El Tiempo ocupa el presente, el telón de fondo de cada momento, la necesidad de llenarlo de significados, el aburrimiento vacío o el aburrimiento saludable(que diría W. Benjamin), lleno de imaginación, creatividad y pensamientos. El Tiempo crea el futuro, las ilusiones y expectativas, los deseos, el ansia de eternidad, la esperanza, los augurios, la infinitud, que no se acaba nunca y que hay algo más allá.

Este autor lo tiene claro, lo saben quienes han leído mi libro: el Tiempo es el telar en el que se desenvuelve la Vida.

Y cierro estas reflexiones con una antigua leyenda oriental sobre el tiempo más enigmático de todos, el tiempo del sueño: Lao Tsé soñó una vez que era una mariposa y, al despertar, no sabía si era Lao Tsé que había soñado ser mariposa, o una mariposa que había soñado ser Lao Tsé.

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Y ahora, recordando el pasado ( Mayo de 2012, mes de la publicación de El Telar del Tiempo), celebro el presente (Mayo, 2013) y me dispongo  a pensar en el futuro, en la reflexión que escribiré, espero y deseo, en Mayo de 2014.

(Si utilizas este contenido, te ruego menciones la procedencia).

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