ARTÍCULO: La juventud hoy.

Vivimos una época en la que no creemos en nada. Lo que se cree importa poco a una sociedad indolente y pasiva que suele pasar de puntillas sobre la realidad. Observemos, si no, a esa juventud obediente y acrítica, rebeldes de cartón piedra, okupas, raperos de calle, tribus, indignados,  que no son otra cosa que una moda y un espectáculo  dentro de una sociedad que sabe sacar partido de su rebeldía aparente. Sometidos al mercado, sin embargo, terminan por ser tragados inexorablemente por la política o la sociedad.  Causa alarma la visión de tantos jóvenes de hoy, pendientes, solamente, de obtener satisfacciones totales e inmediatas, en todo momento,¡ ya!, jóvenes sin solidez alguna que, frágiles y narcisistas, se hunden si se les critica, caen en la dependencia y la pasividad si se les ayuda o se deprimen y angustian si se pasa de ellos y no se les tiene en cuenta en la conformación de la realidad.

Imágenes descarnadas, canciones cada vez más burdas, santificación de comportamientos extremos y sofisticados, sexo compulsivo y barato, músicas que lo dicen todo como medio para contener y no hacer nada, el dios Mercado come de todo, la sociedad no progresa y admite la situación sin inmutarse.  Porque muchos jóvenes actuales, faltos, la mayoría de las veces, de ilusión y de generosidad, se sumen y diluyen en una masa consumista, ovejuna e incapaz de discernir. A la búsqueda del menor esfuerzo posible, de la profesión más ventajosa y rentable, muchos de ellos ven su edad como un pasaporte a la impunidad  o al infierno de unos antros, modernas catedrales, en las que ofician una serie de profesiones convertidas en gurús: el marquismo y las modas, reino del gusto efímero en las costumbres y en el vestir, las cremas y los potingues, cuando no otras sustancias, las operaciones estéticas o el exceso en el cuidado del cuerpo, con las que se trata de retrasar los estragos del paso del tiempo u ocultar la pérdida de lozanía y de juventud.

A todo ello viene a unirse la cada vez más lenta llegada al período de la vejez, lo que también contribuye a diluir  la época juvenil. Vivimos obligados a ser jóvenes siempre, contra la naturaleza, y a retrasar el ciclo vital. La juventud es hoy día más efímera porque cada vez se prolonga más la vida. Los cambios de alimentación, de costumbres y  de mentalidad se llevan por delante la idea tradicional de la juventud. La vida no termina a los 40 o los 50; se es joven hasta la tumba porque dejar de serlo es morir.

Llama la atención, por tanto, la estupidez general que muestran en este asunto los medios de comunicación, revistas, televisión, publicidad y radios; la repetida estulticia de los personajes juveniles, la inflación de gestos y expresiones tópicas, el erotismo mezquino y las expresiones “graciosas” de la falta de límites, son las fuentes de la ficción en las que beben y trasiegan muchos jóvenes como huida hacia la nada. La problemática de esos jóvenes queda en manos de adultos que viven en otro mundo, pero que son expertos, el dios Mercado lo manda, en manipular a los demás.

Retratar a la juventud actual con talento y respeto, descifrar y comprender toda su complejidad, eliminar de su entorno tantos bulos, tanto ídolo prefabricado y tantos mitos sin base real,  queda al alcance de muy pocos y ofrece poca rentabilidad. Es más fácil la dejación. Por eso nos preguntamos dónde están quienes con ideas claras, con sólidos fundamentos y capacidad de decisión, pueden contribuir a frenar esta deriva.

Afirmar la existencia de mejores horizontes, desvelar las burdas prácticas, demostrar los perjuicios, sugerir otras vías, señalar nuevos caminos, es responsabilidad de todos, pero en especial de los políticos, los medios de comunicación, los educadores y las personas responsables de cada entorno familiar. Por sus decisiones pasan la mayoría de las opciones que se le presentan a la juventud actual.

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