ARTÍCULO: Todo está en las palabras (V y último)

Última entrega de las palabras que iluminan, a mi entender, la tarea de escribir.

Libertad. Es, probablemente, el valor más importante para cualquier escritor. Libertad para pensar, para descubrir o imaginar, para explorar historias, pensamientos y vidas, para crear personajes y relaciones entre ellos, para navegar entre las emociones y el espacio mental. La ausencia de libertad interior, tan conectada por otra parte con la creatividad, es lo que explica, en buena parte, el discurso farragoso, el lenguaje enrevesado y la falta de naturalidad.

Creatividad. Vista a veces como algo exótico, la creatividad es, sin embargo, la esencia misma del trabajo del escritor. Es una tendencia universal, patrimonio de todo ser, pero que en lo literario exige un talento especial. No existe un acto creador, sino un proceso en el que nuestro mundo interior se estructura con lentitud. Es por esa razón que crear le resulta tan complicado a quien lleva una existencia rígida, carente de libertad y de introspección,  a quien no es capaz de estar a solas con sus personajes o a quien no sabe estar aparte y en soledad. 

Ética. Las palabras nos ayudan a dar a luz nuestros propios sentimientos y nuestro modo de pensar. El escritor ha de ser suficientemente crítico para tolerar lo claro y lo oscuro dentro de sí, sus cambios de carácter o los vaivenes de sus ideas o de su personalidad. No llegar a alcanzar las metas que una vez nos fijamos o el reconocimiento que se busca con afán, no debería transformarnos en seres desdichados, criticones envidiosos o pintores negativos de la realidad. Mantener a toda costa nuestro equilibrio interior, nuestros principios y valores, no solo es sostener la propia ética, sino que no ayuda a impedir que escribamos a tontas y a locas, cuando no a merced de lo que no podemos comprender.

Integración. Ahí están las ideas, aquí las palabras, algo más allá las frases, allí aparecen los conceptos y los significados, aún más lejos están los símbolos que nos permiten referir la acción a la experiencia común. Sin embargo, para sacar a la luz una escena o un personaje, un texto complejo y largo o una situación novedosa, no basta con el ímpetu generador; es la capacidad integradora del escritor lo que le ayudará a crear elementos literarios atractivos , tramas sugerentes  y personajes únicos y llenos de personalidad.

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