ARTÍCULO: La literatura rosa, hoy ( y II).

( CONTINUACION).

No ha cambiado el mensaje, ha cambiado el modo de acercarse a él. Y lo que resulta cierto, antes y ahora, es que tanto esas series como la novela rosa de siempre, la novela sentimental, se dirigen de modo preferente al público femenino. Primero fueron las señoritas chic, las de la alta burguesía, el último reducto de un romanticismo trasnochado, las principales usuarias de ese tipo de lecturas. Unos años más tarde, tras las dos guerras mundiales y nuestra guerra civil, se generalizó su consumo. Eran los tiempos de los grandes autores del género, Carmen de Icaza, Concha Linares, entre otros, pero también hubo escritores de reconocido renombre que no dudaron en beber en las fuentes del sentimentalismo para crear argumentos llenos de emocionalidad, Ahí están Rosalía de Castro, Gabriel Miró, Concha Espina, entre otros, o, más recientemente, Gonzalo Torrente Ballester, para ilustrar esta afirmación. La especial psicología de los tiempos difíciles infunde en el ser humano el deseo de emigrar a esos mundos novelescos en los que las truculencias pasionales, los vicios y perversiones, el engaño y la decepción, se convierten en manos de los autores en útiles herramientas para fidelizar al lector.

Las novelas rosa pertenecen al género del folletín, un tipo de literatura de antigua raigambre en España en el que el protagonista principal es el amor. Como ejemplo paradigmático podemos echar un vistazo a las novelas y folletines cuyo telón de fondo era la llamada trama nupcial,  un recurso temático de la literatura romántica del siglo XIX que se centraba en una serie de personajes cuyo objetivo último era llegar a
unirse en matrimonio. Importaban menos las tribulaciones de los personajes, los obstáculos aparecidos en la trama hasta llegar al casorio, y más las dudas mantenidas hasta las últimas páginas en las que , por fin, se desvelaba quien se casaba y con quién.
Un tipo de literatura en el que el compromiso del lector es claro: no me creo nada de lo escrito, pero me encanta conocer esos amores prohibidos, vivirlos con los personajes, el lujo, la pasión, los celos…Me sacan de mis problemas diarios y del aburrimiento. Un género muy importante en la historia editorial de nuestro país, cuando durante varias décadas, y excepto los más cercanos a la intelectualidad, los hombres leían las novelas-folletín de vaqueros y cowboys, los chicos tebeos, y las mujeres, adultas o adolescentes, mataban sus ratos de ocio entre las páginas de aquellas novelitas rosa de salida semanal o quincenal.

Claro es que el mundo intelectual, el lector experto, el aficionado al hecho cultural, han menospreciado tradicionalmente la moralina religiosa, el mundo galante y las gotas de pseudoerotismo que destila la novela sentimental. Nada diferente de las acerbas críticas que hoy en día se repiten sobre el papel adormecedor de las conciencias que tiene la televisión o su falta de escrúpulos al poner en antena, con todo lujo de detalles (eróticos, pasionales, truculentos, lujosos o criminales), espacios que nutren la programación de las cadenas a través de tertulias, series de ficción y programas informativos preparados ad hoc. Sin embargo, cuando uno se asoma a los más de 3000 títulos publicados a lo largo de su vida por Corín Tellado, nuestra indiscutible reina de la novela rosa y sentimental, cuando se dice de ella que es “la autora española más universal”, solo por detrás de Cervantes, es fácil concluir que un hecho tal  coloca a la novela de amor en un lugar que merecería, al menos, un acercamiento sereno y desprejuiciado a las razones de su éxito editorial. Quizá así, tratando de entenderlo mejor y no tanto de criticarlo, se podrían extraer valiosas conclusiones que poder aplicar al decaído momento de la lectura en nuestro país. Algún día habrá que estudiar la deuda contraída por los folletines televisivos con el género de la novela rosa, tan despreciada habitualmente por todo el que gusta de tildarse a sí mismo de   intelectual.

(SI USAS ESTE CONTENIDO, SE RUEGA MENCIONES LA PROCEDENCIA).

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