ARTÍCULO: El cambio, la renovación, el re-nacimiento.

Hay momentos en la vida en que nos encontramos  en la encrucijada, tiempos, épocas, en las que la vida nos exige un cambio, un camino alternativo, una renovación. El ser humano vive, hoy día, setenta, ochenta años, por término medio en nuestro mundo occidental, un tiempo suficiente para vernos incursos en algún difícil proceso, en un ciclo complicado o en alguna de esas situaciones que parecen noquearnos sin posibilidad alguna de volvernos a levantar. Hablo de la injusta pérdida de un ser querido que nos cambia la vida, de la quiebra de nuestra economía, de un divorcio traumático o, pura y simplemente, del paso a la jubilación.

La naturaleza nos ofrece, en situaciones similares, fascinantes ejemplos de superación. Hoy traigo a colocación uno de ellos, el del águila imperial.

Dueña de una hermosa estampa, de un vuelo majestuoso y de un puesto prevaleciente en la escala animal, la emperadora de las nubes puede llegar a vivir sesenta o más años, pero cerca de los cuarenta crecen sus dificultades, incluso para volar. Y se trata de elegir: o pasar por un período de cambio y transformación o ir perdiendo facultades con rapidez vertiginosa y morir. Entonces abandona los cielos, se recluye en su guarida al amparo de los vientos y durante unos cuantos meses se dedica a un proceso de penosa reconstrucción. Primero se golpea el pico hasta hacerlo desaparecer. Aguarda a que nazca de nuevo y se arranca las uñas,  a la espera del tiempo en que le vuelvan a crecer. Renacidos pico y uñas, destronca con ellos las plumas de sus alas, soportando el dolor, y cuando estas recrecen se asoma al vacío, abandona el nido y de nuevo se echa a volar.

Maravillosa metáfora que nos invita a reflexionar.

Vivimos tiempos confusos, un período de cambios, crisis y conflictos, que acordona nuestras vidas sin aparente solución. ¿Qué puedo hacer yo- nos preguntamos- más allá de esperar? ¿Qué hay del viejo refrán que reza renovarse o morir?

Cuando nos enfrentamos a un obstáculo imposible, cuando no hallamos recursos en nuestra imaginación, cuando decrece nuestra confianza en nuestra propia capacidad para cambiar el curso de los acontecimientos, cuando creemos haber hecho en la vida todo cuanto la vida nos ha dejado hacer,  por qué no prestarnos a la renovación, por qué aferrarnos a los caminos trillados, a las viejas creencias; por qué no retirarnos a pensar con sosiego en nuestras capacidades, sopesar alternativas, buscar nuestros puntos fuertes, valorar el sufrimiento de una transformación y compararlo con el dolor que nos produce la insoportable situación…Por qué no arriesgarnos. Por qué no cambiar.

Los años, las costumbres, el apego a las rutinas, nuestro propio temor, nuestros intereses… Se merecen, al menos, una ponderada, evaluadora y sosegada reflexión. Cuando la vida nos coloca en una encrucijada, cuando nos invita a abandonarnos, a ceder ante la dificultad, cuando los caminos habituales son solo un placebo, pero no la solución, por qué no ampliar nuestra mirada, desprendernos de nuestras adormecedoras rutinas y arriesgarnos lo suficiente para renovarnos, vivir como deseamos y, de algún modo, renacer.

( Si haces uso de este contenido, te ruego menciones la procedencia).

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