ARTÍCULO: Mundo interior/mundo exterior

Quien capta bien las cosas, quien es capaz de analizar el mundo que le rodea, choca en ocasiones con los actos y proclamas de una masa informe que trata de cambiar el paso de las cosas a golpe de gritos o  de quejas cargadas  de soluciones mágicas, de idealizaciones infantiles  y de victimismos; la autonomía de pensamiento de que goza una persona así, le permite calibrar las incertidumbres y carencias y le defiende del recurso fácil de caer en la inconsciencia colectiva que los grupos humanos suelen presentar.

Un ejemplo claro, tristemente actual, de esta apreciación, lo ofrecen los diferentes comportamientos  ante el alto número de parados que sufrimos hoy.

La persona que, queriendo hacerlo, no puede trabajar llega a veces a verse afectado por algún tipo de neurosis singular: ver el mundo de forma distorsionada, actuar sin reflexión o sentirse desbordado por algún tipo de falta de límites, lo que le lleva a una actuación irregular. Quien  no gasta la energía en un trabajo y no disfruta de la alternancia trabajo/descanso, consume toda su potencia en defenderse del estrés que le produce su angustiosa situación. Entonces busca protección para canalizar de alguna manera lo que siente dentro de sí, desde las fórmulas más legítimas e inocuas, pasotismo, protesta, reivindicación, las más inquietantes, autodestrucción, bebida, drogas, hasta las más extremas, intimidación, robos, secuestro, timos o engaños. Un paso más allá quedan las primitivas soluciones tribales que convierten a las masas en turbas exaltadas o en populacho vengador.

Esperar que vean el futuro con optimismo quienes se hallan en lucha contra las dificultades y contra la ansiedad, que mantengan la ilusión o se unan a quienes proponen una visión esperanzadora que siempre aparece más allá, es una especie de deseo imposible que solamente consolará a quienes no padecen ese estado de cosas o a aquellos otros cuya tarea social es soportar dentro de sí cualquier proceso de ansiedad general (políticos, directivos, educadores y padres y otros integrantes de la familia en general).

Lo que sí conviene, en todo caso, es identificar con realismo a quienes tratan de aprovechar el deterioro reinante para medrar, acusar o atacar a los más débiles, a los tipos  especializados en destacar el lado negativo de las cosas  y a los que solo saben  echar leña seca al fuego de la intranquilidad social.

En tiempos como los actuales de caos y confusión, cuando las consultas médicopsicológicas se llenan de pacientes con dificultades para aceptar la frustración reinante  y  para reprimir sus impulsivas respuestas a la situación,  las personas con autonomía de pensamiento canalizan con mesura la realidad, uno, observan las huellas que quedan en su mundo interior tras todo tipo de acontecimientos, dos, y tres, actúan en consecuencia tratando de echar una mano reparadora sobre cualquier difícil situación.

Retirarnos por momentos  conscientemente del mundo exterior consiste en saber darnos tiempo, tener paciencia, tolerar el fracaso, ser capaz de concentrarnos, adaptarnos a los cambios y reparar en lo posible lo que se dice, resulta fallido o se hizo mal. Parece una buena vía para mantener la esperanza en el futuro e identificar y aprovechar cuanto antes las soluciones que puedan venir de ese mundo exterior.

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