ARTÍCULO: La bicicleta, un aprendizaje para la vida

Las bicicletas son para el verano, anunciaba el título de la hermosa película de F. Fernán Gómez, una afirmación que, con ser cierta, no responde a toda la realidad. Las bicicletas, bien mirado, sirven para toda la vida y se usan todo el año. Pedalear en bicicleta durante más de diez años de modo continuado y salir varias veces por semana a hacer kilómetros,  me da razones para sostener con fundamento lo que acabo de afirmar. Al fin y al cabo, suscribo lo que alguien escribió: la bici no es solo una máquina, es una buena herramienta, una buena metáfora, para entender mejor la vida.

La bicicleta tiene tres “aires”, paseo, carrera y sprint, como los tiene el caballo, paso, trote y galope, o los movimientos musicales de una bella sinfonía, andante, allegro y presto o vivace. Por supuesto que existen movimientos intermedios, casi siempre mezcla de los mencionados, todo depende, pienso, del  cúmulo de factores que influyan en nuestra decisión: velocidad, urgencias, capacidad del corredor, el estado del camino, ir a solas o ir en grupo, crearse retos uno mismo y/o competir con los demás, habilidad de manejo, calidad de la bicicleta, objetivo del corredor,  el tiempo climatológico, el tiempo del que se dispone, el día que uno tiene- en el cuerpo, en el ánimo-la belleza del paisaje, el conocimiento de la ruta…

Hagamos un ejercicio. Tomemos un lápiz y una hoja en blanco y escribamos en una columna todas las características del uso de la bicicleta que acabo de enunciar; desplacemos luego el lápiz a la derecha y pongamos en letras mayúsculas APRENDIZAJE PARA LA VIDA. Ahora escribamos bajo ese titular la palabra símil de nuestro particular modo de vivir que se acerca más a cada uno de los elementos que escribimos antes en la columna de la izquierda.

¿Sorprendido(a)? :   Vivir deprisa  o slow, el cuidado de nuestro estado físico, la situación y el entorno en los que nos movemos, individualista o de equipo, la ambición de ir más allá, competir por un lugar, un podio, una posición, sabernos manejar con nuestros propios medios, herramientas de las que disponemos, adónde queremos ir/llegar, los plazos que nos constriñen, nuestras fuerzas, nuestro ánimo, la estética de la situación, la repetición o no de lo ya vivido.Y es que, en mi opinión, usamos la bicicleta como nos conducimos en la vida…y viceversa.

Dejo aparte, para otro día, cómo usamos las motos y los coches y cómo es la interacción entre los medios que utilizamos para nuestra movilidad (bicis, motos, coches, trenes, caballerías, autobuses, taxis, nuestros pies…)

Cuando el ánimo está bajo, cuando las cosas están oscuras, el trabajo se complica o nos ataca la depre porque no nos vemos capaces de seguir intentándolo, montas en la bicicleta, sales a dar una vuelta, pedaleas un buen rato y vuelves fortalecido para volver a batallar.

Dicen, y yo lo creo, que quien mueve las piernas mueve el corazón; pero quiero ir algo más allá: en la bici, como en la vida, para que el corazón se mueva conviene pedalear.

( Si utilizas este comentario, te ruego menciones la procedencia).

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