ARTICULO: La generación que construyó nuestro país.

( Adaptado e insertado con autorización de Manuel Gª Bermejo, autor del original).

      Recuerdo que, hace años, un brillante empresario que había viajado a China para hacer negocios, me comentaba: ” “China va a ser imparable. Cuando llegas allí el ambiente te recuerda a los años 70 de nuestro país. Todo el mundo trabaja mucho, quiere ahorrar, comprarse un coche y una casa y que sus hijos vayan a la universidad. Cuando una generación piensa así, no hay quien la pare”.

    Tales palabras me hacen reflexionar.

    No tengo ninguna duda de que una de las principales causas de la época de prosperidad que hemos vivido en los pasados años, fue la actitud de la generación de nuestros padres; tampoco dudo ya, a estas alturas, de que una de las principales causas de nuestra crisis actual es haber perdido esa actitud. Cuando analizas lo que sucede en una sociedad, debes buscar las causas que provocaron su situación, porque solo trabajando sobre ellas se podrán cambiar sus efectos y consecuencias.

  Nuestros padres siempre fueron un ejemplo de trabajo y austeridad, honradez, previsión y generosidad. Pertenecen a una generación a la que, al decir de mi padre, le tocó el peor cambio: de jóvenes trabajaban para sus padres y de mayores lo hicieron para sus hijos. Veían el trabajo como una oportunidad, compraban las cosas cuando buenamente podían y del nivel que su economía se lo podía permitir. No pedían prestado más que por estricta necesidad, pagaban sus facturas con celo y ahorraban un poco, “por lo que pudiera pasar”.Sabían que el esfuerzo traería su recompensa y que la honradez formaba parte del patrimonio familiar. Se podía ser pobre, pero jamás dejar de ser honrado. Tan sensatos, prudentes y trabajadores fueron que levantaron casi todas las empresas que hoy conocemos y que nos dan trabajo a la mayoría de nosotros.

   Pero cometieron los dos peores errores que se le pueden imputar a esa generación:

   “Que mis hijos no tengan que trabajar tanto como a mí me tocó”. (Así nos cargamos de un plumazo la cultura del esfuerzo y del mérito; convertimos el trabajo en algo a evitar).

  “Como tenemos unos ahorrillos, hijo, tu gasta, que para eso están tus padres”. (Con lo que empezamos a pensar que el dinero nacía en sus cuentas corrientes y que los bancos eran fuentes inagotables de hipotecas y préstamos).

   Después nos llegó la democracia, libertad y otras posibilidades de seguir viviendo en respeto y armonía. Y además irrumpió Europa en nuestras vidas, llovían las mega-infraestructuras y las mega-comisiones, repartían subvenciones y nos daban fortunas por plantar más viñas para, dos años después, darnos otra más por volverlas a arrancar.

   Y entonces eclosionó nuestra generación, la de finales de los años sesenta, la de los nuevos ricos, del gasto continuo y de los pelotazos, de la especulación y la ingeniería financiera, la de lo quiero todo y lo quiero ya. En Alemania no daban abasto a fabricar Mercedes, Audis, bemeuves y grandes berlinas para nosotros. Y todos nos volvimos ricos(en apariencia) y pasamos del Don Simón al Vega Sicilia sin fase de descompresión. Todo ello, por supuesto, a golpe de docenas de miles de euros, que para ser un enterao de lo que de verdad es el lujo, hay que pasar por taquilla. ¡ Y es que pocas cosas cuestan tanto como tratar de ocultar la ignorancia!.

  De la siguiente generación mejor no hablar, es de la que dice el viejo aforismo castellano: “¿Quiénes son los pobres?, los nietos de los ricos”.

  Nos hundiremos solitos si somos incapaces de volver a los valores con los que se logra construir una sociedad sostenible. Eso sí, lo haremos como nos gusta, cargados de reproches y de reivindicaciones.   

  En nuestras casas siempre hemos tenido un ejemplo vivo de cordura, honradez y esfuerzo. Y nuestros padres no han sido menos felices que nosotros. Los psiquiatras, de hecho, dicen que lo han sido más. Por eso quiero dar las gracias desde aquí a mis padres, a toda esa generación que nos regaló un país en crecimiento que entre todos, aplaudiendo la locura, nos hemos encargado de arruinar; con que nos descuidemos un poquito más, le vamos a dejar a nuestros hijos un protectorado americano, alemán o chino, en el que serán esclavos endeudados que contarán legendarias historias sobre la prosperidad que crearonlos abuelos, empeñaron sus padres y que ellos, entonces, no podrán imaginar.

  Estamos aún a tiempo de cambiar el signo, pero cada vez nos queda menos. Solo hay una receta: En nuestras propias casas tenemos cerca a los maestros.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. David dice:

    Una reflexión muy sensata, y con la que estoy completamente de acuerdo. Algo “ha pasado” para que los jóvenes crean que todo les está garantizado, que el esfuerzo es para los pobres y que el respeto a los mayores, que han abierto con sangre, sudor y lágrimas, la senda que ellos recorren ahora, ya no es necesario.
    Hace un tiempo leí un relato en el que en el campo, un señor vio cómo una mariposa trataba, con un esfuerzo sobrehumano (o sobremariposil) abrir su capullo y salir al mundo. El señor, apiadado, cortó con el cuchillo un poco de capullo para facilitar el alumbramiento a este mundo. Sin embargo, la mariposa cayó al suelo donde poco después murió. ¿Cuál sería el motivo? Se preguntaba el hombre. Poco después descubrió que ese esfuerzo, que esa salida por el estrecho agujero hacía que las alas se secaran y circularan cierto fluidos, que las fortalecía y permitían que pudieran ser útiles. El hombre, con su buena voluntad, por evitarle el esfuerzo, la condenó a muerte.
    Es absolutamente necesario un fortalecimiento de valores, una recuperación de los respetos, y un nuevo culto y admiración al que se esfuerza, al que sabe, y no al que tiene. En una situación crítica, antes preferiría estar junto a un gitano en un poblado chavolista que junto a un “buen hombre de mucho dinero”. El que está abajo, sólo tiene un camino.

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  2. Muchas gracias por tu amable comentario, David. Creo que das en el clavo. Qué le ha ocurrido a nuestro país para que, tras tanta Educación Cívica o para la Ciudadanía, tras tanto nivel de vida y aparente progreso social, la llegada de la escasez nos ha revelado indefensos ante la cruda realidad.
    Hay un hermoso libro de Victoria Camps ( Virtudes Públicas, Espasa Calpe, 1990) con excelentes ejemplos de la lamentable deriva de nuestra sociedad. Transcribo alguno de sus párrafos:
    ” Parece existir una relación proporcional entre la mayor abundancia y riqueza de una sociedad y el menor grado de solidaridad de sus miembros”.
    ” Enseñar civismo es enseñar ética, materia que no se enseña con los mismos métodos….la mejor manera de enseñar ética o civismo es a partir del ejemplo”.
    ” La educación para inculcar actitudes éticas tiene que ir contracorriente; tiene que luchar contra una sociedad que fomenta la vida cómoda y fácil, el placer inmediato, que valora, por encima de todo, el poder del dinero y el éxito personal a cualquier precio. La clase de personas que se forma
    espontáneamente en nuestra sociedad desarrollada no es el ciudadano sino el consumista”.

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