REFLEXION. El alcance de las palabras.

  Al escribir nos convertimos en lo que pensamos  la mayor parte de las veces. Después, tras el pensamiento, llegan las emociones, y tras ellas los sentimientos. Luego, a continuación, aparecen nuestros comportamientos, nuestros actos y nuestras reacciones.

  El producto de todo ello vive en nuestro interior, pero lo llevamos afuera, al ambiente que nos rodea, a la familia, a nuestro trabajo, a nuestra relación con los demás. Es de esa manera como las personas que tratamos, los libros que leemos, la calidad física y emocional de cuanto vemos, oímos o disfrutamos, moldean nuestra actitud vital, el estilo de nuestra escritura y nuestra íntima relación con el acto de escribir.

 Por eso hemos de elegir muy bien las palabras que utilizamos; tras ellas y tras sus combinaciones, las frases y párrafos, aparecen los conceptos, símbolos y pensamientos. Cuando escribimos revelamos porciones de nuestra mente y de nuestra visión personal del mundo. Nos amoldamos a lo que nos rodea e influimos, a menudo sin saberlo, en el amoldamiento de los demás.

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