ARTÍCULO: El cuerpo y la alimentación (I).

AHORA QUE ESTAMOS EN ENERO…

Cada vez somos más altos, más esbeltos, vivimos más tiempo y nuestro cuerpo está mejor formado. La estadística lo prueba: a finales del siglo XIX, a principios del XX, la esperanza de vida de los españoles arrojaba una media de 48 años. Hoy andamos por los 76 , en el caso de los hombres, y algo más de los 80 en el de las mujeres. A mediados del siglo pasado abundaban los bajitos, proliferaban los tullidos, el raquitismo y una amplia serie de enfermedades congénitas. Los números también evidenciaban una correlación lamentable entre la estatura de la gente y las desigualdades sociales. Los cánones de la belleza, la amplitud de formas, las turgencias femeninas, la robustez de los hombres, incluso los  michelines, tenían mucho que ver con la idea preconcebida de que las personas gozaban de una buena alimentación. El miedo a pasar hambre causaba estragos; de donde se venía, necesidad, pobreza y desnutrición, tenía mucho que ver con la idea enfermiza de que comiendo hasta hartarse se alcanzaba antes la salud. El puchero, las grasas, los derivados del pan, el exceso de condimentación, la ingesta de líquidos y licor, eran el mejor remedio para calmar la ansiedad. Las comidas pantagruélicas, síntoma de felicidad.

La sensación de hambre obedece a un complejo mecanismo, fisiológico y mental, regulado por varios factores, la energía que consumimos, la calidad de los alimentos, la cantidad que comemos, el tiempo que transcurre entre ingestas, el tipo de alimentación, nuestros ritmos corporales, la sumisión a los estímulos alimenticios y nuestras propias rutinas en el modo de comer. Ante la sustitución del miedo al hambre de las pasadas décadas por el temor a excedernos que nos domina hoy, se impone socialmente la falta de un modelo equilibrado en nuestro modo de alimentarnos. Un buen ejemplo de ello es, a mi entender, la absurda paradoja de aparecer en televisión anuncios favorecedores de un consumo indiscriminado  en programas didácticos dedicados a la salud.

¿Qué ha sucedido, entretanto, con los ritos de la alimentación?

El régimen de desayuno, comida y cena ( merienda para los niños y tentempié para la persona mayor), ha sido sustituido por una ola creciente de actos variados: piscolabis y aperitivos, para el contacto social, gigantescas comidas (bodas, banquetes, francachelas, celebraciones, comidas de empresa, despedidas), las colas en los fast food, las comidas preparadas, el picoteo a deshoras y otras sutilezas más. Contra las recomendaciones médicas, cinco ingestas al día, alimentación variada, proporciones adecuadas al peso y la situación, se ha instalado en la sociedad una cultura alimentaria cuyos efectos reales están aún por descubrir.

Claro que hay otras corrientes más orientadas a la salud, que desde la esfera médica, el mundo de los deportes, el culto a la belleza o la pasión por la dietética, nos llegan hoy día otro tipo de recomendaciones, pero también es cierto, como aparecerá próximamente en la segunda parte de este post, que a menudo nos llevan a la desconfianza cuando no a la contradicción.

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