ARTÍCULO: La literatura rosa, hoy ( I ).

Toma el metro cualquier día laborable, preferiblemente en la mañana, observa a los viajeros, fíjate en lo que hacen y llegarás conmigo a la misma conclusión: las mujeres leen más que los hombres. Es un hecho obvio y un dato estadístico fácilmente comprobable. Sean libros, revistas, e-books o cualquier otro instrumento tecnológico, cada día hay más gente que aprovecha de esa manera los intermedios y las pausas de su actividad habitual. La creciente falta de tiempo de ocio, por un lado, y el exceso de tareas u obligaciones, por otro, hacen de los trayectos en medios de locomoción y de los tiempos de espera, un sucedáneo oportuno para la lectura. Y eso no es de desdeñar en un país en el que se lee poco, en general.

Somos un caso extraño: en el tercer país del mundo donde más títulos se publican al cabo del año-  88.349 en 2012- el número de lectores es significativamente menor que en los países de nuestro entorno. Y eso que las casas editoriales y los organismos públicos relacionados con el libro, han ido afinando los niveles de lectura en base a criterios variados, edad, nivel cultural, ocupación, estrato social. La literatura, en fin, va aprendiendo a adaptarse a ese tipo de argumentos. Novelas de género, cómics, libros de autoayuda, de ciencia –ficción,  ensayos, novela negra, poesía, literatura de viajes, libros infantiles, juveniles, para mayores, novela erótica, libros de cine, de deportes, cuentos, biografías y autobiografías, de la naturaleza, de expediciones varias, folletines, son algunos de los nichos editoriales que se han ido perfilando en pos y en busca de los yacimientos de lectores que existen en la sociedad.

Lejos quedan los años 1840 – 1860, cuando  se produce en España el auge de las novelas por entregas, publicaciones periódicas que fidelizaban al lector a base de suministrarle paso a paso novelones tremebundos llenos de peripecias heroicas con abundantes toques de sensualidad.  Lejos queda también aquel tiempo oscuro (desde la dictadura de Primo de Rivera hasta el final del franquismo, con la sola excepción de los años de la República) en el que los folletines rosa eran vehículo adecuado para vivir otras vidas, galantes y pasionales, que no estaban al alcance de la mayoría de la población. Lo cierto es que   en el ser humano, debemos aceptarlo así, anida una especie de fascinación por todo lo sentimental. Los amores imposibles, las pasiones desgarradoras, los celos, el amor y el lujo, siguen siendo en nuestros días fuente de lágrimas, de identificación con los protagonistas y de suspiros de felicidad. Y si no, ¿a qué se debe el éxito arrollador de tantas series de color rosa de la televisión?

Merece también destacarse en el hábito lector, el papel que han jugado las revistas periódicas (Blanco y Negro, 1891, a la cabeza) en el mantenimiento de una fidelidad lectora hacia las novelas rosa por entregas.  Herederas de los folletines del siglo XIX, las revistas acercaban con su cadencia habitual no solo el progreso de unas historias que mantenían en vilo al público durante largos períodos de tiempo, sino también el único medio de que una gran masa de lectores se acercara a la tinta impresa con verdadero afán. Digamos que la cuota de lectura de aquellos folletines rosa por entregas que aparecían en las revistas, no distaba demasiado de las cuotas de pantalla que mantienen en la actualidad la Pasión de Gavilanes o Amar en tiempos revueltos, por citar solo algunas de las de mayor seguimiento. En medio queda el papel de los seriales de radio, antecedente y puente de unión entre las novelas de papel y las pantallas de la televisión.

(Continuará)

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